Ajedrez con Maestros

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Recordando a Roberto Grau (1)

Roberto G. Grau

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Juan Sebastian Morgado
Autor del artículo Juan Sebastian Morgado

La presente nota es un fragmento de la Enciclopedia cronológica del ajedrez argentino 1800-1960, inédita”.

Como expliqué en el Tomo 3 de El impresionante Torneo de las Naciones 1939, luego de finalizado el magno certamen se produjeron graves situaciones que llevaron a la quiebra económica de la FADA un año después.

Equipo cubano en Buenos Aires 1939 F Planas, M Alemán, M T Mora, Capablanca, R Blanco y A López
Equipo cubano en Buenos Aires 1939 F Planas, M Alemán, M T Mora, Capablanca, R Blanco y A López

El Círculo de Ajedrez, conducido por Roberto Grau, organizó muchas actividades en Buenos Aires, aprovechando la presencia de inmigrantes que no podían viajar por la situación derivada de la guerra mundial. En tanto, la FADA, a través de su presidente Augusto De Muro, buscaba desesperadamente fondos que le permitieran paliar el déficit económico.

En ese contexto se produjo un breve incidente con los dirigentes de Rosario, encabezados por el Dr. José María Cristiá, quienes estaban organizando un pequeño magistral en el que participarían solamente ocho jugadores: tres invitados y cinco locales. Las tramitaciones se efectuaban con urgencias, en virtud de la situación de incertidumbre de los inmigrantes. Augusto De Muro les pidió a los dirigentes rosarinos que colaboraran con la FADA con una suma de dinero, teniendo en cuenta que estos maestros estaban en Buenos Aires gracias al TN. A estos no les pareció correcta esta petición, ya que sus recursos también eran sumamente escasos. En medio un estado emocional alterado, de De Muro llegó a sugerir que la FADA no autorizaría la participación de los extranjeros. La intervención de Grau solucionó rápidamente el entredicho, y el Torneo de Rosario 1939 se desarrolló con felicidad.

Entre los papeles de Milcíades Lachaga encontré una carta de Cristiá que es altamente valiosa para reconstruir aquél incidente, y poner a las cosas en su lugar. Veamos la misiva de Lachaga a Cristiá que inicia la secuencia:

Martínez, enero 25 de 1983

Dr. José María Cristiá

Estimado amigo:

Hubo dos reuniones de viejos del ajedrez que convoca (Normando) Ivaldi, y esperé verle en alguna de ellas. En la primera fueron muchos los asistentes, y en la segunda, bastante menos. Rosario está siempre representada: (Juan Manuel) Rivarola!

Aristides Lachaga
Milciades Lachaga

Yo estoy empeñado en actualizar algunos torneos, entre ellos Rosario 1939, que significó un gran esfuerzo del ajedrez rosarino, a pesar de las piedras que puso en el camino el infaltable Grau. Tengo todas las partidas que se publicaron en (la revista) Enroque!!, pero la suya con Petrov debí arreglarla porque la publicación de la revista es incorrecta. Si Ud. por casualidad tiene aún la planilla o la recuerda, sería interesante para mí. También revistan mucho interés para mí algunos datos de este torneo. Por ejemplo: lugar de juego, fechas exactas de cada ronda, cantidad de premios y quién los proveyó, director del torneo (Turnierleiter dicen los alemanes), tiempo de juego (creo saberlo: 40 en 2½ horas, y 16 por hora). Y cualquier otra cosa de interés, como ser de quién fue la idea, etc.

Y ahora dejemos al ajedrez. ¿Cómo está la familia? Siempre los recordamos, sobretodo aquél día en que al matrimonio Cristiá se le ocurrió bañarse en Mar del Plata dentro del ómnibus! Yo, por mi parte, estos afectado de diabetes, pero la puedo controlar, y tampoco ando muy bien de la vista. Es que ya llegué a 72! Mi señora, con sus dolores en la columna que no le permiten hacer esfuerzos. Si llega a viajar a Buenos Aires, me sería muy grato verle.

Sin más por el momento, siempre en la esperanza de darle un fuerte abrazo. Su amigo

Milcíades Lachaga.

Crónicas de Morgado

Es interesante conocer detalles de las reuniones de “ajedrecistas viejos” convocadas por Normando Ivaldi, el director de las publicaciones ajedrecísticas de la Editorial Sopena, y a la director de la revista mensual. Fiel a su inquina contra Grau,[1] Lachaga habla “de las piedras que puso en el camino” durante la etapa de organización del certamen, refiriéndose al episodio arriba citado.  

Es notable la contestación de Cristiá a Lachaga poco tiempo después:

Rosario, febrero 16 de 1983


[1] Explicadas ampliamente en Luces y Sombras tomo 2, en El impresionante TN 1939, tomo 3 y en otras publicaciones en diversas webs.

Querido amigo:

Recibí con alegría la suya, pues ella me demuestra que conserva su espíritu. Ruégole me perdone las faltas (de ortografía) de la presente, pues las cataratas me tienen a maltraer.

Del torneo a que se refiere no conservo nada, salvo la revista Enroque!! Que no sé por dónde andará, pues mi biblioteca, por mi afección (ocular), está virtualmente abandonada, y es una verdadera pena pues no veo en el horizonte local ni nacional quien pueda apreciar las verdaderas joyas que contiene. He pensado escribir a la Embajada de la URSS, lo que me sería poco grato, para donarle a algún club de los más modestos de ese país, donde hay tanta afición y es probable que puedan aprovecharlo mejor dado el enorme material ruso que contiene.[1]

Tuve que esperar a que abrieran la Biblioteca Argentina, de vacaciones, para ver en (el diario) La Capital los detalles del torneo, que paso a darle.

Se jugó en el Club Español, todos los días de 20 a 1 horas; suspendidas por la tarde, 40 jugadas en 2½ horas y 16 por hora después. La primera ronda se jugó el jueves 21 de setiembre y la última el miércoles de la semana siguiente.

Hubo honorarios para los maestros, creo que $ 200 a cada uno, y premios suplementarios según su actuación. Juntamos a pulmón $ 1.500, rifas y donaciones –vulgo “mangas”–. Los jugadores locales tuvieron que vender rifas por al menos $ 100. El tesorero fue don Luciano W. Cámara, y los señores Juan B. Borzani y Thales Pérez Hernández, presidente y secretario de la Federación Rosarina, ahora Asociación, (responsables por) por la “mangueta”, que creo Ud. conoce y en la cual seguí, me parece, su consejo.   

La idea se me ocurrió (a mí), pues me vinieron ganas de jugar. Todo el plan y la contratación de los maestros, así como las puteadas con Grau, corrieron por mi cuenta. La verdad es que el gordo al final se portó bien, pues borró e hizo borrar con el codo a De Muro, lo que había escrito con la mano.

En La Capital mi partida con Petrovs está mal, y buen trabajo me costó reconstruirla. Ahora estoy esperando la llamada de Romeo García Vera, pues Pérez Hernández me dijo que él tenía todos los originales, lo que por otra parte me confirmó él mismo, de los que me parece hizo muy bien, ya que en los clubs no se conserva nada.

En papel aparte le envío lo que creo está equivocado, rogándole me exima de transcribirla toda pues me significaría un trabajo ímprobo, aunque en el último de los casos le pediría a alguien o al mismo Romeo que lo haga.

Con saludos afectuosos de mi esposa para Usted y señora, reciban los míos y mis contragulaciones por proseguir en la brecha hasta que las velas no ardan.

Firmado: José María Cristiá

Pd: El director del torneo, ¿fue Félix Ferreyra o Cámara? No estoy seguro.

Puede observarse con qué delicadeza Cristiá corrige a Lachaga en cuanto a la actitud “del Gordo Grau”, y deja malparado a De Muro. Casi podría decirse que el torneo pudo jugarse sólo gracias a las conversaciones entre Cristiá y Grau. Son imperdibles los detalles organizativos que describe el dirigente rosarino: el esfuerzo “a pulmón”, las rifas que debían vender los ajedrecistas locales, “las mangas (manguetas)”, los escasos recursos económicos. ¡Ése era el panorama desolador post TN!


[1] Se sabe que Cristiá tenía una enorme colección de revistas soviéticas antiguas, además de una gran cantidad de libros extranjeros y nacionales.

Art. Juan Sebastian Morgado 15-2
Art. Juan Sebastian Morgado 15-2
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