Ajedrez con Maestros

Ajedrez y culturaHistoria

Dante Alighieri evoca la clásica leyenda de la invención del ajedrez en “Divina comedia”

Dante-Alighieri-y la divina comedia-1465

Ajedrez y cultura

Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

Existen varias leyendas sobra la invención del ajedrez. Sin dudas que, de entre todas ellas, la más popular es la que tiene por protagonista a Sissa ibn Dahir. Esta, si bien fue referida en numerosos trabajos, ha especialmente llegado a nuestros días gracias a los esfuerzos divulgativos de los ingleses Duncan Forbes (1798-1868), Henry Bird (1830-1908), Harold James Ruthven Murray (1868-1955), y los del holandés Antonius van der Linde (1833–1897), entre otros grandes historiadores del juego.

La fábula refleja la historia de un sabio llamado Sissa (Sessa, Sassa, Shashi, Sahsahah, Susah, Sisah, conforme algunos nombres alternativos que se le dieron), quien le ofreció a su señor un juego de su invención para mitigar la tristeza, el aburrimiento o, tal vez mejor, en tanto placebo.

Es que el soberano debía  poder recuperar la paz perdida en el recuerdo permanente de batallas perdidas en una de las cuales, incluso, había muerto su primogénito. En ese contexto el rey, complacido por la novedad, y alejado de sus penas, le reconoció al creador de la distracción la recompensa que quisiera.

Sin embargo, habrá de mostrarse muy sorprendido cuando se le pidiera sólo un grano (que puede ser de trigo, arroz, cardamomo, conforme los diversos relatos) por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta, y así sucesivamente, hasta completar el cuadrado de 64 escaques. Alguna variante apunta a que la petición se formuló en su equivalente en monedas de plata.

Grande fue la sorpresa cuando, al establecerse el respectivo cálculo, se llegó a la conclusión de que ni con todas cosechas del año, ni las correspondientes a la actual y futuras generaciones, ni a las del país ni a las de todo el mundo, se podría llegar a acceder a lo peticionado.

El modesto pedido es el que resulta del cálculo algebraico de 2 elevado a 64, restándole 1, fórmula que se deriva de una clásica progresión geométrica que da un número del todo inabarcable: 18.446.744.073.709.551.615.

Esa cifra, según el historiador árabe al-Masudi (896-956) quien, desde luego, no se privó de comentar tempranamente esta leyenda, era muy importante para los hindúes. A su juicio, quienes profesaban esa fe consideraban que era explicativa de lo que habría de suceder en las edades y siglos futuros y, asimismo, de la influencia que los astros tienen sobre la Tierra. Por otra parte con ella se podía llegar a predecir el tiempo que el alma humana habría de vivir en este mundo.

Esta historia, la de la invención del juego en circunstancias legendarias, generalmente es localizada en un reino indio aunque, alternativamente, se la recreó teniendo como escenario Persia y, también, al califato musulmán.

Se le reconocen distintos finales posibles que van desde la idea de un soberano que, muy complacido por el ingenio del inventor del ajedrez lo nombra como su principal consejero, hasta que lo hace matar al haberlo dejado públicamente en evidencia en su ingenuidad e ignorancia matemática.

Existe un detalle que conecta a la leyenda con el juego en forma eterna: se ha dicho que el hijo de Sissa se llamaba Shah y que, a partir de ese nombre, se derivó la palabra shak (jaque).

Por cierto este relato de tintes tan asombrosos fue muy recorrido y conocido en la Europa medieval. Por ende, no habrá de extrañar que el máximo escritor en lengua italiana, el notable Dante Alighieri (1265-1321), hubiera aludido a él en Divina comedia, su obra cumbre, poema de más de 14.000 versos distribuidos en 100 cantos que es del año 1307.

Este trabajo, el cual de alguna manera anticipa y refleja la transición entre una sociedad teocentrista a otra antropocentrista (en definitiva un tiempo que pasa del Medioevo al Renacimiento), tuvo como título original el más simple y directo: Commedia, siendo el agregado de Divina atribuido a otro gran escritor: Giovanni Boccaccio (1313-1375).

El texto, al ser traducido a distintas lenguas, fue llevado en numerosas versiones a prosa, dada la lógica dificultad de adaptar los versos originales de rima sincrónica. En la de ese estilo que se tuvo a la vista correspondiente al idioma español (la de Añil), en el Canto XXVIII, incluido dentro de “el Paraíso”, y hay que recordar que el libro de Dante está estructurado tras una Introducción en tres grandes partes (siendo las restantes  “el Purgatorio” y “el Infierno”), el ajedrez hace acto de presencia al expresarse:

 “Los círculos corpóreos son anchos y estrechos, según la mayor o menor virtud que se difunde por todas sus partes. Cuanto mayor es su bondad, más saludables son los efectos que produce y el cuerpo mayor contiene mayor bondad, con tal que sean todas sus partes igualmente perfectas. Ahora bien este círculo en que estamos, que arrastra consigo todo el alto universo, corresponde al que más ama y más sabe; por lo cual, si te fijas en la virtud y no en la extensión de las substancias que te aparecen dispuestas en círculos, verás una relación admirable y gradual entre cada cielo y su inteligencia…Cuando hubo terminado sus palabras, empezaron a chispear los círculos como chispea el hierro candente; y aquel centelleo, que parecía un incendio, era imitado por cada chispa de por sí, siendo éstas tantas, que su número se multiplicaba mil veces más que el producido por la multiplicación de las casillas de un tablero de ajedrez”.

Se incluye en ese trabajo una nota al pie de página que conecta esta mención, la de “multiplicación de las casillas de un tablero de ajedrez”, con la historia de Sissa, aunque ligeramente reversionada, al decirse:

Cuéntase que el inventor del ajedrez fue un indiano, el cual presentó el juego a un rey de Persia y habiéndole ofrecido éste darle lo que pidiese, pidió un cuartillo de grano, duplicado tantas veces multiplicado cuantas eran las casillas del tablero. El rey se lo concedió riéndose, pero no pudo pagarle, porque no hubo en todo el reino bastante grano”.

Bartolomé Mitre (1821-1906), exPresidente de la República Argentina, tradujo esta magna obra al español, en su caso siguiendo la métrica original de versos en tercetas. En su versión de las cosas este pasaje pierde, no obstante, la idea de evocación de la recompensa por la invención del ajedrez, ya que es presentado así:

“Era aquel un incendio tan seguido,

que el número de chispas redoblado,

en tabla de ajedrez no es contenido”

Mitre presenta el capítulo bajo el título “NONO CIELO O CRISTALINO / JERARQUÍAS ANGÉLICAS / LA DIVINA ESENCIA Y LOS ÓRDENES ANGÉLICOS; CONCORDANCIA DEL SISTEMA DE LOS CIELOS CON EL ORDEN DE LOS NUEVE CÍRCULOS; LAS JERARQUÍAS CELESTES)”, contextualizando la situación a esta guisa:

“El poeta, después de contemplar extasiado a Beatriz, vuelve sus ojos hacia un punto brillantísimo, y ve nueve círculos en torno de él, de los cuales, los más Inmediatos son los más luminosos y los más rápidos en su movimiento. Este punto, que así se designa en el poema, por antonomasia, es la divina esencia. Los círculos que rodean al punto, son los órdenes angélicos, divididos en tres jerarquías ternarias. Beatriz explica cómo el orden de los cielos, concuerda con el orden de los círculos jerárquicos. Enumeración de los coros angélicos y de sus oficios, y explicación de su naturaleza según la doctrina de san Dionisio”.

Por supuesto Beatriz es la musa inspiradora del poeta y su guía espiritual en el recorrido que emprende aquél atravesando, sucesivamente, el Infierno (una parábola del hombre frente a sus pecados y consecuencias), el Purgatorio (proceso de purificación de las culpas), hasta arribar al Paraíso (el saber y la ciencia divinos)

Imagen de Divina comedia, De Fivedit - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41984345
Imagen de Divina comedia, De Fivedit – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41984345

Siempre en nuestro idioma, se considera que el español Ángel Crespo Pérez de Madrid (1926-1995) proporcionó una de las mejores traducciones de Divina Comedia, de la cual se deriva esta variante del fragmento en cuestión:

Y cuando sus palabras terminaron,

no de otro modo el hierro calentado

chispea, cual los cercos chispearon.

Por chispas vi el incendio secundado;

y el número era tal que superaban  

a ajedrez que, al doblarse, es enmilado.”.

Esa expresión, la de “enmilado”, es clave para nuestro análisis desde la perspectiva ajedrecística, y constituye un neologismo (uno de tantos) atribuido a Dante, que respondería a la carga semántica de “crecer muchos millares”. El traductor, entonces, se ve en la obligación de aclarar:

“…es una alusión a la progresión geométrica, relacionada con cierta leyenda, que se produce al poner un grano de trigo en la primera casilla del ajedrez, dos en la segunda, cuatro en la tercera, dieciséis en la cuarta, doscientos cincuenta y seis en la quinta, su cuadrado en la siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a la última, lo que daría un número enorme, astronómico, de granos. Quiere expresar el incontable número de ángeles

El poema original, escrito en dialecto toscano, con la hermosa sonoridad de la lengua italiana, en la parte pertinente reza así:

L´incendio suo seguiva ogni scintilla,

ed eran tante, che ´l numero loro

piú che ´l doppiar dell scacchi s´immila.”.

Además de la antemencionada referencia, Wichmann & Wichmann, a la hora de establecer conexiones ajedrecísticas, llegan en su hermoso libro a citar que Dante utiliza la figura de la pieza de la torre como un símbolo del juego, lo que ocurre en el Canto XXIV, 28-30, cuando se expresa:

“Vi por el hambre en vano usar los dientes

a Ubaldín de la Pila y Bonifacio,

que apacentara a muchos con su torre”.

Y yendo al original:

“Vidi per fame a vóto usar li dente

Ubaldin da la Pila e Bonifazio

che pasturó col rocco molte genti”.

En principio hay que señalar que la pieza de la torre del ajedrez tuvo un proceso de transliteración en su denominación que pasó por diversas etapas, desde el original ratha (carro de combate) en sánscrito, al rukh persa, concepto que fue mantenido por los árabes en rukh o rukhkh, para terminar en el italiano rocco (roca), de forma tal de que con una palabra local, de sonoridad parecida a la denominación previa, se transmitiera la idea de fortaleza. De allí se derivará, por asociación conceptual, y ya no fonética, en torre, nombre definitivo del trebejo que alude a esas fortificaciones tan típicas del Medioevo.

Pero cabria preguntarse si en el pasaje en cuestión lo de rocco connota la pieza del ajedrez o, directamente, a la roca en tanto elemento puro y pétreo. La respuesta parece darla el crítico literario y religioso italiano Pompeo Venturi (1693-1752) quien, en su versión de Divina Comedia, incluye una nota diciendo que el mentado Bonifazio (Fieschi) era un arzobispo genovés de Ravenna quien oficiaba en una iglesia cuyo campanario estaba hecho a la manera de una torre y de la pieza del ajedrez respectiva (rocco).

Se ha especulado, siendo un dato complementario bien interesante, que Dante conocía con propiedad las leyes del juego y que incluso lo practicaba con sus amigos poetas Cino da Pistoia (1270-1336) y Guido Cavalcanti (c-1258-1300). Además alguna vez se ha creído que un antiguo tablero de ajedrez hallado podría haberle pertenecido al padre de la lengua italiana.

La historia de la invención del ajedrez no sólo habrá de inspirar al autor de Divina Comedia. Esto habrá de acontecer, una y otra vez, en el caso de la obra de numerosos escritores que aparecerán en lo sucesivo, siendo un ejemplo de ello el francés Alejandro Dumas (1802-1870) quien, en Le meneur de loups (Capitán de lobos), trabajo de 1857, al trazar una comparación, presenta a uno de los personajes de la novela exclamando:

“¡Y luego esta rápida multiplicación de pelos del diablo fue terrible! Le recordó la historia del filósofo que pidió un grano de trigo, multiplicado por cada una de las casillas del tablero de ajedrez…”.

La leyenda que tiene como protagonista a Sissa, al merecer la atención de Dante, quien decide hacer alusión a ella en su imperecedero poema comporta, sin perjuicio de la entidad y legitimidad del relato original, una suerte de revalorización al adquirir, en la pluma del escritor toscano, renovada luminosidad y la máxima profundidad literaria posible.

El juego, una vez más, se convierte entonces en un puente ideal, al  ser evocado por grandes creadores, que surgen en toda geografía y lugar quienes, con su obra, como hiciera magistralmente Dante en Divina Comedia,  contribuyen a la construcción de un acervo cultural universal en el que el ajedrez suele hacer su espléndido acto de presencia.

Imagen de Dante sosteniendo una copia de la Divina Comedia, junto a la entrada al Infierno, las siete terrazas del Monte Purgatorio y la ciudad de Florencia, con las esferas del cielo arriba, en el fresco de Domenico di Michelino (1417-1494), en http://www.kirroyal.es/wp-content/uploads/2019/08/divina-comedia-dante.jpg
Imagen de Dante sosteniendo una copia de la Divina Comedia, junto a la entrada al Infierno, las siete terrazas del Monte Purgatorio y la ciudad de Florencia, con las esferas del cielo arriba, en el fresco de Domenico di Michelino (1417-1494), en http://www.kirroyal.es/wp-content/uploads/2019/08/divina-comedia-dante.jpg

Fuentes bibliográficas:

Bird, H. E.; Chess History and Reminiscences, Dean & Son,Londres, 1893.

Dante Alighieri; Comedia – Paraíso, edición bilingüe en traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, Barcelona (España), 2004.

Dante Alighieri; Commedia, a cura di Giorgi Petrocchi, Mondadori, Milano, 1966-67.

Dante Alighieri; La divina comedia, Añil, Madrid, 1999.

Dante Alighieri; La divina comedia, traducido en verso por Bartolomé Mitre, en edición de Nicolás Besio Moreno, Centro cultural ¨Latium¨, Buenos Aires, 1922.

Dante Alighieri; La Divina Commedia, con comentarios de  Pompeo Venturi de la Compañía de Jesús,  Giuseppe Berno, Verona (Italia), 1749.

Duncan Forbes, LL. D; The History of Chess from the time of the Early Invention of the Game in India, till the period of Its Establishment in Western and Central Europe, Lewis and son, Londres, 1860.

Masudi; The meadows of gold and mines of gems, Aloys Sprenger, Londres, 1841.

Murray, Harold J. R.; A history of chess, Skyhorse Publishing, New York, 2012.

Valerio; Dante e gli scacchi, 24 de mayo de 2017, en http://www.scacchipress.it/dante-e-gli-scacchi/.

Van der Linde, Antonius; Geschichte und Litteratur des Schachspiels,  Verlag von Julius Springer, Berlín (Alemania), 1874.

Wichmann, Hans & Siegfried; The story of chess pieces from Antiquity to Modern Times, Crown Publishers, New York, 1964.

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

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