Ajedrez con Maestros

Ajedrez y cultura

Metáforas políticas con eje en el ajedrez. Joseph Nye: El poder del mundo como tablero tridimensional

former Dean of the Harvard's Kennedy School of Government, is pictured in his Lexington home. He is featured in the Experience series in the Harvard Gazette. Stephanie Mitchell/Harvard Staff Photographer

Ajedrez y cultura

Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

El ajedrez tiene un innegable valor metafórico. Y es de amplio espectro. Así lo ha sido desde siempre. En su surgimiento, se lo vio como el mejor reflejo de una batalla o guerra y, más ampliamente, dentro de la misma lógica, como una parábola de la lucha por el poder. En una mirada más profunda, en aquellos tiempos fundacionales se le reconocían también, sus alcances cosmogónicos, vinculando al juego con el sentido de la trascendencia.

En la Edad Media, cuando surgió su versión definitiva, y se difundió ampliamente, fue considerado una perfecta parábola de la sociedad feudal que regía en Europa. Asimismo, su vínculo con los mensajes de tono moral y metafísico (los que pueden sintetizarse en la lucha del bien contra el mal) es proverbial.

También ha tenido, con el curso del tiempo, una significativa gravitación sintonizándolo con los vínculos amorosos dentro del tablero, y como una adecuada excusa para los encuentros entre personas que se amaban o seducían, fuera de él. En una mirada psicológica es considerado, entre otras posibilidades, como epítome de la complementariedad de lo diverso, en una confrontación que se da sólo en apariencia ya que en el juego los extremos quedan inextricablemente unidos.

El ajedrez, entonces, es metáfora de muchos aspectos de la vida. Extremando el concepto, alguna vez se ha asegurado que el ajedrez es propiamente la vida.

Desde luego que, en la comentada posibilidad de ver al juego en tanto lid por el poder, su vínculo al campo de la política es ciertamente obvio. En ese sentido, un escenario geopolítico reciente y esencial, el de la Guerra Fría, mostró en su tiempo cómo las naciones más poderosas del mundo, la por entonces URSS y los EE. UU., utilizaron incluso al milenario juego como paradigma de una reyerta ideológica que se verificaba a gran escala.

El enfrentamiento de 1972 en Reikiavic, la capital de Islandia, entre el entonces campeón mundial, el soviético Boris Spaski (nacido en 1937) y el norteamericano Robert Bobby Fischer (1943-2008), no sólo fue visto como una lucha por la supremacía ajedrecística sino, más sugestivamente, en su calidad de escenario agonal en el cual se puso en discusión un conflicto global de cara a evidenciar la preeminencia de modelos e ideologías que estaban en pugna.

En tiempos más recientes, evidenciando que el ajedrez siempre puede ser un elemento alegórico desde el punto de vista político, aún en tiempos de relativa mayor paz, advertimos que Joseph Samuel Nye, Jr. (nacido en 1937), supo plantear la idea de que el poder mundial puede ser visto como un ajedrez de carácter tridimensional.

Ese reconocido académico e intelectual norteamericano, junto a su compatriota Robert Keohane (nacido en 1941), fue el autor de la teoría del neoliberalismo de las relaciones internacionales, publicando ambos el libro Poder e Interdependencia de 1977, que ha sido y es un importante punto de referencia para los análisis teóricos, donde se acuñan los conceptos de interdependencia asimétrica y compleja, en el contexto de presentar un modelo ideal de la política mundial.

Nye ejerció de profesor de la prestigiosa Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, institución en la que se doctoró en Ciencias Políticas para, desde 1964, pasar a ser Director del Centro de Asuntos Internacionales y, posteriormente, Decano Asociado de las Artes y las Ciencias.

Es considerado uno de los eruditos más influyentes en la política exterior estadounidense. Es militante del Partido Demócrata, habiendo ocupado diversos cargos públicos: Diputado de la Subsecretaría de Estado de Asistencia para la Seguridad, Ciencia y Tecnología; Presidente del Consejo de Seguridad Nacional del Grupo de No Proliferación de Armas Nucleares; Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia y  Secretario Adjunto de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional en la Administración Clinton.

En The Future of Power, uno de sus tantos libros (tiene muchos otros, entre ellos: Comprender los conflictos internacionales; The Powers to Lead; El poder del juego: Una novela de Washington; El poder blando: Los medios para el éxito en la política mundial; La paradoja del poder americano),  presenta la idea de poder inteligente (smart power), al que se considera una combinación de poder duro (hard power) y de poder blando (soft power): aquel es el que se deriva de la fuerza de la coerción y de la recompensa, mientras que este alude a la persuasión y la atracción. Gracias al cual un Estado puede influir por la fuerza de la cultura y de la ideología.

Para un país que. como es evidente. siempre ha querido ejercer el poder mundial, entendido como “la capacidad de afectar a otros para obtener lo que se desea”, analiza que hay tres formas de lograrlo: con amenazas de

Coerción, o “palos”; con pagos o “zanahorias” o, como este teórico postula, tratando de atraer a otros y persuadirlos para que “quieran lo que quieres”, un ejercicio al que denomina “poder blando”. De esa manera, implícitamente, se ahorra en palos y zanahorias.

El autor advierte fenómenos muy conocidos: la privatización de la guerra; la aparición de nuevos actores, particularmente los no gubernamentales; la disponibilidad de información y tecnología derribando las barreras de las distancias; el poder de las comunicaciones; el resurgimiento de Asia. En la era de la información en la que vivimos, es aún más importante ganar contando una buena historia que usando armas como en tiempos previos.

Nye centraliza su análisis en el poderío creciente de China y en la posibilidad de que se verifique un declive de los EE. UU. lo que en principio descree y refuta. En ese contexto presenta la idea que nos interesa: la de la existencia de un poder mundial en el siglo XXI que puede ser visualizado como un ajedrez tridimensional en el que se da la existencia de:

  • Un tablero superior de relaciones militares entre las naciones, en el que se ubica a los Estados Unidos de América como la única superpotencia ya que es el único país que puede proyectar poder militar a nivel mundial (claro, eso lo dijo en tiempos en los que Donald Trump no había replegado a esa Nación en sí misma…)
  • Un tablero del medio, el de relaciones económicas entre los estados, en donde se advierte que el mundo es multipolar: hay muchos poderes, por ejemplo aquí Europa puede actuar como entidad (y podría en esa evaluación ser aún más grande que la economía estadounidense, en tiempos en los que el Brexit aún no ha dado sus resultados); y también aparecen China, Japón y otros a los que no se identifica (¿India?; ¿Rusia, a la que curiosamente ahora no se menciona?).
  • Un tablero inferior (no en relevancia, sino en la posición espacial imaginada por Nye suponemos), el de las relaciones transnacionales, donde se ubican cosas que cruzan la frontera que queda fuera del control de los gobiernos: movimientos financieros; terrorismo internacional; carteles criminales; cyber-terrorismo; efectos del cambio climático; pandemias…

En este último rubro, y en tiempos en que el mundo se debate en los efectos de una nueva versión de coronavirus que tiene en vilo a la Humanidad, el autor asegura que nadie está a cargo, que el poder está caóticamente distribuido; que no hay ni unipolaridad, como en el primer tablero, ni multipolaridad, como en el intermedio, por lo que la única respuesta posible es organizar la cooperación intergubernamental basándonos en los principios del poder blando para crear redes e instituciones para afrontar esta clase de problemáticas.

En una alocución sobre el punto Nye plantea sus temores si no actuamos de ese modo. Y sus palabras adquieren gran vigencia en las presentes circunstancias. Al respecto ese académico advirtió:

A menos que hagamos frente a esa situación, tendremos problemas. U, otra forma de plantearlo en pocas palabras: estás jugando un juego de ajedrez tridimensional y te enfocas en solo un tablero, digamos el del poder militar. A la larga, vas a perder. Vamos a tener que ampliar nuestro discurso público: nuestra forma de pensar sobre el poder: entender que sí, el poder militar sigue siendo importante, pero no es la única forma de poder, y las estrategias de poder inteligente nos enseñan a combinar el poder militar y el poder blando en diferentes circunstancias, para obtener estrategias exitosas”.[1]

[1] Fuente: The Future of Power, conferencia dictada ante el Los Angeles World Affairs Council el 28 de marzo de 2011 por el Dr. Joseph Nye, en https://www.lawac.org/speech-archive/pdf/1596.pdf.

En un momento en que estamos jugando todos en el planeta una compleja partida, no necesariamente se aprecia liderazgo internacional y señales amplias de cooperación entre las naciones. En algunos casos, pareciera que la respuesta a la pandemia, a la que se la enfrenta como si de una guerra se tratara, y cuyo mayor o menor grado de éxito solo se podrá evaluar con la perspectiva del paso del tiempo, está siendo encarada más bien desde una perspectiva estrictamente nacional.

Es aún tiempo de los líderes políticos de advertir, en toda su dimensión, la complejidad de factores concurrentes que, al menos en la perspectiva de Nye, se puede modelizar como si de un ajedrez tridimensional se tratase. Si ello ocurre, nuestro juego hará una contribución adicional a una situación que preocupa a una Humanidad que, frente a un virus sobre el que no existen aún respuestas médicas en términos de tratamiento y de prevención, debe hallar las mejores estrategias, esas que derivan de un poder inteligente, en el que no hay salvaciones nacionales sino respuestas globales en una delicada partida que está actualmente jugando la Humanidad toda.

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 


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