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El inventario del horror: el ajedrez de luto en el transcurso de la segunda guerra mundial

Memorial del Holocausto Miami

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Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

En La generación pionera – 1924-1939, primer tomo de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino editado por el Senado de la Nación Argentina a iniciativa del Senador Nacional Carlos Alberto Reutemann, se incluyó un estudio relatando las consecuencias más nefastas que experimentaron numerosos ajedrecistas europeos en el contexto del horror vivido a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, el que sirvió de base para el presente trabajo.

Al haberse registrado el 27 de enero de 2020 el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, establecido el 1° de noviembre de 2005 por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante Resolución N° 60/71, la circunstancia es propicia para recordar y homenajear a tantos ajedrecistas que fueron asesinados, confinados a campos de concentración y/o sujetos de persecuciones, torturas, exilios y graves enfermedades asociadas al conflicto, en el contexto de años tan atroces en los que el nazismo, y también el estalinismo, dejaron su huella de terror tronchando vidas de tantos ciudadanos del mundo.

La Segunda Guerra Mundial comenzó exactamente el 1° de septiembre de 1939, el mismo día en que se iniciaba la fase final del Torneo de las Naciones de Ajedrez que se disputaba por entonces en Buenos Aires.  Mientras en Sudamérica se seguían desarrollando los enfrentamientos en el plano escaqueado, en Europa habrá de comenzar, con la invasión alemana a Varsovia, la peor fase de otra clase de conflicto, uno real y atroz, llevando a la Humanidad a mostrar y recrear una de sus peores caras.

Como no podía ser de otra manera, en el marco del terror imperante allende los mares, muchos de los ajedrecistas que disputaban la prueba de Buenos Aires, al cabo de la competencia, no quisieron, o tal vez es mejor decir no pudieron regresar.

Paralelamente, sus colegas europeos, esos que no pudieron llegar a participar de la magna competencia por equipos en el Cono Sur, no la irían a pasar nada bien, en particular los que tenían un origen judío. El hecho de poder venir hasta estos lares en 1939, y luego la posibilidad efectiva de permanecer en tierras pacíficas, podía constituir un salvoconducto efectivo en términos de poder preservar la propia vida.

Invasión Nazi a Polonia
Invasión Nazi a Polonia 1 septiembre 1939

La encrucijada de Miguel Najdorf (en el torneo selectivo de Polonia)

Miguel Najdorf (1910-1997) se refirió, alguna vez, en un circunloquio que se dio en el Consulado de Polonia en Buenos Aires, sobre un tema que lo angustiaba especialmente. Es sabido que el jugador devenido en argentino (nacido en Polonia), perdió a toda su familia, incluida esposa e hija, en ese periodo crucial de su existencia. Pero lo planteado en esa oportunidad apuntaba a otro hecho dramático que tenía que ver también con la guerra y con el ajedrez.

Es que, conforme a sus dichos de entonces, en el torneo de selección hecho en Polonia (aunque algunos historiadores dudan sobre su efectiva realización en ausencia de documentación fidedigna, máxime que todos los archivos de ese tiempo han brutalmente desaparecido), su contrincante sólo podía conseguir ser nominado para el equipo olímpico en caso de vencerlo por lo que, a través de Genia, la esposa de Najdorf, este recibió la sugerencia de que se dejara vencer, lo que fue rechazado por obvias razones: ante todo, debía imperar “el espíritu del ajedrez”.

Quien habría sugerido ese proceder extremo, comprensible en las circunstancias en las que se vivía, sería Izaak Appel (1905-1941), quien quería salir de Polonia sintiéndose amenazado por su condición de judío.

Al cabo de todo, este jugador no sería parte de la delegación de Polonia y, siguiendo su huella, vemos que, en realidad, sobrevivirá unos años, logrando en el ínterin afincarse en Lvov (Leópolis), donde juega varios torneos, entre ellos el 12° campeonato ucraniano ganado por Boleslavsky, lo que sucede en agosto de 1940. E incluso participa en otro que se disputará entre enero y febrero del año siguiente, es decir poco antes de que se produjera la desaparición de todo rastro de existencia de este buen ajedrecista.

Al decir esto hay que considerar que, en junio de 1941, al invadir la URSS, los nazis ocupan aquella ciudad, por lo que Appel, efectivamente, al no ser parte de la delegación olímpica de su país en 1939 vio seguramente un triste final, como el de tantos de sus compatriotas y de quienes profesaban su misma fe.

Volviendo a Najdorf, el cónsul polaco, siendo testigo del doloroso relato que hizo en la embajada en Buenos Aires en presencia del embajador y del notorio escritor Witold Gombrowicz (otro que se afincó en la Argentina por un buen tiempo), trató de consolarlo argumentando, con impecable lógica que, si hubiera perdido esa malhadada partida, su contrincante se hubiera podido en efecto salvar, mas ello hubiera perjudicado a un tercer jugador quien, en definitiva, fue el que ocupó la plaza en el equipo olímpico, por lo que consiguió su salvación personal.

Pese a este alivio espiritual que supo llegar a oídos de un conmovido Najdorf, con todo no deja de ser muy angustiante que, en la práctica, hubo un hecho agonal con consecuencias tan extremas y distintas: un ajedrecista vino (y sobrevivió), otro se quedó (y murió prontamente), pudiendo los papeles haberse invertido exactamente. ¡Y eso  se decidió en una partida de ajedrez en la que Najdorf ofició de involuntario  verdugo (de un jugador) y salvador (del otro)!

¿TUVO MOSHE CZERNIAK SU PROPIA ENCRUCIJADA AL ARMARSE EL EQUIPO DE PALESTINA?

En esta misma línea de argumentación se ha dicho que fueron muy delicadas las consecuencias derivadas del armado de la delegación de un conjunto denominado Palestina, el que había participado previamente en Varsovia´35 con jugadores residentes en un territorio asiático que, en ese tiempo, era administrado por los británicos.

Para la competencia de 1939 se especuló que, adicionalmente, se había completado el equipo con otros ajedrecistas que, viviendo aún en Europa, profesaban la fe judía.

En ese contexto se ha especulado que el polaco Moshe Czerniak (1910-1984) pudo haber sido protagonista de un gran dilema a la hora de reclutar a los integrantes de ese conjunto. El propio jugador sobre el punto rememora:

“Nosotros fuimos contactados por algunos bien conocidos jugadores judíos, quienes escaparon de sus casas debido a Hitler, siendo agregados al team de Palestina para alcanzar la Argentina de ese modo”.

De esas palabras se desprende que las personas que se querían sumar vivían aún en Europa ya que, en caso contrario, el dilema de incorporarlos o no era indiferente ya que, en los territorios de Palestina, sus habitantes estaban a salvo, por razones de distancia, del avance nazi.

Está claro que había un límite dado en la cantidad de jugadores que se pueden presentar por equipo. Por ende, las reales posibilidades de Czerniak et al. (el jugador usa el plural al referirse a la decisión que debía adoptarse) eran muy magras.

Por lo demás, yendo a cuestiones más prácticas, no era fácil en ese tiempo desplazarse de un punto a otro, consiguiendo las respectivas visas y, en definitiva, poder, emigrar.

Es que, lamentablemente, ese virtual arca de Noé en el que se convirtió el buque que partió de Amberes con proa a Buenos Aires, donde se condujo la mayoría de los ajedrecistas a Sudamérica desde una Europa a punto de entrar en llamas, no tenía espacio para todos…

Equipo de Palestina Olimpiada de las Naciones 1939
Equipo de Palestina Olimpiada de las Naciones 1939

Bajo el nombre de  Palestina se conocía, para el tiempo de la prueba de Buenos Aires, un territorio ubicado en Asia que venía siendo administrado por los británicos a partir del mandato conferido por la Sociedad de Naciones después de la Primera Guerra Mundial.

Y a ese espacio geográfico, en el cual después de la Segunda Guerra se constituirán Israel y Jordania (y donde el pueblo palestino sigue reivindicando contar con un lugar propio), acudieron numerosas personas de Europa que profesaban la fe judía, entre ellas ajedrecistas.

Ese es el caso del propio Czerniak quien,desde 1934, se radicó allí, habiendo sido campeón local en 1936 y 1938; representante olímpico en Varsovia´35 y campeón de Jerusalén en 1939.

Tras la Olimpíada de Buenos Aires, en la que ofició de primer tablero, se quedará en la Argentina por un buen tiempo, habiendo en 1950 de regresar, ya a una Israel constituida como Nación, siendo campeón del país en 1955, múltiple representante olímpico, participante de torneos europeos (en varios obtuvo respetables posiciones) y, al cabo de todo, transformándose en  una de las figuras principales de la historia para este país (y alcanzó la posición N° 46 del ranking mundial en 1950).  

En la Olimpíada de la capital polaca había oficiado de primer tablero de Palestina  Yosef Porath (1909-1996) quien, en 1934, también había emigrado de Europa, siendo campeón del nuevo territorio en 1937 y 1940.

Es la misma persona que, bajo el nombre original de Heinz Foerder, había sido representante olímpico alemán en La Haya´28. Por lo demás se lo ve participar en el mes de abril de 1939 de una competencia en el club Lasker de la ciudad de Tel Aviv, en la que también estuvieron Czerniak y Winz. Con el tiempo será un ajedrecista que representará a Israel en múltiples competencias olímpicas, habiendo de alcanzar el título de Maestro Internacional.

El tercero de quienes vienen a Buenos Aires es Víktor Winz (1906-sin data de la fecha de muerte), nacido también en Alemania. También venía residiendo en territorios palestinos desde inicios de los años 30, siendo integrante del equipo olímpico en Varsovia´35. Se quedará en la Argentina desde 1939, regresando a Europa sólo ante la culminación de la guerra, viéndoselo jugar un campeonato en Berlín en 1957.

Imagen de una competencia disputada en abril de 1939 en Palestina (se los observa a Porath y Winz), en
Imagen de una competencia disputada en abril de 1939 en Palestina (se los observa a Porath y Winz), en https://1.bp.blogspot.com/-2HeOZxJ9avs/XW04wxGL-rI/AAAAAAAFEbw/5SbVDpKagBINyCrT_SvDYrQZYC0lmKIsACLcBGAs/s400/Passsover%2B1939%2Btournament.jpg

Si bien no figura en el precedente documento gráfico, al menos en el trabajo de Corfield (citado en la bibliografía) se asegura que también habitaba en Palestina, para el momento del Torneo de las Naciones de 1939,  Zelman Kleinstein (Zalamans Kleinsteins) (c. 1910, sin data de fallecimiento). Nació en Daugvapils, ciudad de Letonia que, en ese tiempo, formaba parte del Imperio Ruso, era un importante punto ferroviario en la conexión entre San Petersburgo y Varsovia.

Kleinstein, tras su participación en 1939, decidirá no regresar a su lugar de procedencia viéndoselo aún, para los años 70 (cuando le perdemos los rastros), en calidad de asistente del Club San Telmo en la capital argentina. Para entonces vivía en un hogar-refugio para ancianos y/o gente sin techo que estaba ubicado cerca de la intersección de las avenidas Paseo Colón e Independencia, en ese popular barrio porteño, tal como nos lo informa Francisco Aprea, un referente de esa institución. 

Por ende habría que concluir que, únicamente, el polaco Meir (Meyer) Rauch (1909-1983) habría sido incorporado por Czerniak siendo que eventualmente viviera para 1939 en Europa, lo que no hemos podido fehacientemente determinar. Aunque lo inferimos ya que, en caso contrario, de también vivir para entonces en Palestina, el dilema que se le habría presentado a quienes organizaron el equipo presentado en Buenos Aires no sería tal.

Por lo demás Rauch, si bien se quedará un tiempo en la Argentina, habrá de emigrar a Israel hacia 1945, es decir, poco antes de que se declare la creación efectiva del Estado de Israel. 

Tras esta revisión podemos concluir que, la mentada encrucijada de Czerniak et al. no habría sido tal o, en todo caso, estuvo reducido a una mínima expresión.

Con todo es interesante analizar esta situación ya que aporta un elemento de juicio más en cuanto a determinar la relevancia que tuvo para los ajedrecistas europeos, particularmente para quienes eran judios, de poder emigrar, a Buenos Aires con el argumento del Torneo de las Naciones, o adonde fuera, de forma tal de poder preservar sus existencias.

El gran Rudolf Spielmann logrará emigrar, aunque morirá en la indigencia

Está claro que Czerniak et al., en el mejor de los casos, al armar el equipo palestino no estuvieron en condiciones de considerar a todos los ajedrecistas judíos que, estando en diversos países del continente que se aprestaba a ser protagonista del conflicto mundial, corrían serios riesgos.

Es más, si la idea hubiera sido que el conjunto de Palestina estuviera integrado por los mejores jugadores judíos europeos, y no por quienes ya habitaban el espacio geográfico administrado por los británicos en Asia Menor, muchos de los definitivos integrantes del conjunto enviado a Buenos Aires ni siquiera hubieran tenido espacio para estar, dada su notoria menor fuerza ajedrecística respecto de otros colegas que permanecieron en continente europeo.

Ese fue el caso del notable maestro austriaco Rudolf Spielmann (1883-1942), un muy fuerte jugador que, a lo largo de su vida, tuvo una dilatadísima trayectoria, desde sus precoces años en los que deslumbró como niño prodigio.

Participó en más de 120 torneos, habiendo ganado más de una treintena de ellos. Por ejemplo en Semmering, en 1926, se impuso delante de Alekhine, Tartakower, Rubinstein, Réti, Tarrasch, Nimzowitsch y otros. Asimismo, disputó numerosos matches (cerca de medio centenar).  Era conocido como “El último rey del Gambito del Rey” por su afición a esta variante de la apertura, siendo su estilo de juego decididamente romántico y agresivo.

En 1913 llegó a ser el jugador número 6 del mundo para Chessmetrics (a lo largo de este trabajo siempre la fuente de esa clase de consideraciones, en cuanto a la posición en el escalafón mundial, corresponderán a ese sistema de medición, la que no puede considerarse exacta y, menos aún, oficial), sólo detrás de Rubinstein, Nimzowitsch, Marshall, Tarrasch y Schlechter, y por delante de tres campeones mundiales (el de por entonces y dos que lo serían): Lasker, Capablanca y Alekhine.

En Olimpíadas representó en dos ocasiones a su país en el segundo tablero (en ambas detrás de Grúnfeld): en 1931 hizo 10 en 16 (5 triunfos, 10 empates y 1 derrota) y en 1935 alcanzó 9½  en 17 (5 victorias,  9 tablas y 3 caídas).

Spielmann, pese a no ir a Buenos Aires, logrará recalar en Suecia, tras pasar previamente por Praga y los Países Bajos, en una providencial escapatoria que no iba a ser sinónimo de bienestar. Es que moriría en la máxima indigencia, como lo destaca el argentino Roberto Grau (1900-1944), quien expresó:

“Spielmann pagaba la absurda culpa de ser judío, muriendo falto de recursos en Estocolmo”.

Rudolf Spielmann
Rudolf Spielmann

La Segunda Guerra Mundial alteró dramáticamente el curso de vida natural de todas las personas integrantes de las naciones que entraron en conflicto, o que potencialmente podían ser atravesadas por él, ya sea en forma directa o por consecuencias derivadas. Que un gran maestro como Spielmann terminara viviendo, y en definitiva muriendo, en condiciones tan penosas, aun tras haber podido alcanzar una situación de exilio que era en apariencia protectora, es un caso paradigmático que evidencia que todos, de una u otra manera, ajedrecistas y quienes desde luego no lo fueran, serán víctimas de situaciones indeseadas y extremas.

Ases en desgracia: Treybal; Rabinovich; Wolf; Przepiórka; E. Steiner; Landau y Belavenets

Un fin aún más dramático que el antes mencionado, si caben esa clase de comparaciones en tiempos tan desgraciados, tuvieron otros ajedrecistas notables de cada tiempo: el austriaco Heinrich Wolf (1875-1943);  el polaco Dawid Przepiórka (1880-1940); el checo Karel Treybal (1885-1941);  el ruso Ilya Rabinovich (1891-1942); el húngaro Endre Steiner (1901-1944), el neerlandés (por adopción) Salo Landau (1903-1943 o 1944), y el ruso Serguei Belavanets (1910-1942), todos muertos en esos ominosos años.

De ellos, hay dos jugadores que, por su vigencia, podían en principio haber sido de la partida del Torneo de las Naciones de Buenos Aires y, por ende, haber tenido una probable vía de escapatoria: Steiner y Landau.

En cuanto a Steiner, está claro que ello le resultó imposible ya que  Hungría no participó de la prueba por razones financieras y, además, en el  torneo de selección que previamente se realizara no participó (fue ganado por Barcza delante de Kóródy, Füster, Tipary y Török).

Landau, por su parte, y también Euwe, iban a ser de la partida ya que eran los máximos representantes holandeses. Lo que sucedió es que, como desde Buenos Aires se pospuso de la fecha original establecida en julio a otra fijada en el mes de agosto, eso alteró los planes originales de todos. Para peor, la ausencia del país de residencia demandaba unos tres meses (dos de viaje, en la ida y vuelta, y otro de la propia competencia), lo que exigía muchos arreglos de detalles personales si se quería concurrir.

En esas condiciones, ambos jugadores neerlandeses decidieron cambiar de planes e ir al campeonato que los ingleses organizaron en Bournemouth  (triunfo de Euwe delante de Flohr, Klein, Koenig y el propio Landau), el que se jugó precisamente en el mes de agosto, es decir cuando iniciaba la contienda olímpica en la Argentina.

Igualmente, si Landau hubiera ido a Sudamérica, se le hubiera planteado la duda de regresar, máxime que su familia estaba esperándolo en el hogar, o la de permanecer, una decisión que, del equipo de los Países Bajos, sólo adoptará Christiaan De Ronde.

Otro que podría haber ido a Buenos Aires, ya no como jugador (fue un gran ajedrecista pero, para el momento, había perdido competitividad), mas hacerlo, y con todo derecho, en calidad de acompañante y/o analista, era  Przepiórka quien, para más, financió de su propio peculio la mitad de los gastos que demandó la participación del equipo polaco en Buenos Aires. Probablemente esa posibilidad ni siquiera se la planteó (¡y eso le hubiera salvado la vida!), dada la exigente travesía en barco y el prolongado tiempo de ausencia que le hubieran esperado en caso de haber decidido ser de la partida.

Por su parte Treybal, siendo judío, difícilmente pudiera haber sido invitado a integrar la delegación del Protectorado de Bohemia y Moravia, como se rebautizó a su país natal (el que había sido ocupado a inicios de 1939 por Alemania), estatus bajo el que estuvo presente en la capital sudamericana. Y Belavenets, pese a su fuerza, tenía muchos otros ajedrecistas soviéticos que lo superaban (lo mismo podría decirse de un ya veterano Rabinovich), y, para más, la URSS tampoco fue de la partida en Buenos Aires. En cuanto a los restantes, Wolf y Przepiórka, lo mejor de su carrera ya era parte del pasado para ese tiempo de la Olimpiada sudamericana.

Hablemos de los destinos trágicos individuales de esos siete grandes jugadores, comenzando por Wolf, quien en 1943 muere en el gueto de Riga, la capital de Letonia, a donde los nazis trasladaron a los judíos desde octubre de 1941.

Este jugador había sido nada menos que el jugador N° 11 del mundo entre 1906 y 1907. Entre otras grandes actuaciones, compartió el quinto puesto (ganó Janowsky en presencia de numerosas figuras de la época, entre ellas Mieses, Atkins, Pillsbury, Chigorin y Marshall) en Hannover en 1902, donde hizo 8 puntos sobre 12, y en 1905 en Viena escoltó a Schlechter en otra importante prueba.

Wolf, en 1908, fue uno de quienes asisten al campeón mundial Lasker en su preparación para el match por el título contra Tarrasch, realizado en Düsseldorf y Múnich, cosa que hizo con Alapin, siendo ambos los primeros ajedrecistas de la historia en desempeñar esa clase de rol. 

Przepiórka había contribuido a la medalla de oro de su equipo en Hamurgo´30 y a la de plata en Praga´31, como tercer tablero (siempre detrás de Rubinstein y Tartakower) haciendo, respectivamente  9 puntos en 13 y 10 en 17. Por otra parte fue uno de los principales organizadores de los Juegos de Varsovia´35, aunque ya ausentándose en su carácter de jugador.

Su mejor década había sido la anterior, en la que llegó a ser el jugador número 15 del mundo, lo que ocurrió en julio de 1929, siendo su ranking más alto el de 2.612 correspondiendo al mes de septiembre.

Cuando Euwe se consagra en 1928 en La Haya campeón mundial aficionado Przepiórka, en una actuación descollante, queda segundo, a solo 1 punto del vencedor; y delante del letón Matisons, el ganador de la primera edición, la anterior, la de París´24.

Fue, además, el primer campeón polaco en 1926 (su única corona nacional) y, en los años 30, será elegido director de la Federación Polaca de Ajedrez.

Con la invasión alemana, en principio le destruirán su propiedad. Tiempo después hallará la muerte en el campo de concentración ubicado en la localidad de Palmiry, tras haber sido apresado por estar presente en una reunión prohibida que se hizo el 17 de enero de 1940 en el Kwieciński Chess Café de Varsovia donde, además, se hallaban otros ajedrecistas que tendrán un destino trágico (Kohn, Lowtzky y A. Frydman).

Palmiry fue el ominoso escenario de una de las mayores ejecuciones en masa que afectaron a unos 1.700 polacos, muchos de ellos intelectuales, ordenadas por las autoridades nazis, lo que sucedió a lo largo de un periodo que va de 1939 a 1941. Allí Przepiórka verá el fin de sus días, lo que habría ocurrido entre los meses de marzo y abril de 1940.

David Przepiorka

Imagen de Dawid Przepiórka, en De Henri Weenink – Henri Weenink: David Przepiórka, a Master of Strategy. A collection of his chess problems and end games thematically arranged and discussed by H. Weenink, Amsterdam 1932, https://es.wikipedia.org/wiki/Dawid_Przepi%C3%B3rka

El ruso Ilya Rabinovich (1891-1942), quien en 1934 fue campeón soviético en forma compartida con Levenfish, disputó a lo largo de su carrera ocho finales de la URSS en total y fue múltiple campeón de Leningrado. Además se convirtió en el primer ajedrecista de su país en ser autorizado a jugar fuera de sus fronteras, precisamente en este último año.

Ya con la Primera Guerra Mundial Rabinovich,  el jugador N° 16 del mundo en 1925, había sido confinado en prisión, junto a todos los participantes de la competencia de Manheim (entre ellos Alekhine), en 1914, cuando se declara la guerra entre alemanes y rusos.

Y en el siguiente conflicto generalizado será  evacuado de una sitiada Leningrado y, si bien sobrevivió, morirá poco después,  en un hospital en Perm, Rusia, producto del agotamiento, y quizás, a consecuencia del hambre y frío sufridos previamente.

Karel Treybal  había integrado la delegación de su país en las Olimpíadas de 1930, 1933 y 1935, habiendo ocupado en las dos primeras el segundo tablero, siendo su plaza la cuarta en la restante. En Folkestone´33 contribuyó a la medalla de plata que por equipos obtuviera Checoslovaquia. A lo largo de esas pruebas hizo 22 puntos en 40, un rendimiento del 55%.

Fue el segundo campeón de Bohemia (parte del Imperio Austro-Húngaro) en 1907 y, ya siendo Checoslovaquia (país creado tras la Primera Guerra Mundial), en 1921 lo será en forma compartida (con Prokes y Hromádka).  En 1925 alcanza su cénit al ser el jugador número 15 del mundo.

En mayo de 1941 Treybal es arrestado, bajo las falsas acusaciones de posesión ilegal de armas y apoyo a la resistencia (de hecho no se conocen manifestaciones políticas que surgieran de su boca o pluma aunque, sí, su entereza para afrontar la prisión y ayudar a otros detenidos), siendo ejecutado sumariamente en el mes de octubre, el mismo día en que se le leyeran los cargos y la sentencia.

El húngaro Endre Steiner muere a los 43 años en un campo de concentración que se dice estaba cercano a Budapest (había en sus proximidades uno que era sólo de tránsito, los judíos húngaros en general eran enviados al más estable de Terezin en la República Checa), en un hecho que ocurrió en diciembre de 1944.

En 1939, cuando no pudo llegar a Buenos Aires, estaba atravesando por lo mejor de su carrera ya que, entre julio y agosto, ocupó el puesto 16 del mundo, con un ELO de 2.644 en el segundo de esos meses, superando, por ejemplo, a Bogoljubow, Ragozin, Lilienthal y Petrovs.

Si bien tuvo muy buenos desempeños en torneos individuales, su máxima contribución la hizo en Juegos Olímpicos, habiendo debutado en 1924 en los oficiosos de París, donde fue parte del equipo subcampeón aunque, en lo personal, hizo apenas 2 puntos en 5 en el grupo 4 clasificatorio, repuntando luego en la fase consuelo en la que acumuló 5½ en 8. En otros juegos extraoficiales, los de Budapest ´26, encabeza el equipo de su país que es campeón, oportunidad en la que obtiene 3 puntos en 6 (2 triunfos, 2 empates y 2 derrotas).

Ya en Olimpíadas oficiales, con la de Londres´27 en primer término, forma parte del primer equipo campeón (encabezado por Maróczy), yendo en condición de  reservista, concretando 6 triunfos, 5 empates y 2 derrotas. Una nueva medalla de oro obtiene su país en La Haya´28, y Steiner asciende al  segundo  tablero, cosechando 10 triunfos, 3 empates y 3 derrotas. En Hamburgo´ 30 vuelve a ser suplente,  oportunidad en la que su equipo es medalla de plata y él, convincentemente, logra 7 triunfos, 5 empates y 2 derrotas. En Praga´ 31 es el primer tablero (su hermano menor Lajos es el segundo), de un pálido conjunto húngaro que queda décimo; allí Endre Steiner hace apenas 6½ en 15.

Tras sendas ausencias olímpicas en 1933 y 1935, regresa formando parte de otra competencia oficiosa, la de Múnich´ 36 y, en el tercer tablero, logra 11 triunfos, 1 empate y 6 derrotas, contribuyendo a un nuevo éxito del conjunto magyar. Su despedida se daría en Estocolmo´ 37, siendo su país en esa ocasión medalla de plata, alcanzando Steiner, por vez primera, una presea, que será de ese mismo metal, por su actuación individual, ya que en el tercer tablero hace extraordinarios 14½  en 18, siendo superado únicamente por el norteamericano Kashdan, a quien incluso venció en la competencia.

Endre Steiner, fue dicho, era el hermano de otro ajedrecista notable, Lajos Steiner (1903-1975), quien se escapará del contexto de terror europeo al aprovechar un viaje que hizo a Australia de 1939, donde se radicará (en Sidney, en 1975 terminarán sus días).

Lajos también había tenido una destacada participación olímpica, habiendo ocupado el segundo tablero en 1931 y 1933, el primero en 1935 y, de nuevo, el segundo en la prueba oficiosa de 1936, habiendo cosechado una medalla de plata individual en el debut y en la despedida.  

En su nueva patria será múltiple campeón e, incluso, tras la culminación de la guerra mundial, retornará esporádicamente a Europa, compitiendo en el Primer Torneo Interzonal disputado en  Saltsjöbaden, Suecia, en 1948, bajo bandera australiana, el que es ganado por Bronstein.

Lajos llegó a ser el jugador número 11 del planeta entre julio y agosto de 1937, cuando tenía 34 años y, si bien salvó su vida, no pudo evitar que su hermano mayor Endre, su padre y otros integrantes de su familia, sucumbieran por la masacre del nazismo.

Landau, por su parte, tuvo un recorrido vital muy dinámico, en sintonía con las geografías móviles de los países correspondientes particularmente a la Europa Central y Oriental. Nació en una localidad que pertenecía al Imperio Austro-Húngaro y, en la Primera Guerra Mundial, se trasladó junto a los suyos a Viena mas, luego en solitario, irá a Rotterdam, ciudad que será su elegida residencia.

En los Países Bajos, al ser judío, tuvo sus consiguientes temores ante el avance nazi que ocupará ese territorio desde mayo de 1940. Se esconderá en la casa de Euwe, la máxima figura local, quien era muy respetado por su calidad de excampeón del mundo.

En septiembre de 1942, sintiéndose de todas formas amenazado, intenta escapar con su familia rumbo a Suiza, pero es capturado cerca de la frontera con Bélgica. Es conducido a un campo de concentración en Grodziszcze (Gräditz, en alemán), en Silesia, donde fallecerá, a la temprana edad de 40 años, en una fecha imprecisa que iría de fines de 1943 a principios de 1944. Su mujer e hija corrieron la misma suerte, aunque en Auschwitz, donde fueron conducidas a las “cámaras de gas” en este mismo último año.

En enero de 1939 había tenido su mejor posición histórica personal en el ranking mundial, la número 42 (igual que en enero de 1932). En Olimpíadas, había participado en dos ocasiones defendiendo los colores de su país adoptivo, siendo su debut en Hamburgo´30 en el cuarto tablero (5 triunfos, 7 derrotas y 3 empates), habiendo luego participado en Estocolmo´37 en el segundo (5 triunfos, 2 derrotas y 8 empates). 

Su mejor torneo fue el disputado en Rotterdam en 1931 cuando se impone en un cuadrangular en el que también participaron Colle, Tartakower y Rubinstein. En 1935 Landau secundó a Alekhine en el match por el título mundial que enfrentó al ruso-francés con su compatriota, y futuro protector, Euwe.

El más joven de los siete ases del tablero consignados, y una muy potente figura que a la hora de su caída en desgracia estaba en todo su esplendor, es  Serguei Belavanets (1910-1942), campeón moscovita en 1932, 1933 y 1938 (compartiendo la punta con el futuro monarca mundial Smislov), campeón de Rusia en 1934 y tercero en el campeonato soviético de 1939 (detrás de Botvínnik y Kotov).

Belavenets llegó a ser el jugador número 15 del mundo, y en notorio ascenso a la hora de su muerte, que se produjo a los 32 años de edad, al caer luchando por su patria (era artillero de mortero), en las proximidades de Staraya Russa en 1942, donde se desarrolló una conocida batalla en el marco del avance alemán sobre territorio soviético.

El Letón Vladmir Petrovs, un ajedrecista notable, muerto por las manos ensangrentadas del estalinismo

La URSS, que fue conformándose progresivamente desde la Revolución Rusa de 1917, irá a absorber numerosas naciones, constituyéndose en una entidad política y territorial que será clave en el fin de la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, como uno de los polos de la Guerra Fría. En todo caso, se transformará en una potencia crucial en el transcurso del siglo XX.

Siendo que los nazis la invadieron en la Segunda Guerra Mundial, no es de extrañar que numerosas bajas se produjeran por su responsabilidad, en acciones armadas o, como se verá más adelante, en el contexto del durísimo sitio al que fue sometido la ciudad de Leningrado (actual y previamente, San Petersburgo).

Por otro lado, es importante consignar que algunas naciones, particularmente las del Báltico, que habían obtenido la independencia tras la Primera Guerra Mundial,  podían ser ocupadas ahora por unos u otros (alemanes o soviéticos), dejando sus nefastas secuelas.

El régimen comunista quedó en manos de Stalin una figura que, de ser uno de los protagonistas indispensables para la liberación del mundo de las garras de Hitler, (a quien no obstante en 1939 desde la URSS se le dio en los hechos vía libre para la invasión de Polonia por un Tratado de no Agresión suscrito en 1939 por ambos países) verá asimismo manchadas sus propias manos de sangre al propiciar acciones contra los que consideraba enemigos del régimen. En esas condiciones, algunos ajedrecistas caerán bajo la ola de terror impuesta desde lo más alto del poder.

El principal de ellos, pero no el único (más adelante se presentarán otros casos), es el del extraordinario jugador letón Vladimir Petrovs (1907-1943), quien había podido concurrir a Buenos Aires 39, representando a su Letonia natal.

Allí obtuvo medalla de bronce por su desempeño individual en el primer tablero (las de oro y plata fueron para Capablanca y Alekhine, respectivamente). Terminó esa competencia invicto, con 8 triunfos (vence, entre otros, a Mikénas, Tartakower, Czerniak y Grau) y 11 empates (Alekhine, Capablanca, Keres, Ståhlberg, fueron algunos de los rivales con los que dirimió supremacías).

En Argentina se quedará un tiempo breve, habiendo ganado un torneo en Rosario delante de Eliskases y Mikénas. Nos preguntamos cuánto habría cambiado su vida de haber decidido prolongar su estadía en destino sudamericano como hicieron tantos de sus colegas…

Petrovs, previamente, venía teniendo asistencia perfecta en los Juegos Olímpicos, desde 1928, habiendo sido medalla de oro en el tercer tablero en 1931. Incluso estuvo en los oficiosos de Múnich´36.

Por otra parte, había sido triple campeón de Letonia (1930, 1934 y 1937), y en 1937 se impuso en forma compartida con Reshevsky y Flohr en el fortísimo torneo de Kemeri, delante de Alekhine, Keres, Fine y Tartakower.

Su país era prenda codiciada, tanto por los alemanes como por los soviéticos: de hecho, en 1940 la URSS lo anexó. En ese contexto Petrovs pasa a ser parte de un conglomerado nacional más amplio, por lo que disputa el campeonato soviético, quedando décimo entre 20 jugadores ese mismo año, siendo en 1941 segundo en el campeonato moscovita, repitiendo el año siguiente esa ubicación. Parecía que se estaba adaptando a su nueva realidad nacional, más no fue ese precisamente el caso…

Cuando los alemanes invaden la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941, no pudo regresar a su casa en Letonia, donde estaban su mujer e hijo. En ese preciso momento estaba jugando la semifinal del campeonato soviético en Rostov on Don (iba segundo de Tolush), cuando la prueba se suspende por esa causa.

Permaneció en Rusia, pero será arrestado por los soviéticos el 31 de agosto de 1942, acusado de “actividades contrarrevolucionarias”. Lo que había hecho Petrovs era, en tiempos en que las disidencias no eran admisibles por el régimen, y vistas las consecuencias habría que decir que imprudentemente, cuestionar la ocupación soviética de su país natal, siendo sentenciado por ello a diez años de trabajos forzados.

Se lo traslada a un campo de labores correctivas, en lo que se conoce como Gulags, en este caso en uno ubicado en la ciudad de Vorkutá, a 40 km, al norte del Círculo Polar Ártico, que fue creada para explotar la mina de carbón y donde la temperatura podía llegar… ¡a los 50 grados bajo cero!. En esas condiciones Petrovs verá terminar sus días, en 1945, producto de una neumonía, en un periodo en el que estaba alojado en la cárcel de Kotlas.

El régimen comunista, no queriendo aceptar este trágico suceso, por mucho tiempo borraría a Petrovs de los libros de ajedrez. Recién en 1989, gracias a la glasnot, se abrieron los archivos de la KGB, por lo que su memoria será rehabilitada. Ahora Petrovs estará, y por siempre, en los textos en los que se menciones las grandes figuras de mediados del siglo XX!!!

El nazismo causante de la muerte de la primera Campeona mundial de la historia: la majestuosa Vera Menchik

Y si de personalidades notorias caídas en el contexto de la Segunda Guerra Mundial se habla, no hay otra más importante que la de una mujer, quien era nada menos que la campeona mundial vigente, la primera de la historia, la única que enfrentó a los varones de igual a igual en la primera mitad del siglo XX.

Nos referimos, claro está, a Vera Menchik (1906-1944) quien hallará la muerte, junto a su madre y hermana, Olga Menchik (1908-1944), una buena ajedrecista que jugó finales de campeonato mundial femenino (fue cuarta en la sexta edición disputada en Varsovia en 1935), fallecida todas ellas por un ataque nazi con misiles que alcanzó la casa en la que vivían en Clapham, al sur de Londres.

Vera Menchik fue la primera gran ajedrecista de la historia. A nivel femenino ganó, y con absoluta comodidad, todos los campeonatos mundiales (1927, 1930, 1931, 1935, 1937 y 1939) y sendos matches por la corona disputados contra Sonja Graf (1908-1965), la alemana, que era su gran rival entre las de su propio sexo, quien debió emigrar de su país (otra muy probable consecuencia de la Segunda Guerra Mundial), jugando en Buenos Aires bajo “la bandera de la libertad” (ya que no era reconocida por el régimen nazi al que ella a su vez repudiaba), residiendo en Argentina unos años hasta que toma rumbo definitivo hacia los EE. UU.

Menchik nació en Moscú, de padre checo y madre inglesa, habiendo representado a esas tres naciones en competencias internacionales a lo largo de su carrera. Se terminó radicando en Londres, donde se casó con el ajedrecista y directivo Rufus Henry Streatfeild Stevenson en 1937, obteniendo la nacionalidad británica.

Fue toda una novedad, no exenta de dificultades y cuestionamientos, el hecho de que Menchik fuera invitada a participar de torneos de varones, habiendo obtenido, con el curso del tiempo, algunos buenos resultados (dos victorias, por caso, ante el que fuera campeón del mundo Euwe y una ante Reshevsky).

Su formación ajedrecística en buena medida se le debe al fuerte ajedrecista húngaro Maróczy quien la entrenó en la capital de Inglaterra donde la futura gran ajedrecista residió, desde los 15 años de edad.

La primera prueba “masculina” que afronta corresponde al campeonato británico de 1928 en Scarborough, cuando se impuso el inglés Winter, delante del belga Colle. La jugadora, en su primera incursión en esta clase de desafíos, hizo la mitad de los nueve puntos posibles ganándole, entre otros, al fuerte jugador local Yates. 

Al año siguiente consigue la que quizás fuera su mejor actuación en torneos de varones, lo que sucede en Ramsgate, el que se disputó bajo la modalidad de por equipos. Ateniéndonos a los puntajes individuales, podría decirse que Menchik queda a medio punto del cubano Capablanca,  y en la misma línea que el polaco Rubinstein aunque, hay que señalarlo, los tres pertenecían al mismo elenco por lo que Vera no debió enfrentar a sus poderosos compañeros. No obstante, lo hecho aquí fue del todo meritorio ya que quedó invicta, con tres victorias (reluce una ante Sir Thomas) y cuatro empates (el mejor ante el mencionado Yates). 

También en ese 1929 Menchik juega en competencias en París y Carslbad. En esta última ciudad quedará inaugurado un famoso (aunque virtual) club: el de los varones que perderían al menos una partida con ella. Es que uno de los participantes de esa competencia, el austriaco (devenido luego de la Segunda Guerra Mundial en residente argentino) Becker, propuso la formación de esa entidad, bastante sardónicamente, en la creencia de que nadie la integraría (ya que era inconcebible que una mujer venciera a un jugador de ajedrez de fuste). Pero las cosas no saldrían como lo pensaba y, para colmo, al perder Becker mismo con la jugadora, se convertiría en el primer integrante de la nonata asociación.

A lo largo del tiempo, Menchik seguirá siendo invitada a distintos torneos, aunque no tendrá demasiado éxito, a excepción de sendos terceros puestos registrados en 1934 en el torneo de Maribor, cuando se ubicó detrás del yugoslavo Pirc y del húngaro L. Steiner, quedando por delante, por ejemplo, del austriaco Spielmann; y en el Abierto de Yarmouth, en Inglaterra, 1935, cuando vence Reshevsky.

Menchik llegó a ser la jugadora 52 del mundo en 1929 y habrá que esperar, y mucho, para que otra mujer, Judit Pólgar, logre entreverarse en los listines en los que sólo suelen aparecer casi con exclusividad los varones (la húngara, hay que decirlo, será probablemente la única en superar lo hecho por la pionera).

La campeona mundial femenina será protagonista de sendos acontecimientos desagradables en el contexto del conflicto mundial. Primero, en lo que fue todo un preaviso,  siendo responsable del National Chess Centre de Londres, entidad que era por entonces la mayor de la especialidad del mundo (con más de 700 miembros), la verá ser objeto de un incendio destructivo por efectos de una bomba arrojada por los alemanes en el mes de septiembre de 1940. Y, ya sabemos, el destino final de la ajedrecista, junto a su madre y hermana, ocurrirá por un hecho de características similares que afectará el hogar familiar en 1943, llevándose a todos sus integrantes.

En permanente recuerdo de tan majestuosa e inolvidable jugadora, cuando se decidió que recomenzaran las Olimpíadas de mujeres en 1957, al trofeo que se le entrega al equipo vencedor se lo denomina, del todo merecidamente, Copa Vera Menchik

Bombardeos sobre Londres Noviembre 1940
Imagen de la zona atacada por los nazis en 1940 en la que se hallaba el Centro de Ajedrez de Londres, en https://www.chesshistory.com/winter/extra/pics/chesscentre.jpg

Ajedrecistas Polacos: algo de sosiego sólo para quienes logran ir a Buenos Aires

Ya sabemos que Polonia en tanto país, y la población judía en particular, fueron identificados como objetivos especiales del terror nazi. Algunos lograrán no obstante sobrevivir, por supuesto que si lograban arribar a otras tierras.

Por lo pronto Najdorf, el segundo tablero polaco en el Torneo de las Naciones de Buenos Aires, logró rehacer personalmente su vida al quedarse en Sudamérica, aunque toda su familia original será objeto de un cruel exterminio. Se nacionalizará argentino, construirá una nueva vida, brillará ajedrecísticamente en los años 40 (llegará a ser el segundo jugador del mundo durante 33 meses), aunque se le impedirá tener el derecho de acceder al campeonato del mundo al no invitárselo al torneo para hallar al sucesor de Alekhine, será parte del excepcional triple subcampeonato olímpico de su país de adopción en los años 50 (con medalla de oro individual en el fortísimo primer tablero).

Con el tiempo, en el marco de una dilatadísima trayectoria, con una vigencia notable como jugador, y agregando las facetas de mentor, organizador y difusor, Najdorf se transformará en el mejor exponente argentino de la historia, convirtiéndose en una auténtica leyenda de proyección internacional e histórica.

Sus compatriotas y colegas de equipo en Buenos Aires tendrán devenires heterogéneos, comenzando por lo que le tocó vivir a quien encabezó el conjunto que se consagra subcampeón en 1939, el notable (en tantos sentidos) Savielly Tartakower (1887-1956).

Habiendo nacido en la ciudad rusa de Rostov del Don, de familia polaca, será representante olímpico del aludido país ( del que se asegura” nunca aprenderá a hablar el idioma” ), dos veces campeón nacional y su máxima figura por mucho tiempo. Mas, siendo de una familia acaudalada, vivió preferentemente en esos años tanto en Viena cuanto en París, ciudad que será su destino definitivo.  

Fue el jugador N° 3 del mundo en 1921, sólo detrás de Capablanca y de su compatriota Rubinstein,  y uno de los primeros en que obtendrá el título de Gran Maestro en 1950 cuando también lo recibirá el gran Akiba y, aunque ya como argentino, Najdorf, entre tantos otros.

En ambas guerras mundiales Tartakower tuvo un rol destacado en acciones vinculadas a los conflictos: en la primera fue oficial del ejército austro-húngaro; en la segunda, bajo el falso nombre de Cartier, se transformará en oficial de inteligencia al servicio de Francia país al que, al cabo de todo, lo representará ajedrecísticamente en la Olimpiada de 1950.

Unas palabras sobre el mencionado Akiba Rubinstein (1880-1961), quien se retiró de la práctica del juego en 1932, por lo que fue del todo lógico que no estuviera en Buenos Aires´39, pese a sus grandes quilates.

Este gran jugador polaco, y judío, fue una de las máximas figuras de comienzos del siglo XX,  a punto de que fue el N° 1 del planeta durante 28 meses entre los años 1908 y 1914. Nunca tuvo la posibilidad real de enfrentar al campeón Lasker y, máxime que éste estaba relativamente retirado en cierto tiempo, Rubinstein dominaba el panorama por lo que  llegó a ser considerado el primer campeón mundial sin corona.

Una de sus actuaciones más destacadas fue la que le cupo en el torneo de San Petersburgo de 1909 cuando ganó, junto a Lasker (a quien venció en esa oportunidad), delante de Spielmann, Duras, Schlechter y todas las notorias figuras de la época. En los años 20 siguió con buenas actuaciones, no tan significativas como las previas, quedando algo relegado por la fulgurante aparición de Capablanca.

No obstante, de esa época es su presencia en sendas Olimpíadas: en 1930 lidera al equipo polaco que es campeón en Hamburgo, siendo además medalla de oro individual, con un extraordinario desempeño de 13 triunfos, 4 empates y ninguna derrota; y en Praga´31 es parte de la delegación que logra la medalla plateada, teniendo en lo personal 6 victorias, 7 tablas y 3 caídas.

¿Qué pasó con Rubinstein durante la Segunda Guerra Mundial, habida cuenta de que por su condición de polaco y judío corría serios riesgos? Este jugador, quien en su juventud había soñado con ser rabino, mas se decidió por el ajedrez considerando que ¡el juego era más eterno que la religión!, en los años 30 se le había detectado una grave enfermedad mental (se habla de esquizofrenia como cuadro de base). Al desarrollar sentimientos antropofóbicos, se fue conduciendo a un aislamiento progresivo, el que le salvó la vida. Najdorf, quien luego de la guerra llegó a visitarlo, relató las circunstancias de este modo (y no hay que dejar de recordar que el argentino era tan extravertido y locuaz como, por momentos, desmesurado):

“Es muy interesante cómo salvó la vida ante la Gestapo. Estaba medio loco, y un psiquiatra, admirador y amigo suyo, trataba de recuperarlo en su clínica. Cuando los nazis entraron en Polonia fueron a registrar el sanatorio. Entra el oficial de la Gestapo y pregunta: “¿Hay judíos en vuestra clínica?”. “Si”, responde el doctor, “está el famoso gran maestro de ajedrez Akiba Rubinstein, pero está loco”. “Quiero entrevistarme con él. Comprobaré lo que usted me dice”. Entra el oficial de la Gestapo en la habitación donde está postrado el maestro y le pregunta: “¿Es usted el maestro de ajedrez Akiba Rubinstein, judío?”. “Sí, señor”. “Levántese ahora mismo, ¡Venga conmigo!”. “¿Para qué?”. “¡Para trabajar!”. “Ah, a trabajar… ¿A dónde?”. “¡Al campo de concentración!”. “¡Magnífico, eso me encanta!” Y se puso la chaqueta como quien va a ir a la ópera. “¡Quédese, quédese aquí, verdaderamente está loco!” Y de esa forma se salvó del campo de la muerte”.

Regresando a la delegación polaca que arribó a Buenos Aires, otro de los integrantes del equipo, Paulino Frydman (1905-1982), subcampeón de su país en 1926 y en 1935 (aquí en forma compartida), cuatro veces campeón de Varsovia y Maestro Internacional desde 1955 (cuando la FIDE le conferirá el título), decide quedarse al cabo de la competencia en la Argentina, donde se adaptará perfectamente, participará de numerosos torneos e, incluso, dirigirá una popular sala de ajedrez en el centro de la ciudad.

Frydman representó a Polonia en Olimpíadas desde La Haya´28, habiendo acumulado nada menos que diez medallas: en forma colectiva, 1 de oro, 2 de plata (incluida la de Buenos Aires) y 3 de bronce; en la faceta individual, 2 de plata (sumándose la que obtendrá en 1939) y 2 de bronce. En la prueba oficiosa de Múnich´36 jugó en el primer tablero. En 1934 alcanzó el puesto 19 en el oficioso ranking mundial.

Teodor Regedziński (1894-1954), otro connotado olímpico que venía jugando desde La Haya´28, con muy buenas performances individuales acompañando los permanentes éxitos de su conjunto. En el debut fue el tercero mejor en su tablero (no se daban medallas entonces a esa clase de desempeños); en 1937 fue medalla de plata y, en Buenos Aires, lo será de bronce.

Regresará, como Tartakower, a Europa tras la competencia, habiendo de  adoptar ahora el más conveniente nombre de Theodore Reger, reforzando la idea de su origen germano (no era judío, a diferencia de todos sus colegas de equipo de Buenos Aires). Habrá de disputar torneos en Alemania, incluso un torneo nacional, asistiendo al régimen de ese país en su carácter de traductor por lo que, ulteriormente, será acusado de colaboracionista por los comunistas, quienes lo arrestarán y condenarán a cuatro años de labores de campo. Tras su liberación en 1952 volverá al ajedrez, y a las fuentes dado que recupera su apellido original, disputando el campeonato nacional de su natal Polonia, oportunidad en que empatará el quinto puesto.

El último de los integrantes de Polonia en Buenos Aires, Franciszek Sulik (1908/1997), que había sido campeón de Lvov, su ciudad natal, en 1938, se quedará en el sur de América por un tiempo, siendo subcampeón del Torneo Mayor (el campeonato nacional) de Argentina en 1940.

Luego regresa en un buque de bandera inglesa para luchar como reservista de su patria en Italia entre los años 1943 y 1945, pero seguirá su derrotero, emigrando primero a Escocia y, en definitiva, a Oceanía, donde habrá de vivir en Hazelwood Park, en los suburbios de la ciudad de Burnside en Adelaida.

En su definitiva casa, también al sur, como en 1939, mas del otro lado del Océano Pacífico, se lo apreciará participar de los campeonatos del estado de South Australian, siendo nueve veces campeón (comenzando por 1954). Por su parte, en el campeonato nacional de Australia, se advierte que una de sus últimas presentaciones es en Adelaida en 1980, siendo Sulik muy veterano, haciendo 5 puntos y medio sobre 13, cuando se impone Rogers.

Ajedrecistas Polacos (todos) y dos Húngaros participantes en el Torneo de las naciones de París 1924, perecerán en manos nazis

Si los ajedrecistas polacos que fueron a Buenos Aires después de la competencia olímpica pudieron ver que sus trayectorias tuvieron cursos diferentes, pero en todo caso de notoria vitalidad, lo propio no iba a acontecerles a sus colegas y compatriotas que no tuvieron la oportunidad de emprender esa larga travesía, en particular a quienes profesaban el judaísmo. Y, dentro de esa taxonomía, ya hemos hablado del destino trágico que tuvieron Spielmann, Przepiórka y Appel.

Comencemos a completar la revisión del cuadro, para hacerlo más general, remontándonos algo en el tiempo, observando cuál fue el destino ulterior de quiénes habían representado a Polonia en el Torneo de las Naciones de París de 1924, la primera prueba oficiosa olímpica, en cuyo marco surgirá la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

En esa instancia su mejor exponente, aunque sin acceder a la fase final, fue Dawid Daniuszewski (1885-1944), quien en los años atroces será confinado en el gueto de Lodz, donde hallará la muerte.

Este jugador había sido de la partida en el primer campeonato soviético realizado en 1920 en Moscú, donde se impuso Alekhine y, ya sobre el fin de sus días, se lo advertirá disputando en el mes de febrero de 1944 una partida con su compatriota Salomon Szapiro (1882-1994) en el gueto en donde ambos estaban confinados y donde se daría el fin de sus respectivas existencias.

Los otros jugadores polacos que habían estado en París´24, arribando a la instancia de consuelo, fueron Jan Kleczyński (hijo)(1875-1939), quien tuvo un padre de igual nombre (el primer subcampeón de ajedrez de Polonia, allá por 1868, detrás de Winawer); Karol Piltz (1903-1939) y Stanislaw Kohn (1895-1940).

Kleczyński, quien heredó de su progenitor la columna ajedrecística en el diario de la capital del país Kurier Warszawski, fue el primer ajedrecista en fallecer tras desatarse la Segunda Guerra Mundial ya que, en pleno bombardeo a Varsovia en 1939, perece de un ataque al corazón; Piltz morirá en el gueto de Varsovia (y es fácil saber o suponer en qué condiciones lamentables se habitaba en ese espacio de confinamiento), mientras que Kohn fue víctima en una ejecución en masa perpetrada en el campo de concentración de Palmiry, hecho que ocurrió en marzo o abril de 1940.

Y es en Palmiry donde, además de Kohn y de Przepiórka (como ya se indicó oportunamente), también serán exterminados Achilles Frydman (1904-1940), a quien se lo recuerda como un jugador bastante especial (en el torneo de Lodz en 1938 se presentó a jugar frente a Tartakower… completamente desnudo), siendo en algún momento trasladado a un asilo mental en Kocborowo, antes de ser arrestado y ejecutado por los nazis, y Moishe Lowtzky (o Lowcki) (1881-1940), jugador N° 22 del mundo en 1916, nacido en Ucrania, mas devenido polaco, que tuvo su momento ajedrecístico de gloria al ser cuarto en un torneo disputado en 1914 en San Petersburgo, en el que fue antecedido por Alekhine y Nimzowitsch.

El delegado de Polonia en París, quien suscribiera el acta fundacional de la FIDE, fue Izaak Towbin (1899-1941), otro judío que había nacido en Ucrania, quien termina sus días también en el gueto de Varsovia.

Como se aprecia, en un trágico símbolo de los tiempos, ¡todos los representantes de Polonia en el torneo colectivo por naciones primero de la historia, el que se disputó en 1924 en la capital francesa, habrán de ser víctimas directas del Holocausto! Más adelante, en la descripción año a año aparecerán, con tristeza, y sin solución de continuidad, los nombres de muchos otros ajedrecistas polacos y judíos que perdieron la vida en ese cruel tiempo.

Por lo pronto, y dado que pusimos en este apartado el foco de atención en la prueba olímpica oficiosa y pionera, habría que agregar que dos jugadores húngaros, corrieron la misma suerte de sus compañeros de fe polacos.

Ya se habló del caso del húngaro Endre Steiner, por lo que es el turno ahora de abordar la situación de su compatriota, Kornél Havasi (1892-1945), quien incluso fue finalista en París (6 puntos sobre 11 en el acumulado, con un desempeño pobre en la instancia postrera tras haber ganado el Grupo 8 clasificatorio) y que fallecerá en Bruck/Leitha (Austria) tras haber debido oficiar en sus últimos años como fuerza de trabajo para los nazis.

Havasi fue el jugador 24 del mundo en años muy distantes (1913 y 1939), evidenciando su vigencia en un lapso prolongado de tiempo. Fue campeón de su país en 1922 y, en Olimpíadas, también se destacó, habiendo ocupado el cuarto tablero en Londres´ 27, cuando su país se consagra campeón olímpico (el primero oficial de la historia).

Tendrá ulterior asistencia perfecta olímpica, ya que se lo ve en La Haya´ 28; Hamburgo´ 30 (12 puntos sobre 14, finalizando invicto); Praga´ 31; Folkestone´33; Varsovia´35 (invicto 9 en 11); en los Juegos extraoficiales de Múnich´36 (10 en 16, una vez más inmbatido)   y en Estocolmo´ 37.  Por supuesto que no vino a Buenos Aires en 1939 ya que Hungría, como fue indicado, desistió de concurrir.

Havasi logró siete medallas olímpicas (incluidas las obtenidas en pruebas oficiosas): tres con su conjunto de oro (1927 y 1928 y en la de Múnich´36)  y tres de plata (1930 y1937, y en la de París´24), y una en la faceta individual, también argenta, obtenida en 1935; además de la honorífica al haber sido finalista en la capital francesa en 1924.

Otros ajedrecistas muertos en el periodo 1939-1945

Además de todos los casos previamente indicados, y corriendo el riesgo de omitir algunos nombres relevantes, en orden cronológico pueden agregarse los siguientes:

EN 1939

Se aprecia que la URSS, y no sólo el nazismo, comenzaba tempranamente a ser responsable, por consecuencia de acciones políticas y/o de inteligencia, policiales o paramilitares, de la pérdida de vida de ajedrecistas. Eso le sucedió este año, probablemente, al maestro polaco Kalikst von Morawski (1859-1939), pudiendo haber muerto, ya sea durante la ocupación soviética a la ciudad de Lvov (la que duró hasta 1941), ya sea por haber sido confinado a Siberia.

EN 1940

Además de los casos ya señalados registrados este año (Przepiórka, Kohn, A. Frydman y Lowtzky), también muere el judío y polaco Moshe Hirschbein (1894-1940), en el gueto de Lodz; el eslovaco Max Walter (1899-1940), que fue campeón de Checoslovaquia en 1923, siempre por culpa de los nazis, aunque sin contarse en este caso con mayores precisiones.

Por otra parte, la tumba en la que estaba enterrado en Viena el austriaco Arthur Kaufman (1872-1938), quien además de ajedrecista (le llegó a ganar sendos matches a Réti y a Tartakower en 1915 y 1916, respectivamente), fue abogado y filósofo, fue destruida por bombardeos. Un daño colateral producto de acciones bélicas que podía generar el hecho inconcebible de que una persona muriera dos veces (si se permite la parábola).

EN 1941

Habrán de hallar la muerte este año, siempre en circunstancias dramáticas, otros ajedrecistas, además de los premencionados Treybal, Appel y Towbin.

La terrible nómina puede comenzar con Jacub Kolski (1899-1941), jugador 22 del mundo en 1935, año en que cumple en Lodz su mejor torneo (es tercero de Fine y Opocenský, delante de Tartakower, Winter y L. Steiner), quien fallece en el gueto de Varsovia, víctima de desnutrición.

Igual destino tendrán otros ajedrecistas polacos: Aron Zabłudowski (1909-1941): muere cuando en el mes de agosto un grupo paramilitar prende fuego una sinagoga ubicada en Bialystok, ciudad que desde junio había regresado a manos alemanas tras haber sido cedida dos años atrás a los soviéticos en el marco de un pacto secreto suscripto entre ambos regímenes; Josef Cukierman (1900-1941), campeón de la ciudad de Moscú en 1920-21 y de la de París en 1930 (con Tartakower) y tercero (de Capablanca y Rossolimo) en un torneo en la capital francesa en 1938, jugador N° 45 del mundo en 1930, quien se suicida en Francia, país al que había accedido, seguramente en busca de una paz que no hallaría, habida cuenta de que ese territorio venía siendo ocupado por los nazis desde junio del año precedente; y Leon Kremer (1901-1941), campeón de Varsovia en 1929 y medalla de plata doble (individual y colectiva) en los Juegos de Múnich´36, que también muere tempranamente.

En una taxonomía relativamente diferente, al menos en cuanto al origen de los victimarios, mas no en lo que respecta a las consecuencias sufridas, vemos también el trágico desenlace de la vida de Antanas Gustaitis (1898-1941), el primer campeón de ajedrez de Lituania en 1922.

El ajedrecista había devenido en alto oficial de las FF. AA. de un país que fue ocupado, sucesivamente, antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, por soviéticos (desde agosto de 1940) y nazis (julio de 1941). En ese contexto Gustaitis, un héroe nacional (responsable de la modernización de la aviación lituana), en cierto momento de la ocupación soviética,  quiso emigrar a Alemania, mas será atrapado, en el mes de marzo de su último año de vida, arrestado y llevado ulteriormente a Moscú, habiendo sido ejecutado en el mes de octubre.

Aleksandr Ilín-Zhenevski (o Genevsky) (1894-1941) fue, además de militar, historiador, diplomático y miembro de la Vieja Guardia Bolchevique, una importante figura del ajedrez soviético, al haber sido uno de los fundadores de la Escuela de Ajedrez del país.

Organizó en ese rol el primer campeonato soviético disputado en 1920 y, en 1933, hizo lo propio con el match Botvínnik vs. Flohr. Además, como jugador, fue tres veces campeón de Leningrado, finalista de un campeonato soviético y registra un triunfo ante Capablanca. Asimismo fue editor de la revista especializada Schachmatny Listok. Una vida consagrada, también, al ajedrez…

Pese a su adhesión al comunismo desde la juventud (estuvo preso por ello en sus primeros años), siempre se podía caer en desgracia en tiempos tan agonales, más en la evidencia de un régimen despótico que, desde 1922, era dirigido por el dictador Stalin. Sus purgas eran tan conocidas como salvajes (la población era vigilada y, parte de ella, de considerársela disidente, confinada a Siberia, enviada a prisión o, lisa y llanamente, ejecutada).

Sería justamente tras una de esas purgas en que habría hallado la muerte el antiguo camarada aunque, desde luego, la palabra oficial es mucho más amable: se dice que murió por bombas arrojadas por los alemanes a la ciudad de Nóvaya Ládoga en el contexto del sitio a Leningrado.

Dos ajedrecistas murieron con mayor certeza en el marco de ese asedio,  y en un mismo día (el 29 de diciembre): el prestigioso matemático (cuenta con desarrollos en la teoría de los límites) Boris Koyalovich (1867-1941) y Vsèvolod Ràuzer (1908-1941), muy conocido por la  Variante Richter-Rauzer de la Defensa Siciliana, quien fue campeón de Ucrania en 1933 y sexto en el campeonato nacional soviético ganado por Botvínnik ese mismo año.

Instalados en 1941, aunque muy lejos del teatro del conflicto, más concretamente en Nueva York, muere el viejo excampeón mundial Emanuel Lasker (1868-1941). Con el ascenso de Hitler, y ante su condición de judío, perdió todos sus bienes, por lo que decidió emigrar definitivamente de Alemania, su país natal, recalando primero en Inglaterra, luego en la URSS, para finalizar por radicarse en los en los EE. UU.

Su hija, evidenciando que como le sucedió a Najdorf (y a tantos otros), la salvación personal nunca podía ser suficiente, moriría en un campo de concentración nazi, aproximadamente para el mismo tiempo en que fallece, de causas naturales, el gran Lasker.  

El ex Campeón Mundial Dr. Emanuel Lasker
El ex Campeón Mundial Dr. Emanuel Lasker https://es.wikipedia.org/wiki/Emanuel_Lasker

Otro caso atípico de la época, pero siempre con ecos de la Segunda Guerra Mundial, al menos en forma indirecta, es el del Ilmar Raud (1913-1941), dos veces campeón de Estonia quien, si bien logra viajar a la Argentina en 1939 (su país será entonces medalla de bronce), tras permanecer en Buenos Aires, a diferencia de tantos otros ajedrecistas que hallarán refugio (definitivo o transitorio) en el medio local, no se habrá de adaptar.

Raud morirá  poco más tarde, con sólo 28 años de edad, en circunstancias muy penosas, por desnutrición, aislado e, incluso, tras haber sido internado, se cree que brevemente, en un centro neuro-psiquiátrico.

El maestro ruso Georgiy Schneiderman (1907-1941) cambió su apellido materno (Stepanov) por el paterno (que era de origen alemán), con la mala fortuna de que el elegido coincidía con el de un general nazi. Se dice que habría sido denunciado como espía al temible Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (la NKVD) por otro ajedrecista, el renombrado Piotr Romanovski (1892-1964), dos veces campeón soviético y el primer ajedrecista en recibir el título de Honorable Maestro del Deporte.

Mientras que Romanovsky en cierto momento fue hallado semiinconsciente, por hambre y frío, en el marco del asedio a Leningrado,  Schneiderman, tras la delación (y una de bases muy falsas), la pasará mucho peor, ya que será ejecutado mediante un disparo de bala en la frente. 

A propósito, habría que recordar que la NKVD en 1939 había sido la responsable de la muerte, en el mes de agosto, de Alexei Alekhine (1888-1939), hermano del campeón del mundo, y ajedrecista en sí mismo, que fue ejecutado por esa fuerza parapolicial soviética.

AÑO 1942

Volviendo a las víctimas directas del nazismo en Europa, este año se presenta el caso del checo y judío Emil Zinner (1909-1942), quien fallecerá en el campo de concentración Majdanek, en territorio polaco (muy cerca de la ciudad de Lublin).

Una de las mejores actuaciones de Zinner fue cuando obtuvo el segundo puesto, detrás de Keres (y delante de Eliskases, Foltys y Hromádka), en el torneo de Praga en mayo de 1937, habiendo llegado a ser el N° 35 del mundo en 1934.

Tuvo un muy buen desempeño olímpico, con una medalla de bronce en el tercer tablero de los juegos oficiosos de Múnich´36 (14 triunfos, 1 empate, 5 derrotas), y estará también en la prueba oficial de Estocolmo´37 cuando, en la misma posición,  hace otra buena actuación (9 triunfos, 4 empates y 4 derrotas). 

Imagen de piedras conmemorativas de desaparecidos (una de ellas corresponde a Emil Zinner), ubicadas en la ciudad de Brno (Checoslovaquia), en la Villa Tugendhat, en
Imagen de piedras conmemorativas de desaparecidos (una de ellas corresponde a Emil Zinner), ubicadas en la ciudad de Brno (Checoslovaquia), en la Villa Tugendhat, en https://www.tugendhat.eu/data/images/articles/f_pic3587.jpg

El polaco Henryk Friedman (1903-1942), doble representante olímpico de su país, en Varsovia´35 y en la competencia oficiosa de Múnich´36, donde fue medallista de bronce y de plata a nivel de equipos, respectivamente, y con una plata individual en la última de esas competencias, halla la muerte, probablemente, en un campo de concentración nazi.

Con más precisión se sabe que en Auschwitz fallecerá el polaco-francés Leon Schwartzmann (1887-1942), campeón de París 1926 y jugador N° 52 del mundo entre 1936 y 1937.

Por su parte el checo František Schubert (1894-1942), campeón de su país en 1919, halló el final de sus días en Lodz, ciudad a la que previamente había sido deportado.

Este mismo año Samuil Vainshtein (1894-1942), otro de los participantes/apresados durante el torneo de Manheim de 1914, quien luego encabezará el importante club de ajedrez de Leningrado, morirá en el sitio de esta ciudad en condiciones de desnutrición.

Igual situación  sanitaria afectó a Alexey Troitzky (1866-1942), uno de los grandes compositores de estudios de ajedrez de toda la historia (se publicaron más de 800 obras de su autoría); y también en el asedio a Leningrado pereció, en su caso de disentería, otro problemista muy renombrado: Leonid Kúbel (Kubbel) (1891-1942).

Remontándonos algo en el tiempo, es interesante reseñar la controvertida información que se dio en su tiempo sobre el destino del hermano de este último, Arvid Kúbel (1889-1938), quien llegó a ser finalista de varios campeonatos soviéticos en sus primeras ediciones.

Si bien la versión oficial de los soviéticos decía que había muerto también en el contexto del sitio de Leningrado, se cree que fue arrestado y ejecutado a inicios de 1938 bajo los cargos de traición a la patria. Es que se lo consideró un espía y una de las pruebas aportadas fueron las de sus composiciones ajedrecísticas publicadas en un reconocido medio alemán (Die Schwalbe)!!!

Escapar al asedio de la por siempre (a pesar de las tristes horas que la llegaron a afectar) hermosa ciudad de San Petersburgo, no era desde luego garantía de supervivencia, máxime por las condiciones de vida previas que deterioraban el estado de salud, en particular la nutrición, de sus habitantes.

Por caso, Nikolai Riumin (1908-1942), campeón de la ciudad de Moscú en tres oportunidades en los años 30, y finalista de cuatro torneos soviéticos (¡subcampeón de Botvínnik en 1931!), número 17 del mundo en 1935, morirá de tuberculosis en Siberia, adonde fue evacuado, una medida que se consideraba protectiva, la que en principio beneficiaba a chicos (en septiembre uno de los trasladados fue el niño Boris Spasky, futuro campeón del mundo, por entonces de cuatro años de edad), ancianos y personas enfermas (que era el caso del ajedrecista).

Riumin, hasta sus días finales, dio clases de ajedrez en el Palacio de los Pioneros, considerándose que esa tarea era equivalente a la de “un soldado en su puesto de combate”.

Y el joven y promisorio ajedrecista soviético Mark Stolberg (1922-1942), campeón de la ciudad de Rostov-on-Don en 1938, y ganador compartido de la semifinal del campeonato soviético disputada en Kiev en 1940 ( por lo que se clasificó a la final de una prueba en la que se impusieron  Lilienthal y Bondarevsky), desaparece en el mes de mayo de 1942 en la batalla de Malaya Zemlya, un sitio muy próximo al Mar Negro. Stolberg formaba parte de las fuerzas armadas de su país desde 1940.

Mark Stolberg
Mark Stolberg jugando contra Keres https://en.wikipedia.org/wiki/Mark_Stolberg

AÑO 1943

En Auschwitz muere el belarús-francés Léon Monosson (1892-1943), campeón de la ciudad de París en 1935, quien es deportado desde Francia a ese campo de concentración, donde también fallece el polaco Abram Szpiro (1912-1943) quien, antes de ser arrestado en el gueto de Varsovia, había sido allí segundo en el torneo de 1942 en el que se impusiera su compatriota Henryk Pogorieły (1908-1943). Este, por su parte, será asesinado en la prisión de Pawiak en la capital polaca.

El húngaro-serbio Mirko Bröder (1911-1943), representante de Yugoslavia en las Olimpíadas de 1936 y 1937, hallará asimismo la muerte por los nazis, aunque en circunstancias indeterminadas.

El ruso Mikhail Barulin (1897-1943) perecerá en prisión, a la que fue conducido al haberse negado a declarar contra algunos de sus colegas compositores de problemas de ajedrez, que fueron acusados de “decadente formalismo que amenaza a la sociedad soviética a la ruina”, como fueron tildados (entre otros por Botvínnik). Una acusación tan fantasiosa como exagerada que, en tiempos de estalinismo, podía tener consecuencias extremas e indeseadas (y que recuerda la ominosa clasificación que hizo Alekhine, en su tiempo, entre jugadores judíos y arios, lo que sirvió de sustento a demenciales visiones nazis discriminatorias y, en numerosos casos, con consecuencias letales).

Probablemente también este año perece el polaco judío Edward Gerstenfeld (1915-1942/3), jugador N° 37 del mundo en 1940 quien, al ser capturado por los soviéticos en Lvov, es incorporado a Ucrania (donde juega algunos torneos), para terminar sus días en un marco impreciso, aunque víctima con toda seguridad del nazismo. Esa fuerza había invadido la ciudad de Rostov-on-Don, en donde residía, creyéndose que probablemente pereció en un asesinato en masa perpetrado contra los judíos o, quizás, un año antes, en 1942, en el gueto de Lvov o en el campo de concentración de Belzec.

AÑO 1944

A la de Endre Steiner y Daniuszewski hay que agregar, también en Auschwitz, la muertes del alemán Wilhelm Orbach (1894-1944), jugador 41 del mundo en 1928 (año en que en el  torneo de Giessen, cuando se impone Sämisch, queda delante de Réti) y la del polaco Salomon Szapiro (Dr. Szeffer) (1882-1944), quien sucumbe en  su caso en el gueto de Lodz.

El estonio (de familia bielorrusa) Vladislav Silich (1904-1944), tres veces campeón de Bielorrusia (en 1928, 1934 y 1937), y líder del equipo de su nación que venció en el primer campeonato por equipos soviético de 1927, en el mes de septiembre la muerte lo alcanzará mientras luchaba por la URSS en una batalla cerca de la localidad letona de Sigulda.

También en el transcurso del conflicto, aunque en el bando contrario del que le correspondió al anterior, el estonio Gunnar Friedemann (1909-1944), múltiple representante olímpico, caerá en el frente oriental, en su caso siendo parte del ejército alemán.

Friedemann, en Buenos Aires´39, fue clave para la obtención de la medalla de bronce de su país al cosechar, en el cuarto tablero, 11 triunfos y 3 tablas (con 3 derrotas), logrando la medalla de oro personal en la magna prueba.

el esquipo de Estonia 1939
Imagen del equipo de Estonia en Buenos Aires´39 incluido  Gunnar Friedemann, http://www.ara.org.ar/chs/ajedrez/perlas/estonia.jpg

La liberación de los territorios, tras la oprobiosa dominación invasora, no obstante de ser esperada, podía traer trágicas consecuencias. Siendo que en 1944 se producirá el levantamiento de Varsovia, en ese marco, por las heridas recibidas, morirá el aficionado ajedrecista, notorio escritor y crítico literario y de cine Karol Irzykowski (1873-1944), quien había nacido en territorio polaco en una localidad que, en su tiempo, pertenecía al Imperio Austro-Húngaro.

Entre este año y el próximo, la data al respecto es algo imprecisa, verá tronchada su vida el austriaco Wolfgang Weil (1912/1944-5), representante de su país en la Olimpíada oficiosa de Múnich´36 (obtuvo medalla de oro individual tras su desempeño de 10 triunfos, dos derrotas y 5 empates, en el octavo tablero), quien habría caído en un campo de  combate en Croacia.

AÑO 1945

Podría decirse que formalmente la Segunda Guerra Mundial finalizó en dos etapas durante este año de 1945: la capitulación alemana se dará el 8 de mayo, mientras que Japón se rendiría en el mes de septiembre. A partir de ese momento, era la hora del recuento de daños, y la constatación del horror, especialmente el de la magnitud del Holocausto, la existencia de  los campos de concentración (sólo en Auschwitz murieron más de 1 millón de personas) y de refugiados. 

Es enternecedor saber que, en esa clase de confinamientos, y también en los guetos, las personas podían procurar seguir jugando al ajedrez, en tableros y con piezas que hubieran podido obtener o conservar o, incluso, construyendo trebejos con los mendrugos de pan, esos que eran tan necesarios para la subsistencia.

Este año, a pesar de aproximarse el fin del tiempo peor, seguirán presentándose casos de muerte de ajedrecistas. Además de los de Havasi y Weil ya relatados, fallecerá el ucraniano judío Lazar Zalkind (1886-1945) quien, además de economista, era un reconocido problemista. En 1930 ya había sufrido arresto por 8 años, ya que los bolcheviques lo acusaron de querer infiltrarse y, como era menchevique, una facción rival, fue juzgado por el reconocido dirigente de ajedrez soviético Nikolái Krylenko (1885-1938).

Krylenko fue Presidente de la Federación Soviética en los años 30: en tal carácter fue quien llevó a Lasker a radicarse, lo que hizo brevemente, al país. Por su parte, en años tan difíciles, también entrará en desgracia, siendo juzgado y ejecutado muriendo, quizás paradojalmente (aunque también podría creerse que probó de su propia medicina), de la misma forma en que condenó a tantos de sus compatriotas.

Zalkind, por su parte, es enviado por su colega ajedrecista a cumplir 5 años de tareas de reeducación en alguno de los tantos terroríficos Gulags del régimen estalinista, en donde hallará el destino final.

Un hecho muy atípico, aunque igualmente trágico, es el que le sucedió al húngaro  Zoltán von Balla (1883-1945), el primer campeón nacional de su país en 1906, el que repitió, aunque en forma compartida en 1911. Este jugador, que llegó a ser el jugador N° 15 del mundo en 1918, halló la muerte en un accidente de tránsito protagonizado por un tanque soviético en la propia Budapest.

AJEDRECISTAS QUE MUEREN POR EL FUEGO ALIADO: VAN DEN HOEK; WIJNANS Y (TAL VEZ) JUNGE

Dos holandeses, Arnold van den Hoek (1921-1945) y Arthur Wijnans (1920-1945), ese nacido en una ciudad de una Indonesia bajo dominio de los Países Bajos, lejos de ser salvados por las fuerzas aliadas, morirían por acciones indeseadas impulsadas por quienes, se podía presuponer, los iban a liberar.

El primero, que había llegado a enfrentar a Euwe en 1942 por el título de su país (perdiendo en la contienda), falleció en el mes de enero durante el transcurso de un bombardeo aéreo que se hizo sobre una planta de defensa en la que, al estar confinado ahí, cumplía labores forzadas.

Por su parte Wijnans, quien había sido parte de la resistencia contra los nazis, razón por la cual había sido enviado al campo de concentración de Neuengamme (en territorio germano), caerá cuando iba a bordo del buque Cap Arcona, de bandera alemana, el que fue hundido el 3 de mayo de 1945 (en el que iban 4.500 personas que habían sido previamente apresadas por los nazis). 

Imagen de una partida jugada por Max Euwe (a la izquierda) y 	Arthur Wijnans,
Imagen de una partida jugada por Max Euwe (a la izquierda) y Arthur Wijnans, https://en.wikipedia.org/wiki/Arthur_Wijnans

Un jugador alemán, aunque nacido en la ciudad de Concepción de Chile, murió también en 1945, muy joven y en pleno proceso de crecimiento personal, particularmente en el plano ajedrecístico. Se trata de Klaus Junge (1924-1945), hijo de un fuerte jugador teutón que se había radicado oportunamente en Sudamérica, habiendo llegado a consagrarse  campeón del país trasandino en 1922.

La familia regresa a Europa en 1928 y, su padre, se transformará en miembro del partido nazi desde 1932. Junge (hijo), seguirá los pasos de su progenitor, fuera y dentro del tablero.

En ajedrez, con sólo 17 años de edad, ya era considerado uno de los más fuertes jugadores del país, llegando a ganar en 1941 una competencia en Hamburgo y compartir la punta del campeonato nacional (aunque perdiendo el desempate con Schmidt). 

En el segundo torneo del General Government de Polonia, realizado en octubre de ese año, Junge sale cuarto, detrás de Alekhine, Schmidt y Bogoljubow. Al año siguiente, allí mismo, queda segundo, detrás del campeón Alekhine. Y gana en Dresde,  queda tercero (empatado con Schmidt) en Salzburgo (detrás de Alekhine y Keres) y es séptimo en el primer torneo continental europeo que se disputa en Múnich. A fin de año, signo de su progreso, empata el primer puesto con Alekhine en Praga. La vida parecía sonreírle, el horizonte se mostraba ilimitado. Para el año 1944 ya era el jugador N° 14 del mundo. ¡Y contaba con apenas 21 años de edad!

En ese momento mágico acabó todo para él, perdiéndose una fulgurante figura que asomaba en el firmamento ajedrecístico. Para el gran maestro alemán contemporáneo Robert Hübner, Junge constituyó el más grande talento ajedrecístico de ese país en todo el siglo XX.

Las circunstancias de su muerte han sido controvertidas. Mientras se ha sostenido, en una teoría, que la halló tras una reyerta al concurrir a un lugar nocturno, en otra mirada se ha asegurado que, en su calidad de oficial (era teniente), participó de la batalla de Welle en el mes de abril, es decir muy poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, pereciendo en combate contra los aliados.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Por supuesto que resulta una tarea ímproba, y quizás del todo imposible, registrar todos los casos de ajedrecistas que fueron arrastrados a la peor de las realidades en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, máxime la gran popularidad del juego en buena parte de los países en conflicto, particularmente en la URSS, en donde en cierto momento llegó a ser considerado el principal deporte (pasatiempo) del país.

Eran tiempos donde la vida estaba a sólo unos pasos de una inopinada y muy probable muerte. Las personas, cualquiera sea su condición, podían sucumbir en cualquier momento. A los ajedrecistas, en esas condiciones, les cabían las generales de la ley.

El contexto, en esos años, fue dantesco.

Naciones sufrientes, donde el terror impulsado desde el poder, procedía de fuentes diversas, particularmente desde un agresivo y demencial nazismo (que pretendía quedárselo con todo) aunque, también, por un estalinismo que se evidenció cruel. E incluso por acciones impulsadas desde el campo aliado en una senda libertaria que podrían dejar indeseadas secuelas colaterales.

Las personas, por la guerra, fueron afectadas en el curso normal de sus vidas, con consecuencias en muchos casos mortales, sea por acciones bélicas directas o causas complementarias: como las que se derivaron de los guetos y campos de concentración que fueron, en muchos casos, sólo el prenuncio de que lo peor estaba por venir en cuanto al destino personal de quienes estaban confinados.

En esos años, ciudades y poblaciones enteras fueron asediadas y devastadas. Estuvieron en cruel vigencia las persecuciones, los crímenes, los encarcelamientos, las ejecuciones sumarias. Millones de personas sufrieron hambre, frío, estado de inanición, persecuciones, exilios, desarraigo, la ruptura de los círculos familiares y sociales.

En cualquier caso la Humanidad, al observar retrospectivamente y en perspectiva histórica lo sucedido, no sin azoramiento, podrá comprobar que se estuvo en presencia de un conflicto mundial en el que primó el mal.

Grupos determinados y muy numerosos, especialmente la población judía, y también gitanos, homosexuales, negros, disidentes políticos o discapacitados (en fin, todo aquel al que se consideraba diferente o inferior), fueron objeto de acciones genocidas.

Tamaña extrema situación hizo que se acuñara el término Holocausto para definir un tiempo que, en tantos sentidos, resultó nefasto.

Un tiempo en el que, más allá de que siempre existe la posibilidad de aprendizaje, nos queda el sabor amargo de que el hombre siempre puede dar un paso más allá hacia el abismo.

Este Inventario del Horror, en donde se menciona lo sucedido con las principales figuras del ajedrez que cayeron en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, no deja de ser una expresión de un luto permanente y dolor por tantas vidas tronchadas tempranamente en condiciones desgraciadas.

A la vez pretende ser un homenaje, al identificárselos con nombre y apellido (y cuando fue posible también con imágenes de los respectivos rostros), dedicado a los ajedrecistas que murieron en ese cruel periodo.

Un periodo particularmente desagradable por el que atravesó la Humanidad. Uno más, lamentablemente. Uno de los peores, sin dudas, al menos en la experiencia más reciente. Un periodo trágico que nos hace apelar a una frase de sólo dos palabras, que conlleva un deseo íntimo, la que se utiliza en la Argentina para referirse a sus propios años de máxima oscuridad: NUNCA MÁS.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

E.E.G.; por Daša Drndic, Hachette, Londres, 2016.

El caso Raud (II); por Juan Sebastián Morgado, en el sitio ChessBase, 9 de marzo de 2017, en https://es.chessbase.com/post/raud_morgado_2.

El destino trágico de Vladimir Petrovs; por Andre Schulz, en el sitio ChessBase, 18 de octubre de 2018, en  https://es.chessbase.com/post/el-destino-tragico-de-vladimir-petrovs.

La generación pionera (1924-1939); primer volumen de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino, por Sergio E. Negri y Enrique J. Arguiñariz, Senado de la Nación Argentina, Buenos Aires, 2012.

Noah’s Ark and Czerniak’s Dilemma; en  el sitio Jewish Chess History, Chess History in Palestine and Israel, diciembre de 2009, en  http://jewishchesshistory.blogspot.com/2009_12_01_archive.html.

Noticias y Anécdotas; en la revista Nuestro Círculo, dirigida por el Arq. Roberto Pagura, Año 8, N° 362, 11 de julio de 2009.

Pawns in a greater game – The Buenos Aires Olympiad August-September 1939; por Justin Corfield,Gentext Publications, Victoria (Australia), 2015.

Ponencia: Gombrowicz y el ajedrez en su literatura; por Juan Sebastián Morgado, sitio de ChessBase en español, en  https://es.chessbase.com/portals/0/files/images/2014/2014JuanMorgadoGombrowicz13Ago/gombrowiczPonencia4%20(2).pdf.

Rubinstein y los nazis; porChristopher Tibble, en la revista Arcadia, 24 de junio de 2014, en https://www.revistaarcadia.com/opinion-online/articulo/rubinstein-y-los-nazis/37248.

Soviet Chess 1917-1991; por Andrew Soltis, McFarland & Co., Carolina del Norte (EE. UU.), 2016.

They did not return from the battlefield. Vladislav (Vladimir) Silich, Chess Federation of Russia, 9 de junio de 2015, en https://ruchess.ru/en/news/report/vladimir_silich/.

Víktor Winz…;en la revista Nuestro Círculo, dirigida por el Arq. Roberto Pagura, Año 9, N° 418, 7 de agosto de 2010.

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

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