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Estrellas del ajedrez Semblanza y análisis desde la perspectiva de la Astrología: Paul Charles Morphy

Paul Morphy

Por Silvia Méndez y Sergio Negri

Sergio Ernesto Negri
Sergio Ernesto Negri

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina.

El más ínfimo peón de la partida entre Murphy y sus estrellas realiza su insignificante movimiento: pone en marcha una maniobra y se le barre del tablero. Puede concebirse que Austin Ticklepenny sirva todavía para el rompecabezas de un niño o las palabras cruzadas de un crítico literario, pero para el ajedrez ha pasado su día. No se da partida de revancha entre un hombre y sus astros

(Samuel Beckett, Murphy, 1938)

Apuntes biográficos sobre Paul Charles Morphy (por Sergio Negri)

El jugador de ajedrez más genial del siglo XIX fue, sin dudas, el norteamericano Paul Charles Morphy (1837-1884). Y, sin embargo, lo suyo fue una ráfaga, apenas un par de años en los que se dedicará al juego, un tiempo en el que vencerá claramente a todos los jugadores de la época que lo enfrentaron, primero en su país y, más tarde, en una Europa que se rendiría incondicionalmente al poder de su genio.

Morphy nació en Nueva Orleans, el principal puerto del río Mississippi, urbe multicultural que dio a buena parte de los músicos más famosos del jazz, donde se celebra el clásico Festival Mardi Gras. En su tiempo, fue un centro del comercio de esclavos que provenían de África en lo que mucho tuvo que ver el hecho de ser un enclave algodonero. Un hecho dramático puso en el radar a esta ciudad hace poco tiempo: en el 2005 fue devastada por el huracán Katrina, con su conocida secuela de muerte y destrucción.

Su padre era de origen español (el abuelo paterno era de Madrid) y, por la fecha en que ocurrió, si bien nació en suelo que luego será norteamericano, por lo pronto tendrá la nacionalidad española, ya que por entonces era territorio de ese país. Su madre era de origen francés siendo reconocida como eximia pianista.

Por lo visto, sangre latina, además de la irlandesa que venía por vía paterna, corría por las venas de un niño que se crío en una familia económicamente acomodada. Además, había otros mandatos: el amor por la música de su progenitora (alguna vez podrá recrear íntegramente una ópera que se estrenó en París, apelando para ello a su prodigiosa memoria); el amor por las leyes de parte de su progenitor (será abogado como este).

Paul será el tercero de los cuatro hijos: la hermana mayor era 6 años y medio más grande; le seguía un hermano de algo más de 2 años y medio de diferencia respecto del futuro ajedrecista y, por último, tuvo otra hermana menor en 2 años y un cuarto.

Habría que recordar, y ese entorno del futuro ajedrecista es una evidencia, que esa ciudad era un crisol de culturas. Fue fundada en 1718 como colonia francesa, mas tuvo un buen tiempo de dominación española (entre 1766 y 1801), hasta que volvió a manos galas. Finalmente Napoleón Bonaparte (1769-1821) cedió  en venta a los EE. UU. los territorios más amplios a los que esa urbe pertenecía, integrándose a partir del 30 de abril de 1812 a la Nación en el marco del estado de Luisiana.

Es interesante recordar que los primeros exploradores de la región, en el lejano 1528, fueron Álvar Nuñez Cabeza de Vaca (1490-1559) y Hernando de Soto (1500-1542). Este, más tarde, ya instalado en lo que por entonces aún era el imperio inca, será quien introducirá a Atahualpa (c. 1497-1533) en las reglas del ajedrez convirtiéndose el soberano, muy probablemente, en el primer ajedrecista nacido en continente americano. O sea que de Soto, de alguna manera, es el factor eficiente que establece una línea imaginaria en el tiempo y en el espacio, mediada por el ajedrez, entre Atahualpa y Morphy.

El padre de este fue un destacado abogado, legislador e integrante de la Corte Suprema del Estado de Luisiana. Le gustaba el ajedrez, que practicaba con su hermano (un buen aficionado de la época). Lo cierto es que se cree que el niño aprenderá a jugarlo más bien por la fuerza de la observación, habiendo casi inmediatamente de vencer al padre, como puede derivarse de la lectura de estos versos:

To teach the young Paul chess, / His leisure he´d employ; / Until, at last, the old man / Was beaten by the boy.”

El tío paterno, Ernest, era considerado el mejor ajedrecista de la ciudad, pero será rápidamente superado por su sobrino (incluso este lo vencerá sin ver el tablero), Más adelante será quien más lo impulse a seguir esa senda, mientras que su progenitor no habría seguido ese camino, ya que veía a la actividad como algo muy  menor, en una consideración que habrá de transmitir a su vástago, a quien alguna vez le dijo:

“Un caballero de buena familia sólo juega ajedrez por diversión y recibir dinero por mover unas cuantas piezas es indigno y propio de un tahúr”.

A los 12 años, en prueba de su talento temprano, vencerá en el mes de agosto de 1850 al fuerte jugador húngaro Johann Löwenthal (1810-1876) en un match a tres partidas, con 2 victorias del niño y un empate.

Retratos de Paul Morphy en https://en.chessbase.com/post/50-games-paul-morphy-simple-powerful-strong

Durante los siguientes años Morphy, conforme algunos análisis que pusieron el foco en su compleja personalidad, se pudo haber refugiado en el ajedrez en forma de práctica con intensidad, alejándose por un lado de las relaciones sociales (fundamentalmente las vinculadas a expresiones sexuales tan típicas de la adolescencia) mientras que, por el otro, le pudo haber servido de escudo protector de cierto estado de psicosis aún en cierne.

En ese sentido se ha explicado que, en años próximos, cuando su éxito en el ajedrez le planteará que ya dejará de ser una actividad lúdica que lo amparaba, para potencialmente convertirse en una profesión más exigente, ese muro defensivo que habría de construir con el juego, se derrumabaria, con sus inevitables consecuencias.

Por lo pronto, se dedicó a sus estudios, graduándose en el Spring Hill College de Mobile, estado de Alabama, en 1854, una institución católica de perfil jesuita, donde se quedará otro año estudiando matemáticas y filosofía.

Estudió derecho en la Universidad de Luisiana, una entidad por entonces pública que, tras la Guerra de Secesión, se transformará en un ente privado y laico, tomando el nombre de  Tulane. Allí Morphy se habrá de recibir prontamente: se decía que, durante sus estudios, memorizó el Código Civil del estado, demostrando una capacidad innata que, evidentemente, le fueron también muy útiles para el ajedrez; y también para la música, de la que será un entusiasta aficionado en su carácter de espectador, y para los idiomas, habiendo aprendido a los 20 años cuatro lenguas que hablaba fluidamente.

Justamente, el hecho de que se graduara antes de cumplir la edad exigida para ejercer la profesión (que era de 21 años), le dio la posibilidad de dedicarse en un hiato de casi dos años al ajedrez, en espera de poder comenzar la actividad laboral.

Con 20 años se consagra campeón de los EE. UU., al triunfar en el denominado First American Chess Congress que se realizó entre el 6 de octubre y el 10 de noviembre de 1857, bajo la modalidad de matches por eliminación, en la ciudad de Nueva York, en los que participaron 16 ajedrecistas de todo el país. En principio no iba a asistir, pero terminó por aceptar la invitación a instancias de su tío.

En la instancia final, a la que accede tras fácilmente desembarazarse de sus rivales en etapas previas, confronta con el reconocido jugador alemán Ludwig (Louis) Paulsen (1833-1891), quien pudo participar ya que la competencia era para residentes y no sólo para nativos, imponiéndose tras 5 triunfos, 2 tablas y 1 derrota.

De ese modo Morphy se convierte en el segundo campeón norteamericano de la historia. El primero se había consagrado en 1845, Charles Henry Stanley (1819-1901), un residente que era inglés de nacimiento.

Avalado por este gran triunfo, se genera un desafío para que el inglés Howard Staunton (1810-1874), la mayor figura de ese país, y un virtual campeón del mundo en la pasada década del 40, fuera a los EE. UU. para enfrentarse. Como este no acepta, y simétricamente propone que en todo caso el encuentro se haga en Europa, Morphy rumbeará para el Viejo Continente.

En Londres se lo recibe primero con algo de expectación, ya que no se sabía con certeza la capacidad de su juego. Pero con el tiempo, con sus triunfos y sus sesiones de exhibición que resultaron tan impactantes como extraordinarias (sobre todo simultáneas a ciegas), se lo verá casi como si de un fenómeno se tratase.

Su principal objeto era por supuesto confrontar con Staunton, el mejor referente local, y uno de los mejores del mundo de ese tiempo, aunque había de alguna manera defraudado la consideración de ser el mejor de Europa, que había ostentado en los 40, al no poder triunfar en el Torneo que en 1851 se organizó en la ciudad de Londres.

La entidad que lo recibe al norteamericano es el St. George´s Chess Club, del que Staunton era miembro. Pero este se las ingeniará para no aceptar el convite, una y otra vez, oscilando desde una primera etapa en la que parecía  subestimarlo para, más tarde, evidenciar implícitamente el temor a una derrota al apreciar el poderío de su rival. Pero por supuesto las excusas dadas fueron otras.

En una primera misiva, el inglés pidió tiempo para prepararse. Pero luego habrá  un intercambio epistolar en un sentido y en otro (que era puntualmente recogido en los diarios de la época, por ejemplo en el illustrated London News, en el cual Staunton era editor de la columna sobre ajedrez), incluyendo algunas cartas anónimas de terceros (amigos de cada parte), al cabo del cual, lejos de aclararse todo, las cosas se irían enredando más y más.

La discusión pasó del estancamiento al fracaso. Hubo problemas con las condiciones económicas (compatriotas de Morphy aseguraron una suma para ponerla en juego en la ocasión, que pasó de 1.000 a 500 libras esterlinas), con la probable oportunidad y sede del encuentro para, en definitiva, decantar en cuestiones que comenzaron a rozar asuntos personales. Staunton dijo que Morphy se daba excesivos aires de importancia y este replicó que había que “jugar y no hablar”,  aumentando la inquina entre ambos.

Staunton habrá de argumentar que estaba ocupado en otro proyecto extra ajedrecístico, que la visita del norteamericano a Inglaterra fue imprevista, que estuvo afectado de cuestiones de salud, que últimamente no estaba abocado a la práctica ajedrecística y que, en todo caso, tenía cosas más importantes entre sus manos.

De esa combinación de ajedrez y estado de salud había un antecedente ya que en 1853 Staunton había comenzado un match en Bruselas, Bélgica, contra el poderoso jugador e historiador ajedrecístico Tassilo von Heydebrand und der Lasa (1818-1899), el cual abandonó por razones de salud, cuando prevalecía este por la mínima diferencia. Allí había tenido palpitaciones en su corazón, un problema que ya había sentido en el marco de su segundo encuentro en París contra el francés Pierre-Charles Fournier de Saint-Amant (1800-1872), el que se había disputado en 1843.

El encuentro entre Morphy y Staunton pudo darse ya que ambos iban a participar del  Torneo de Birmingham, que reunía a 16 jugadores que se enfrentaban a pares por eliminación hasta una instancia final, a la que se suponía que ambos llegarían, la que se iba a hacer a 8 partidas. Pero el norteamericano no apareció en la primera ronda, que se disputó el 24 de agosto de 1858, por lo que quedó perdiendo por ausencia ante el irlandés Charles French Smith (1828-1868). La demora habría sido generada por temas de agenda, aunque el deseo del norteamericano era el de jugar en forma directa contra Staunton y no involucrarse en una competencia en la que algunos participantes eran muy inferiores en su perspectiva (decía que les podía ganar incluso dándole ventaja de material).

Pero de haber sido de la partida, tampoco se habría de dar el encuentro deseado ya que Staunton pierde en segunda ronda 2 a 0 contra Löwenthal, por lo que lo eliminó. Al cabo de todo, el polaco se impondrá al austriaco Ernst Falkbeer (1819-1885), quien en segunda ronda había prevalecido sobre Saint-Amant.  

Por ende, es del todo inexacto que Staunton estuviera fuera de actividad ajedrecística para entonces. Pero sí es cierto que, en su otro andarivel de intereses, que era la literatura, estaba incurso en un proyecto muy ambicioso, el que será alabado por sus resultados finales, en aras de  editar la obra integral de William Shakespeare (1564-1616). Al respecto habrán de aparecer seis volúmenes, entre 1857 y 1860, es decir en contemporaneidad de este entuerto con Morphy. Quizás el mayor error del inglés[1] fue el de haber generado la expectativa de la realización efectiva del encuentro, en vez de rechazarlo de plano, si esa era su intención basada en las limitaciones profesionales por las que objetivamente atravesaba. Pero, por la forma en la que se manejó, pareciera que lo suyo tuvo más que ver con el temor reputacional de ser


[1] Toda la saga que rodeó este episodio entre Staunton y Morphy, y otros elementos valiosos de la vida del ajedrecista norteamericano, se pueden consultar en diversos medios, especialmente en The Exploits and Triumphs, in Europe, of Paul Morphy, The Chess Champion, de Frederick Milnes Edge, D. Appleton and Co., 1859; Nueva York, enhttps://archive.org/details/exploitsandtriu00edgegoog/page/n141/mode/2up.

vencido claramente por el jugador proveniente del otro lado del Atlántico, una vez que comprobó su fortaleza ajedrecística.

Cabría hacerse otra consideración: Staunton se comportó como un virtual campeón del mundo, por lo que se auto adjudicaba la decisión final y creía poder establecer las condiciones de cara a un eventual enfrentamiento. Morphy, en ese enfoque, era un mero retador.

De hecho en la década del 40 se lo consideraba como el mejor de Europa. Y ese continente siempre había prevalecido en la actividad, particularmente a través del eje establecido entre París y Londres. Ello se contempló desde que el inglés venció a Saint-Amant en el match disputado en París entre el 14 de noviembre al 18 de diciembre de 1843, por 13 a 8, y esa consideración se mantuvo hasta su defección en el Torneo de Londres de 1851, con los máximos referentes de la época, a excepción del prusiano von der Lasa, en el que se impuso el compatriota de este, Adolf Anderssen (1818-1879) quien, en la semifinal, venció a Staunton por 4 a 1.

No obstante la ausencia de un match directo hubo dos partidas, bajo la modalidad en consulta, que tuvieron de un lado del tablero a Morphy y del otro a Staunton: aquel junto a Thomas Barnes (1825-1874) y este con el Reverendo John Owen (1827-1901). En ambos casos se impuso el norteamericano y su por entonces compañero de contienda.

En su tiempo, y esa imagen se proyectó a la historia, quedó un sabor muy amargo: el de un “match que no fue”, una prueba en la que se pretendía dirimir supremacías entre dos de los mejores jugadores de la época.

La mentada negativa, disfrazada de desinteligencias, a confrontar, por parte del inglés, si bien habla más de sus debilidades, y lo pagará en términos de una capitis deminutio de su reputación en el mundo del ajedrez, tendrá también un impacto psicológico en Morphy al generársele una frustración, máxime que su viaje a Europa estuvo principalmente motivado para concretar ese encuentro.

Conforme la mirada profesional del psicoanalista y neurólogo inglés Ernest Jones (1879-1958), este tema pudo haber influido en la psiquis del norteamericano ya que el rival que no fue, de algún modo, era el supremo padre imago, siguiendo el modelo del psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), es decir, era la imagen del referente al que debía necesariamente vencer para reforzar su propio yo.[2]

Este vínculo traumático se superpone con otro de similares alcances, aunque vinculado al plano familiar: el del padre quien, a diferencia del hijo, será un exitoso abogado, y acumulará una pequeña fortuna familiar con el producido de su profesión, cosa que el vástago siempre reconocería en comparación con su propia pobre performance en la vida en ese rubro.

Podríamos decir que Morphy, entonces, no podrá superar ambas barreras: la de su padre (rival en la vida) y la de Staunton (rival en el ajedrez).

Podría desplegarse otra alternativa de análisis, poniendo el acento en un componente político basado en valores nacionales: las excolonias, los EE. UU., debían poder demostrar ser mejores en algún rubro que simbólicamente pudiera ser atractivo, venciendo a un Imperio del que antes dependían. En esas condiciones Staunton, en caso de ser derrotado, como era de prever, podía sentirse una pieza sacrificial, por lo que no se prestará al juego.

Morphy logrará confrontar con otros grandes jugadores europeos, siendo el punto culminante para ello su viaje a Francia, el otro centro ajedrecístico mundial de la época, lo que hace exactamente el 1° de agosto de 1858, arribando a París tras un paso por la ciudad portuaria de Calais. El Café de la Régence, el lugar más influyente de ese tiempo de todo el mundo en donde el ajedrez se practicaba, estaría esperándolo en la Ciudad Luz…

En los extremos de su cielorraso, más que alegóricamente, se podían ver la fecha de fundación del local y, en los otros tres, aparecían los nombres de los máximos ajedrecistas del pasado: François-André Danican Philidor (1726-1795); Alexandre Deschapelles (1780-1847), y Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1796-1840).


[2] El estudio de Jones apareció en la revista The International  Journal of Psycho-Analysis, Volumen XII, enero de 1931, Parte 1, bajo el título: The Problem of Paul Morphy – A Contribution to the Psycho-Analysis of Chess; en http://www.edochess.ca/batgirl/Jones.html.

Paul Morphy en una de las muchas eshibiciones
Imagen de Morphy en el Café de la Régence dando simultáneas “a ciegas”, en https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/ab/Blindfold_morphy.jpg

En la capital francesa vencerá a Anderssen, el mismo que había sido el triunfador del Torneo de Londres de 1851, la primera prueba en la historia mundial del ajedrez en su etapa moderna. En esas condiciones, se lo consideró el natural sucesor de Staunton en la consideración de a quién le correspondía la calidad de mejor jugador del mundo.

El encuentro se dio entre el 20 y el 28 de diciembre de 1858, Morphy prevalece claramente, con un marcador a su favor de 8 a 3, tras 7 triunfos (5 de ellos consecutivos), 2 empates y 2 derrotas, una de ellas en la primera ronda.  Europa, tras este claro resultado, se habrá de rendir definitivamente a los pies del visitante extracontinental.

El propio derrotado, y también lo será en partidas informales que se jugaron después del match en las que perdió 5 juegos habiendo ganado el nacido en la ciudad alemana de Breslau (hoy Wroclaw, en Polonia) sólo 1, admitirá su admiración por el juego desplegado por su rival. Un reconocimiento que el norteamericano mucho valoraría al comparar ese gesto de caballerosidad (y de aceptación de la verdad, por otro lado) con los tratos poco gratos y/o esquivos que habían marcado sus vínculos previos con Staunton en Londres y Daniel Harrwitz (1821-1884) en la propia París.

El americano jugó en condiciones muy precarias de su salud, ya que fue afectado por una gripe y, el tratamiento con sanguijuelas aplicado (típico de la época), le produjo una importante pérdida de sangre (se llegó a afirmar que había perdido ¾ partes de ella), provocándole un estado de debilidad general, estando incurso en la lenta recuperación en vísperas de su match con Anderssen, quien había viajado especialmente desde su ciudad de residencia.

Por ello el encuentro se disputó en el Hotel Breteuil (en la Rue du Dauphin, ya no existe más, hay otro homónimo actualmente, pero no es donde Morphy se alojó) y no en el Café de la Régence donde hubiera tenido una multitudinaria asistencia. También se dijo que el prusiano estuvo afectado por alguna enfermedad, aunque no se dieron detalles; en todo caso, el propio jugador habló de su falta de forma ajedrecística mas, a diferencia de Staunton, habrá de seguir participando en importantes competencias en el futuro, como en la de Londres en 1862, en la que volverá a imponerse delante de Paulsen, viéndose allí al futuro campeón del mundo Steinitz aparecer en un lejano sexto lugar.

Entre ese año de 1858 y comienzos del próximo, a ambos lados del canal de la Mancha, Morphy hará exhibiciones de partidas simultáneas, incluso bajo la modalidad de “a ciegas”. En este último rubro, en Londres lo hizo en el contexto del mentado torneo de Birmingham, con 6 triunfos, 1 empate y 1 derrota; mientras que en París será en el emblemático Café de la Régence, también ante ocho rivales, un número del todo desusado, en una sesión que duró diez horas, ganando seis partidas y empatando las restantes, y sin siquiera tomar un vaso de agua en su transcurso.

En la capital británica, antes de esta excursión parisina, sucumbirá ante el norteamericano el conocido Löwenthal, por 10 a 4 (+9; -3; =2), en match disputado entre los meses de julio y agosto de 1858. Es el mismo jugador húngaro que lo había visitado en su casa de Nueva Orléans cuando niño (quien venció al experimentado rival) y quien triunfará poco después en Birmingham dejando atrás a Staunton.

Morphy, en esos tiempos, iba mucho al The Divan Club, el mismo que frecuentaba Staunton. Allí generalmente se desarrollaron muchas partidas informales en las que dio claras muestras de su superioridad.

El rival que más fuerza le hizo fue Samuel Boden (1826-1882), al que batió por 6,5 a 2,5 (+5; -1; =3), a quien Morphy calificó como el mejor ajedrecista de ese tiempo (teléfono para Staunton). Pero hay muchos otros resultados favorables ante rivales connotados, a saber: el buen ajedrecista y excelente historiador del juego Henry Bird (1830-1908), a quien le gana 10 partidas, pierde 1 y empatan otra; y ante Thomas Wilson Barnes (1825-1874); Thomas Hampton (1806-1875); James Kipping (1822-1899); el nacido en Bohemia Edward Löwe (1794-1880); George Medley (1826-1898) y Augustus Mongredien (1807-1888), a quien volverá a enfrentar más formalmente en París. También, siempre en la capital inglesa derrotará, y dándole ventaja de peón y salida, a John Owen (1827-1901) por 6 a 1 (+5; =2),[3] en contienda hecha en el mes de julio.

En París, su primer rival será Harrwitz. Primero jugaron una partida informal, en la que Morphy perdió, lo que envalentonó a su rival. Ya en el match, el norteamericano perdió dos juegos consecutivos, lo que aumentaba los pronósticos peligrosos contra su suerte. Pero luego se recuperará y lo vencerá  claramente, por 5,5 a 2,5 (+5; -2; =1), antes del abandono del prusiano, pese a que se había pactado que el match se decidiría tras siete triunfos obtenidos por el vencedor. Esta muy esperada contienda se realizó entre el 5 de septiembre y el 4 de octubre de 1858.

Harrwitz era considerado el mejor exponente del Café de la Régence. De hecho era el único profesional ya que vivía absolutamente de sus ingresos obtenidos por el ajedrez. Si bien había perdido un match contra Staunton en 1846, dos años más tarde logra igualar otro ante Anderssen. De su estancia londinense quedó como legado la célebre revista British Chess Review por él creada.

Las relaciones entre Morphy y Harrwitz, si bien no llegaron a los extremos de conflicto que había tenido aquel en su vínculo con Staunton, tampoco fueron agradables (incluso el match debió en el intermedio postergarse por pedido del de Breslau y quiso retomarlo rápidamente cuando el norteamericano estaba exhausto tras su sesión de simultáneas a ciegas de la que ya dimos cuenta). Quizás el norteamericano, algo joven e idealista, luego de estos entuertos, y con su propia hipersensibilidad, iba a comenzar a ver los límites de un ajedrez en el que no todo eran éxitos y rosas.

Siempre en la capital de Francia, además de este encuentro y el ya consignado con Anderssen, batirá al local Jules de  Rivière (1830-1905) por 7,5 a 0,5 (+7; =1), con quien se reencontrará Morphy en un próximo viaje en 1863, y Mongredien (Mongredieu), el Presidente del London Chess Club, quien viajó especialmente a París para enfrentarlo, por 7,5 a 0,5 (+7; =1, la primera fue tablas y luego vinieron siete triunfos consecutivos), en este caso jugándose en el Hotel du Louvre (allí se alojaba el británico), aunque ya en 1859, entre los meses de febrero y marzo.

Hay muchas partidas menos formales jugadas en París por Morphy, incluyéndose varias en las que da ventaja de peón y salida e, incluso, hasta dos peones y salida. Bajo otra modalidad, la de en consulta, gana dos y empata dos contra el histórico Saint-Amant quien jugó junto al ajedrecista, y notable escultor, Eugène-Louis Lequesne (1815-1887).

Bajo este formato, hay una partida que adquirió una connotación histórica por su espectacular desarrollo. Se disputó el 2 de noviembre de 1858, en la Ópera de París, en un entreacto mientras se presentaba El barbero de Sevilla, siendo los rivales Karl II, el duque de Brunswick (1804-1873)y el conde Gonzague d´Isoard de Vauvenargues (1838-1913). Se la suele presentar bajo el título “Una noche en la Ópera”.


[3] En algunas fuentes se da un resultado distinto. En este caso, y en todos, nos hemos basado en el trabajo de Edge. Como algunas partidas tuvieron un tono informal, es lógico que haya diferencias en las respectivas contabilizaciones mas, en todos los casos, los triunfos de Morphy estuvieron fuera de discusión.

Imagen de una representación de la partida que Morphy jugó en la Opera de París
Imagen de una representación de la partida que Morphy jugó en la Opera de París

El 26 de abril de 1859, en una prueba de la gran diferencia de nivel que registraba  Morphy respecto de sus contemporáneos, brinda una sesión de simultáneas en el Club St. James’s de Londres ante 5 grandes jugadores locales: pierde con Thomas Barnes (1825-1874), pero le gana a Boden, Bird, de Rivière y Löwenthal. Simplemente mágico.

Sus éxitos europeos harán que se lo tilde de celebridad, dejando atrás la polémica con Staunton. Se le dará tratamiento de estrella y, tras su exitosa excursión europea, la afición ajedrecística lo comenzará a considerar un virtual nuevo campeón mundial. La propia reina Victoria de Inglaterra (1819-1901)lo habrá de recibir en la primavera de 1859 en audiencia privada, habiéndose especulado que el norteamericano, muy gentilmente, en ese contexto le deja ganar al ajedrez a una soberana que apenas sabía mover las piezas.

Al regresar a los EE. UU., el 11 de mayo de 1859, fue recibido con todos los honores. Se lo consideraba un héroe que había triunfado en Europa: el Nuevo Mundo demostraba que podía entonces imponerse al Viejo Mundo.

Un club de béisbol y marcas de cigarrillos habrán de llevar su nombre. En la capilla de la Universidad le obsequian un tablero y un juego de piezas de oro y plata representando, aquellas, las fuerzas de la civilización y, estas, las de la barbarie.

En un banquete en su honor dirán: “Morphy es más grande que Julio César ya que vino y venció, sin siquiera ver”, una clara alusión al famoso apotegma “Veni, vidi, vinci”, reformulado ahora teniendo en cuenta el deslumbramiento causado por el hecho de que el jugador pudiera enfrentar a sus rivales a ciegas y claramente vencerlos.

Pero Morphy, más allá de este entusiasmo de tono nacionalista, decide abandonar el ajedrez, en forma del todo inesperada e inexplicable, desde la perspectiva de quienes lo observaban, mas no si se ahonda en su profunda personalidad. Primero hizo un desafío a cualquier jugador del mundo para que lo enfrente, ofreciendo la ventaja de salida y peón, en una prueba de alta consideración de sus propias fortalezas. Pero nadie respondió, por lo que ese será virtualmente su fin frente a un tablero que comenzaba a serle esquivo tras una excursión europea en la que, en no más de un semestre de practicar el juego a nivel competitivo, tan rápida y plenamente se consagraría.

En su tiempo, y en el marco de la guerra entre los estados del norte y los del sur de su país,  mientras su madre y una de sus hermanas se exilian en la capital de Francia en busca de paz, el propio jugador partirá al exterior habiendo de retomar la actividad, aunque muy ligeramente, al recalar en   La Habana, en 1862 y 1864, y en París, en 1863, ciudad que lo había visto otrora brillar, pero que ahora será escenario de encuentros del ajedrecista de tono muy menor.

A la capital francesa regresará en 1867, habiendo de permanecer en esa oportunidad casi dieciocho meses aunque sin actividad vinculada al juego. Por caso, no se lo vio como espectador, menos como participante, en el contexto del importante torneo que se disputó del 4 de junio al 11 de julio de ese año, en el que se impuso el eslovaco Ignác Kolisch (1837-1889) delante del polaco Szymon Winawer (1838-1919) y del futuro campeón del mundo Steinitz.

Este, con el paso del tiempo y el título en su alforja, en 1883, al visitar la ciudad de Morphy, quiere conocerlo personalmente, cosa que logra no sin esfuerzo dada la reticencia del norteamericano, dándose un encuentro histórico por las personalidades involucradas mas la entrevista no habría sido de las mejores (duró apenas 10 minutos) y, para peor, el de Nueva Orleans exigió que el ajedrez no fuera parte de las conversaciones. En cierto momento, paradojalmente, cuando se le dijo a Morphy que Steinitz estaba en la ciudad, su respuesta fue: “Lo conozco. Su gambito no es bueno”. 

El año anterior el otro gran jugador de la época, Johannes Zukertort (1842-1888) lo vio a Morphy en su ciudad, momento en el que  le entregó una tarjeta personal que este, sin mirarla, puso en su bolsillo, para de inmediato hablarle en francés. Sorprendido por la actitud del local, este le dice al jugador polaco muy sorprendido por el uso de esa lengua, que lo recordaba de cuando, en 1867, lo había visto en París. En el episodio advertimos, una vez más, la vigencia de una memoria que siempre fue prodigiosa en un genio que, ya para entonces, daba algunas señales de extravío. Y de manifiesto desinterés por todo aquello que remitiera al ajedrez.

En el mismo acto de reconocimiento a su logro, al regresar a su país en aquel año de 1859, cuando fue considerado como un héroe nacional, se molestó porque públicamente se lo consideró como profesional del ajedrez, una actividad que, ya sabemos, no revestía, a su juicio, esa condición por mandato paterno.

A pesar de su talento específico evidenciado en el juego, o quizás precisamente por ello, no llegó a justipreciar en toda su entidad ni a valorar al mundo de 64 escaques.

Pero la que sí consideraba una profesión, la de abogado, no le dio ninguna satisfacción a lo largo de su vida. Primero no pudo ejercerla por las consecuencias de la guerra de secesión norteamericana, que se desató de 1861 a 1865, en la que sumó su apoyo a los Estados Confederados, como era lógico por su pertenencia geográfica, los que fueron los derrotados en el conflicto. Pareciera que se ofreció como voluntario en combate, mas no hay evidencias de que hubiera sido reclutado. Y luego no pudo ni supo destacarse en el mundo de los letrados. Siempre se lo veía como ajedrecista, muy a su pesar, y no como abogado, como pretendía. En igual sentido, una joven que le resultaba atractiva pareciera que lo rechazó, justamente, por ser “un simple jugador de ajedrez”.

En 1871, cuando se disputa el Segundo Congreso de Ajedrez Americano, en el que se impondrá George Henry Mackenzie (1837-1891), jugador nacido en Escocia, Morphy será invitado a sumarse pero, desde luego, no aceptará el convite. El ajedrez para él era parte de un pasado muy remoto.

Con el transcurso del tiempo, en el contexto de su fracaso laboral, tal vez existencial, incurso en cierto estado de soledad y melancolía, decantó en un sentimiento autoimpuesto de reclusión individual y creciente extravío emocional y, muy probablemente, mental.

Al menos antes de que cumpliera los 40 años de edad se sentía perseguido e injuriado dando muestras de manías y de cierto extravió. Ya para 1875 existen reportes periodísticos (por ejemplo en el periódico escocés The Scotsman), consignando sus probables problemas de salud mental.

Llegó a decir que un amigo de la infancia lo estaba acosando, imputándolo supuestamente por destruirle sus preciadas ropas (era muy coqueto en la vestimenta). Lo fue a buscar a sus oficinas y lo tomó por asalto. En este  vínculo, tal vez existiera la frustración de una relación homosexual, una tendencia en Morphy que también podía ser vista en su esmerado cuidado personal y en un hábito que habrá de adquirir: en su cuarto, todos los días procedía a  disponer en forma de semicírculo numerosos zapatos de mujer.

Asimismo, también injustificadamente, acusó al esposo de su hermana mayor de querer quedarse con su fortuna personal y de pretender envenenarlo (desde entonces pidió que todas sus comidas fueran hechas por su madre y la menor de sus hermanas, quien permanecerá soltera), y lo batió a duelo. Esas imputaciones serán desechadas judicialmente por considerárselas infundadas, una humillante derrota de un Morphy abogado.

Las acciones extrañas iban agudizándose en un Morphy que, en el aspecto exterior, siempre mantenía su estilo atildado y sus maneras caballerescas pero, en el interior, daba muestras de desequilibrios que podían advertir con agudeza los suyos, preocupados porque en el ajedrecista se estaba difuminando crecientemente el límite entre fantasía y realidad.

Que fuera todos los días a la ópera con su madre (que se quiso ver como una evidencia de cierta tendencia al voyeurismo), que a cierta hora diera las mismas caminatas exclamando a viva voz una frase de sentido incomprensible (“He will plant the flag of Castille on the walls of Madrid with the cry of the city won and the little King will go away all abashed”, es decir:“Colocará la bandera de castillo en los muros de Madrid con el grito de la ciudad ganada y el pequeño Rey se irá abrumado”) y su mentada obsesión con los calzados femeninos (la pretensión de un orden extremo en un contexto sexualmente equívoco), eran procesados por su familia en términos de preocupantes manías que había que intentar corregir.

Por ello, en junio de 1882, buscando una recuperación de su estado emocional, deciden internarlo en el Louisiana Retreat, un centro médico para afectados de enfermedades mentales bajo ideario católico. Pero no logra su familia hacerlo ya que Morphy se opone, en un rapto de extrema lucidez, con sólidos argumentos (allí sus dotes de abogado lo ayudaron), por lo que las monjas del sitio deciden no admitirlo.

Imagen del Louisiana Retreat for the Feeble Minded
Imagen del Louisiana Retreat for the Feeble Minded http://www.edochess.ca/batgirl/LouisianaRetreat2.jpg

Se ha creído que el camino de Morphy hacia cierta oscuridad mental pudo haber sido agudizado muy tempranamente desde el mismo abandono de la actividad de ajedrez. Es sabida la capacidad de sublimación de ese juego el cual, en su primera etapa de vida, pudo haber sido una barrera de contención de desvíos más profundos. Al dejarlo, y al no poder prosperar en la profesión que había elegido, es muy posible que su psiquis, algo frágil, tomara la senda que en definitiva lo condujo al desvarío.

En todo caso, hay que admitir que muchas veces los genios son así, que el exotismo de muchos de sus comportamientos esconde en el fondo la necesidad de escapar a las normas, romper los paradigmas, vencer la mediocridad circundante. Y, al hacerlo, se alejan de las pautas convencionales a las que solemos denominar normalidad.

Dos años antes de su muerte, lo contactaron a Morphy para una publicación en la que se incluirían las grandes personalidades del estado de Luisiana. Apenas le comentaron que se lo iba a contemplar por su vínculo con el ajedrez, respondió en forma airada, que ese juego no era relevante, insistió en el punto de que no era una profesión, que su padre, a diferencia suya, había sido un exitoso abogado y supo acumular una  fortuna personal, por lo que se negó a acceder al requerimiento. Un ajedrecista que, evidentemente, en esas circunstancias sacó a relucir el peso de toda su hipersensibilidad.

El 10 de julio de 1884, tras volver de dar un largo paseo, se lo hallará muerto en la bañera de su casa, siendo la causa del deceso una congestión del cerebro. Se habla de una apoplejía, haciendo en ese caso la parábola perfecta del ciclo de su padre, quien murió de igual forma, provocada por el shock térmico ocasionado por el agua fría ante un cuerpo muy caliente.

Paul Morphy, para su compatriota Robert Bobby Fischer (1943-2008), otro genio del tablero, y entre ellos pueden establecerse fuertes líneas de contacto (que van desde la nacionalidad, al genio ajedrecístico, pasando por los desvíos de los convencionalismos), fue uno de los diez mejores jugadores de todos los tiempos. Es más, a su juicio se lo debía considerar como “el jugador más preciso que haya existido jamás“.

La de Morphy fue una vida vertiginosa. Así como aprendió a jugar al ajedrez en forma muy temprana, con buenos resultados inmediatos, también concretará sus estudios con rapidez. Se dedicará más seriamente cuando se le dio la oportunidad de hacerlo y, en un raid por su país y Europa de poco más de un año, vencerá a todos sus connotados rivales, ingresando definitivamente en la historia de la disciplina, muy a su pesar.

Su estilo de juego fue tan poderoso como original. Su apabullante superioridad respecto de sus contemporáneos, dio testimonio de la existencia de un genio que se adelantó a su época como quizás sólo se diera en la historia del ajedrez en el caso del francés François-André Danican, por siempre Philidor (1726-1795).

Su vértigo existencial lo llevó a abandonar el ajedrez casi de inmediato y, años más tarde, fue quemando etapas en sus vínculos con la vida conduciéndolo a un extravío emocional y a una muerte también temprana.

El pensador argentino Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) en el diario de la ciudad de Buenos Aires La Nación, el 16 de abril de 1939 presenta una nota sobre la figura del norteamericano bajo el título: Pablo Morphy, un artista de la afinación intelectual, habiendo de definirlo:

 “… ajedrecista norteamericano cuya aparición meteórica dejó una estela de las que llega hasta nosotros, poseyó una inteligencia poderosa y fina que participaba a la vez, y en justas proporciones, de la exactitud del geómetra y de la fantasía del poeta”.

Continúa con algunas de las conocidas precisiones sobre su vida, resaltando su virtual desprecio por el juego, al tiempo que señala que se hundirá en la misantropía, la tristeza, el delirio persecutorio. Ajedrecísticamente lo ubica como creador de una escuela en la que se apoyaron todos los grandes jugadores ulteriores:

“No (fue) un jugador extraordinario, sino el más completo, profundo y elegante de toda la historia del ajedrez. De él se conservan alrededor de 300 partidas  (…) Directa o indirectamente se apoyan en el ejemplo de sus producciones aquellos ulteriores avances hacia más amplios horizontes, que se conocen con el nombre de escuelas…”.

Considera que Morphy fue una necesidad de su época, ya que había que poder hallar una expresión de juego la cual, mediante una concepción de mayor alcance y riqueza de posibilidades, hiciera que los principios estratégicos reemplazaran definitivamente al dogma de los textos y a la fantasía de carácter poético de los jugadores. El norteamericano fue la respuesta histórica a ese desafío:

Con Morphy terminan la tiranía del dogma y el señorío de la inspiración, y el gusto ordinario que se complacía en los pequeños ardides y en la entrega espectacular de piezas mayores. Sin dejar de ser, él mismo, el más acabado exponente del ajedrez de su época, Morphy inaugura una nueva era de estrategia trascendental y de belleza genuinamente ajedrecística, consistente en la afinación musical y en la exactitud matemática de las ideas” (…) “Mientras sus rivales emplean líneas de juego y movimientos consagrados como óptimos, él trabaja sobre la partida viva para cerciorarse por el razonamiento, guiado a la manera cartesiana, de la bondad de las jugadas” (…) “…si hay algo original y supremo en la inteligencia de Morphy es cuanto se desvincula de la teoría canónica y obedece a las directivas de su propio estilo. Por ello se le ha comparado acertadamente con Mozart y se le puede comparar mucho más acertadamente con Paganini y Poe (…) Con Morphy la partida de ajedrez adquiere su “forma” completa, como la mecánica y la estética del violín con Paganini. El sentido del ajedrez en Morphy es superior a su capacidad personal de jugarlo bien, como el oído de Paganini es superior al prodigio de sus manos. Paganini encarna una sensibilidad neta y exclusivamente violinística, como Morphy encarna una mentalidad y una técnica neta y exclusivamente ajedrecística”.

En cuanto al estilo del ajedrecista norteamericano advierte, en una suerte de incompleto decálogo: 1) Que elegía posiciones abiertas, de rápido desarrollo y máximo dinamismo, con lo que la partida tiene un signo dramático desde el comienzo; 2) Que esas posiciones abiertas no ofrecen debilidades estratégicas y son tan correctas en su estructura teórica como las posiciones cerradas de la escuela naturalista o de posición; 3) Que la combinación se realiza siempre teniendo como punto de partida el sentido funcional de la posición y no la posición misma como punto final de una serie anterior que acaba en ella; 4) Que trata las posiciones por el método y con el criterio del problemista que ve, bajo la posición real de las piezas: “la posición ajedrecística verdadera”, es decir, el comienzo de una serie y no el final; 5) Que crea el concepto de valor relativo e intercambiable del espacio (casillas) y de las fuerzas (piezas), bien distinto del concepto estático; 6) Que consideró digno de mucho cuidado cada movimiento, desde el inicial, haciendo: “vibrar todo el tablero”; 7) Que subordinó todo el valor a la sencillez, la claridad y la exactitud, procurando acumular las pequeñas ventajas tácticas (se apoya al decir esto en un juicio del excampeón mundial Emanuel Lasker); 8) Que procedía siempre según dos planes simultáneos: uno táctico, de ataque directo; otro estratégico, con horizonte de todo el tablero, para obtener mejor posición; 9) Que creó la noción de fuerza conforme al desarrollo, del desarrollo conforme al plan y del plan conforme a la realidad de la posición.

Concluye Martínez Estrada su análisis asegurando que, en esa transición de una mentalidad estática y cerrada a otra abierta y dinámica, es donde se advierte el principal valor de Morphy. Uniendo, tal vez, las miradas estética y ética del autor, sobre el admirado ajedrecista terminará por aportar:

Por mucho que el ajedrez actual haya progresado en la dirección de un mayor ajuste en su estrategia general y en la solidez de los conocimientos teóricos, en el dominio a fondo de las particularidades de la táctica y en la complejidad de los planes, el genio de Morphy debe ser visto como el de un creador en quien se dieron juntos los más altos poderes de la fantasía y de la precisión. Ningún jugador ha dejado en su obra un caudal tan grande, noble y puro de emociones de belleza verdadera y de afinaciones de pensamiento. En este sentido se le debe situar en la misma línea de los artistas que, desde Dante hasta Baudelaire, con Paganini y Poe como ejemplos supremos, exigieron al arte no sólo la fuerza de la expresión y la originalidad, sino además la exactitud como deber de conciencia”.

Su ciudad natal, en prueba de reconciliación con uno de sus hijos más pródigos y admirables, inauguró el 5 de abril de 2019 el Morphy Chess & Cultural Center. En Nueva Orleans hay, además, una calle con su nombre, una placa en la casa que vivió y murió –hoy tiene un  restaurante- y un tablero que le perteneció se exhibe en el Museo local.

Morphy no fue campeón del mundo de ajedrez, simplemente porque esa clase de título no existía. Morphy, en su corta aunque deslumbrante trayectoria, demostró ser el mejor, y con margen, respecto de cualquiera de sus rivales. Morphy, en una experiencia frente al tablero que en cuanto a la continuidad en el tiempo fue tan frágil como la calidad de su salud mental sobreviniente fue, sin dudas, un ajedrecista genial que estableció una forma de juego que se adelantó a su era. Morphy, como muy pocos ajedrecistas a lo largo de toda la historia, será una celebridad que excederá el ámbito específico del juego, siendo idolatrado en París y Londres por sus triunfos y las impresionantes sesiones de partidas simultáneas a ciegas que lo transformaron en un fenómeno social, habiendo sido recibido por la reina de Inglaterra en una implícita admisión de que era el mejor del mundo en lo suyo, y será considerado un héroe en los EEUU ya que pudo demostrar, por vez primera, que la nueva nación estaba en condiciones de prevalecer respecto de todas las de la Vieja Europa.

En un sentido específicamente ajedrecístico podría asegurarse que Morphy puede ser considerado el primer jugador moderno, siendo por ende el precursor de Wilhelm Steinitz (1836-1900), el primer campeón mundial de la historia, título que obtendrá ya avanzado el siglo XIX.

El norteamericano es un principal eslabón de la cadena de evolución del ajedrez, habiendo nacido en vigencia de la escuela romántica (basada en la táctica), mas sabiendo decantar hacia la escuela clásica (sustentada en la estrategia), que de alguna manera se creó con su estilo de juego (lo que será perfeccionado por el nacido en Praga y los referentes posteriores).

Es que el norteamericano, si bien será preferentemente recordado por sus espectaculares y rápidos triunfos, en los que empleaba una técnica más agresiva (generalmente para vencer con rapidez a adversarios muy inferiores), también hizo gala de un estilo de juego más posicional y reposado (el que le sirvió para prevalecer ante ajedrecistas más competitivos).

Y todo ello será a pesar de que la actividad ajedrecística no era precisamente valorada en toda su dimensión por alguien que, casi sin proponérselo, casi a su pesar, casi sin saberlo, se habrá de transformar en referente ineludible a la hora de intentarse, por cierto vanamente, de determinar quién fue el más influyente y el mejor ajedrecista de toda la historia.

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Análisis astral de Paul Charles Morphy (por Silvia Méndez)

Prof. Silvia Mendez
Prof. Silvia Mendez

Silvia Méndez es de nacionalidad argentina. Graduada en Relaciones Humanas en la Universidad del Salvador y egresada de la carrera de Administradores Gubernamentales (1985-1987) dictada en el INAP.

Se desempeñó en el servicio civil de su país, con amplia experiencia en gestión de políticas públicas en el ámbito cultural, así como en la administración de recursos humanos en el Estado Nacional.

Como astróloga, está graduada en la Fundación Centro Astrológico de Buenos Aires (CABA, 1989), siendo entrenada por calificados profesionales de la talla de Eloy Dumón, Rubi Leza, Jerry Brignone.

En esta disciplina se ha desempeñado en la consultoría privada, dictando seminarios y talleres, realizando investigaciones y publicando artículos, con especial énfasis en Astrología Genetlíaca, Mundana, Deportiva, Asteroides.

Para el análisis de la carta natal de Paul Morphy, y a falta de documentación probatoria en las bases de datos astrológicas mundiales de  una hora certera de nacimiento, tomaré la rectificación realizada por el astrólogo israelí Isaac Starkman el cual, a través de confrontarla con varios eventos de la vida de Morphy, propuso  la hora 11.38.14 LMT (Local Mean Time).

Carta astral Morphy nacimiento

Morphy tenía su Sol en el sensible e intuitivo signo cardinal de Agua de Cáncer, que liga al individuo fuertemente con sus raíces, su familia, con la patria (todo esto para bien o para mal).  La característica principal de este signo es la inestabilidad en lo emocional dado que está ligado a la simbología de la Luna (regente del signo) la cual  tiene cuatro fases en su revolución como satélite natural de la Tierra: Luna Nueva, Luna Creciente, Luna Llena y Luna Menguante.

El Sol contó con el apoyo en trígono del planeta Saturno: simbología de “autoridad”, “padre”. Este anclaje permitió que el resto de su carta no lo llevara en demasía  por el camino de lo errático e inestable. E imprimió en su persona una consideración importante en relación a la imagen paterna. Un padre “nutricio”, protector de la familia, serio, responsable, ocupado en el “deber ser”.

Su Luna natal ubicada  en el signo fijo de Aire de Acuario  -ingenioso, libre, independiente, errático e impredecible-  le imprimió una matriz emocional con estas características.

La imagen de “familia” o de “núcleo familiar” alojada en su psique se forjó en base a sensaciones de un entorno “materno” raro, distinto, errático o desapegado.

Una Luna en Acuario se define como “el único refugio es la ausencia de refugio”. O sea que “la única seguridad es la confianza en un espacio indeterminado, donde la renovación es la única constante. La certeza de que cada situación desembocará en otra completamente nueva”.[1]

Un individuo con esta Luna desplegará recurrentemente súbitas transformaciones de las condiciones que lo habían “estabilizado”. Existirá un máximo de libertad o espontaneidad, lo cual lo podría arrancar de improviso de sus construcciones pasadas.

Una primera síntesis entonces nos habla de una personalidad sensible, intuitiva, ingeniosa, errática, cambiante.

Un Ascendente en el signo mutable de Tierra Virgo le otorgó una pátina o máscara práctica, detallista y analítica.

En ese sentido cobra muchísima importancia la posición del planeta Mercurio muy bien ubicado en su signo de regencia Géminis. ¿Por qué? Porque es regente o “dueño” tanto del Ascendente en Virgo como del Mediocielo en Géminis.

Entonces este planeta será muy importante en el análisis astrológico, aportando una fuerte marca en el delineamiento de su personalidad.

Ahora bien: en esta carta natal encontramos que Mercurio forma una configuración denominada “T-cuadrada”, la cual se construye con la oposición de dos planetas (en este caso Marte y Urano) cerrando una especie de triángulo en cuyo vértice está ubicado Mercurio.

Veamos por separado qué dicen estos contactos: Marte en Virgo refuerza las habilidades de detalle, de seguir procedimientos o procesos analizados, practicados y preestablecidos. En contraposición Urano en Piscis aporta la cuota de sensibilidad e intuición con chispazos de inventiva y genialidad.

[1] Las Lunas. Eugenio Carutti. Editorial Casa XI.

La oposición entre ambos planetas simboliza las  dificultades en la relación con las demás personas al intentar conciliar estas distintas facetas de su personalidad.   Esta fricción lo llevaría a producir de tanto en tanto erráticos cambios de dirección en su accionar y  terminar provocando disrupciones en las interacciones sociales con las demás personas.

El “punto focal” de esta confrontación energética lo ocupa  Mercurio el planeta que, en una carta natal, simboliza el intelecto del individuo; el estilo con que este elabora sus ideas y las comunica.  Por lo tanto Mercurio “recibe” la tensión señalada entre Marte y Urano natales.

Por otra parte también tenemos que señalar que Mercurio está en conjunción con el  asteroide Kirón, el cual aporta la simbología de “inadecuación” y de una “herida que no cierra”. ¿En qué ámbito? En el área  de la elevación de la mente del individuo, el área de los estudios superiores realizados, el área de su contacto con el extranjero. Empieza entonces a entenderse por dónde pasaba su inadecuación o el sentirse diferente y el “no encajar”. Morphy estudió y se recibió de abogado, pero en realidad no se sentía “adecuado” en el ejercicio de esta disciplina. Y podemos señalar que la raíz o causa era la relación con la profesión de su padre.

La Abogacía la ejerció profesionalmente por un tiempo, abandonándola luego. Esto se refleja astrológicamente por un lado por la presencia de Venus en casa X y también por el hecho de que esa  casa X (área de la profesión o desempeño en lo social) está ubicada en el signo de  Géminis, signo como señalamos regido por Mercurio, que se ubica en la casa de los estudios o casa IX (simbolizando esto que en algún momento el individuo aplicará profesionalmente lo que estudió en los claustros), aunque con las consecuencias disruptivas observadas en su historia personal que se explican y evidencian al estar Mercurio tensionado por Marte y por Urano. 

Como también la casa X habla simbólicamente de las figuras de autoridad del individuo, el hecho de que Mercurio regente de esta casa se ubique en casa 9 conjunto a Kirón  señala la inadecuación que tenía Morphy respecto de la elevación de su intelecto y los estudios realizados que ligaban a la figura paterna. 

¿Por qué  Kirón  señala “inadecuación”? Era el Centauro, fruto de la relación entre el Dios Saturno y una yegua. Al nacer la madre lo abandonó a su suerte (Kirón tenía cuerpo mitad hombre y mitad caballo). Su padre también lo abandonó, pues él no quería a sus hijos (el oráculo le había vaticinado que uno de sus hijos lo destronaría y por tanto él devoraba a los recién nacidos). Entonces la primera simbología asociada a Kirón es la de sentirse inadecuado: no era Dios, no era animal, no era hombre.

Mercurio en tensión con Marte en los signos de Géminis/Virgo provoca una mente ágil pero inquieta e irritable, que predispone al individuo a verse involucrado en disputas o discusiones exacerbando la crítica.

Mercurio en tensión con Urano aporta excentricidad, disposición nerviosa, comunicación algo brusca. Las ideas no surgen del conocimiento sino del genio. Con esta tensión los proyectos personales durante la vida del individuo  pueden terminar abruptamente también.

Marte en Virgo en casa XII (área de los problemas psicológicos, sector de los encierros, hospitalizaciones o enclaustramientos), opuesto a Urano en Piscis en la casa VI  (área de la salud pero también de las actividades de labor cotidiana), ya señalaban las dificultades de Morphy para sostener su acción laboral o que lo llevaban a periodos de enclaustramiento o alejamiento social.  Y desde el análisis de su salud, ya estaba marcada también la predisposición a sufrir enfermedades relacionadas con el sistema circulatorio (Urano en casa VI suele simbolizar presión arterial, riesgos de infarto o ACV) que podrían llevarlo a la muerte (Marte rige en esta carta natal  la problemática casa VIII, relacionada con cirugías o muertes).

Retomando el análisis sobre su casa III (el área que  ayuda a comprender el modo o estilo de elaboración de las ideas y la forma en que el individuo las comunica a su entorno), vemos que se ubica en el poderoso, profundo y magnético signo de Escorpio.  Signo regido por Marte y por Plutón. Ya vimos –mediante el análisis de la  T-cuadrada entre Marte, Urano y Mercurio- la tensión presente en esta faceta de su personalidad; pero el  regente moderno Plutón desde Aries, enviando un potente trígono a Júpiter en el fogoso signo de Leo señalaba también una profunda energía mental y espiritual, otorgando habilidad para concentrarse y obtener un profundo conocimiento y comprensión. Habilidad en la expresión creativa para saber instintivamente lo que era correcto de lo que estaba equivocado.

Su costado estético  se manifestaba a través de ese Venus en Cáncer “elevado” en la carta.  Frases como “amor por la madre” o “amor por el arte” o  “amor por la moda” encajan bien con esta posición. Ya dijimos que Venus -como regente de Libra-  señala su actividad profesional ligada a la balanza de la justicia, su posición en el signo de Cáncer nos indica que la actividad estaba ligada a sus orígenes familiares.

Su facilidad para los idiomas está simbolizada en su carta con ese hermoso trígono del planeta Júpiter (simbología asociada  con el extranjero) con Plutón.

Veamos cómo el movimiento de su carta a través de los años  nos va mostrando la reverberación ante algunas fechas ligadas a eventos importantes.

A la edad de 12 años (agosto de 1850)  derrota al húngaro Johan Löwenthal. A falta de fecha exacta veamos las progresiones secundarias para esa ventana de tiempo y algún tránsito planetario que pudiera simbolizar este hecho.

Se calcularon las direcciones simbólicas  para mediados del mes de agosto de 1850.

Morphy gana a Loewenthal

Observamos a Mercurio dirigido en conjunción al Mediocielo natal y a Marte dirigido en orbe de conjunción a Ascendente.  El Ascendente y el Mediocielo dirigidos en aspecto a Urano natal. La Luna dirigida en trígono a Saturno. Júpiter en orbe a los nodos lunares.

Para observar los tránsitos de los planetas en el cielo, levantamos la carta de mediados de agosto para orientarnos.

astral Morphy 3

Para mediados de agosto,  Marte estaba transitando por su Ascendente al igual que Júpiter; y Urano hacía también buen aspecto a su Sol natal. Y Mercurio esta próximo también a activar la T cuadrada entre Marte, Urano y Mercurio natales.

El 10 de noviembre de 1857 ganó el First American Chess Congress, derrotando a Ludwig Paulsen. Veamos aquí el análisis con las direcciones simbólicas.

carta astral Morphy

El Ascendente y el Mediocielo dirigidos en 16°  aspectando al hermoso trígono entre Júpiter y Plutón natales. La Parte de la Fortuna sobre Mercurio natal, regente de su Ascendente y su Mediocielo natales.

Veamos la carta diaria:

Carta astral Morphy

En el cielo de ese día se vuelven a encontrar Marte y Urano por aspecto, replicando la combinación natal, activando las casas I y IX.  La Luna tensionando a Mercurio. El Mediocielo activando el trígono entre Júpiter y Plutón.

El 28 de diciembre de 1858, Morphy derrota a Anderssen.

Carta astral Morphy

El Ascendente y el Mediocielo todavía están influyendo por aspecto a Júpiter y Plutón natales (una dirección simbólica desde uno de los ángulos tiene efectos por más de un año de la vida del individuo); Plutón planeta de la mente en aspecto  a Urano natal; el Sol en aspecto  a la Parte de la Fortuna.

La carta diaria de ese evento:

Carta Astral Morphy

Los tránsitos más significativos con el evento: el benéfico tránsito de Júpiter sobre Mercurio natal, la Luna en trígono al Mediocielo. Marte en trígono al punto medio Sol/Venus. Mercurio activando al Venus natal.

Veamos ahora la fecha del 26 de abril de 1859, cuando realizó 5 partidas simultáneas venciendo en 4 de ellas.

Carta Astral Morphy

El Ascendente y Mediocielo dirigidos siguen en buen aspecto con Júpiter y con Plutón.

Esto apoya el  periodo positivo entre 1857 y 1859 en el cual  Morphy tuvo  una seguidilla de triunfos muy importantes.

Veamos la carta diaria:

Carta Astral Morphy

El Mediocielo diario en aspecto a su Sol; Neptuno angular aspectando Ascendente y Mediocielo (Neptuno viene de la casa del “juego”, la casa V).

Nuevamente Marte y Urano encontrándose  en el cielo, reverberando el contacto natal. Mercurio del cielo en conjunción al Nodo Norte.

El día 11 de mayo fue recibido como “héroe” y con honores en Estados Unidos. Veamos la carta diaria:

Carta Astral Morphy

Marte del cielo transitando sobre Mercurio natal. El planeta Júpiter ya a punto de “tocar” al Mediocielo, en un anticipo del buen período  (benéfico, con gloria, con éxitos) que comenzaría a atravesar  Morphy a nivel social y/o profesional.  El Mediocielo de ese día aspectando al trígono benéfico entre Júpiter y Plutón natales. Mercurio del cielo transitando en conjunción al Nodo Norte.

En junio de 1882 la familia de Morphy intenta que él  ingrese a una institución especializada debido a sus problemas psicológicos. Él hace gala de sus atributos como abogado y logra evitar esa situación. A falta de fecha específica, podemos ver con las direcciones simbólicas para mediados de junio.

Carta Astral Morphy

El Sol está activando el trígono Júpiter/Plutón. Este aspecto ya pronosticaba que Morphy tendría un evento relacionado con los hermanos y la ley, del cual podría salir airoso.

Júpiter dirigido está cuadrando al Sol (su YO, su identidad) el cual en esta carta rige la casa XII relacionada con posibles reclusiones o internaciones. Como es un planeta benéfico le ayudó a evitar la situación.

El Nodo Norte sobre Mercurio, planeta tan importante en su natal por regir su Ascendente y su Mediocielo y que aporta toda la simbología de lo “mental” y también de “hermanos”.  Un Nodo que viene de la casa VIII natal que se relaciona con momentos críticos en la vida, y se posiciona sobre Mercurio (hermanos) en la casa IX de la ley.

El Ascendente dirigido sobre Saturno natal (limitaciones, obstáculos) y el Saturno dirigido en conjunción a la cúspide de la casa IV (la familia de origen, su núcleo más íntimo) y a su vez descargando su tensión al Ascendente natal. El Mediocielo dirigido cuadrando a Saturno natal y aspectando a Venus natal, que en su carta rige los asuntos legales.

Finalmente arribamos a la fecha de su fallecimiento; se menciona que murió a causa de una apoplejía o derrame cerebral.

Bien, en esta carta rectificada por el astrólogo Starkman podemos verificar la predicción acerca de las posibles causas de su muerte, debido a que la casa VIII se ubica en Aries (signo que rige la cabeza). Su regente Marte forma parte de la fuerte T-cuadrada con Urano, planeta que tiene mucho que ver con el ritmo, y la presión en el sistema circulatorio, y Mercurio que rige el Ascendente que simboliza su cuerpo físico.

Veamos la carta dirigida para esa fecha:

Carta Astral Morphy

Aquí observamos al  Ascendente y al Mediocielo dirigidos así como a  Saturno dirigido, aspectando a Mercurio natal que rige su cuerpo físico, con aspectos de 150, 60 y 165 grados respectivamente.

Muy importante también es la posición de Marte quien conjunta al Nodo Sur, típico contacto de “desvinculación”,  en este caso del mundo físico. Y de Urano dirigido en orbe de conjunción a la casa VIII.

Cabe señalar que tanto el Ascendente como el Mediocielo dirigidos venían funcionando por aspectos activando la oposición entre Marte y Urano entre los años 1882 y 1884, abarcando un periodo en el cual se intensificaron  sus problemas mentales y/o psicológicos, sus cambios erráticos de conducta y/o la propensión a excentricidades varias.

Vemos entonces  que,  en principio,  este trabajo de rectificación realizado por el astrólogo Isaac Starkman cumple y confirma tanto las tendencias personales como  los eventos a los cuales se vio envuelto a lo largo de su corta vida.

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