Ajedrez con Maestros

Ajedrez y culturaHistoria

EN EL POEMA SCACHS D’AMOR DEL SIGLO XV SE PRESENTA LA PRIMERA PARTIDA BAJO LAS REGLAS DEL AJEDREZ MODERNO

Scachs d´amor

Ajedrez y cultura

Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas  vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

En Hobra intitulada scachs d’amor feta per don Franci de Castellvi e Narcis Vinyoles e Mossen Fenollar, un poema conocido por su título abreviado de Scachs d’amor, se representa la primera partida de ajedrez de la historia, al menos en lo que a Occidente y a la modalidad moderna del juego conciernen.

Se trata de un trabajo escrito en idioma valenciano, que obra en un códice de trece folios descubierto en la capilla del Palau de Barcelona en 1905 por el filósofo español Ignacio Casanovas (1872-1936). No obstante, el escrito original luego se perdió, mas se preserva una buena copia fotográfica en la Biblioteca Cataluña de Barcelona.

Su fecha de datación es algo incierta. Primeramente, fue ubicada en 1497 aunque, conforme el resultado de recientes investigaciones, se cree que se la podría retrotraer a 1475, como lo sostiene el investigador español José Antonio Garzón Roger (nacido en 1963).

Su colega y compatriota Ricardo Calvo Minguez (1943-2002) en 1999 presentó, El poema Scachs d’amor (siglo XV), primer texto conservado sobre ajedrez moderno (Madrid: Editorial Jaque XXI), que resultó toda una revelación. Más recientemente, hay otro libro sobre la cuestión, que se le debe al holandés (radicado en España) Govert Westerveld (nacido en 1948).

Scachs d’amor es una obra de autoría de los mentados Francesc (Franci) de Castellví y Vic (c. 1435- 1506), Narcis de Vinyoles (c. 1442-1517) y Mossén (Bernat de) Fenollar (1438-1516), tres reconocidas personalidades de Valencia. El primero de ellos fue camarero del futuro rey Fernando II de Aragón (1452-1516), Vinyoles estuvo casado con una sobrina de una persona que fue una de las que financiaron las expediciones de Cristóbal Colón (1451-1506) en sus incursiones por América y Fenollar fue un eclesiástico en cuya casa se desarrollaban tertulias poéticas de las que participaban connotadas figuras de la   comunidad valenciana.

El último tramo del siglo XV, y no sólo por este texto, fue muy importante para el ajedrez ya que, mientras que en lo que será Italia Luca Pacioli (1447-1517) presenta Ludo scacchorum, que incluye imágenes probablemente debidas al genio de Leonardo da Vinci (1452-1519), en lo que se estaba convirtiendo en el Reino de España aparecen dos textos que son también cruciales para la divulgación de la forma moderna del ajedrez: Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100, que se publica en Valencia en 1495 (texto lamentablemente perdido), que es de Francesch Vicent (c. 1479-1523), y Repetición de amores y arte de ajedrez  de Luis Ramírez de Lucena (c-1465-1530), que se publica en Salamanca en 1497.

En los tres (en el caso del de Pacioli asimismo se presentan partidas bajo la vieja modalidad), y ello también habrá de ocurrir con Scachs d’amor, se siguen las reglas modernas del ajedrez, esas que significaron fundamentalmente el seguimiento de tres criterios:

1) La presencia de la pieza de la reina en reemplazo del exótico visir que era característico de los prototipos orientales anteriores;

2) El empoderamiento de esa figura al reemplazarse el anterior movimiento restringido (una casilla en diagonal) por el ampliado (todas las casillas que se deseen, ya sea en sentido vertical, horizontal o diagonal); y

3) La dinamización de la movilidad del alfil desde la versión previa (se desplazaba en diagonal dos casillas, saltando la intermedia) a una novedosa y definitiva (con la posibilidad de surcar el tablero todas las casillas en diagonal que fuera menester)

En Scachs d’amor no se llega a consagrar, aún, la posibilidad del enroque, más sí se prescribe la captura de peón al paso y la necesidad de avisar al rival cuando se le da jaque al rey.

El texto es algo sugestivo desde el propio título, el que podría considerarse de cierta ambigüedad ya que, si consideramos que la partida en cuestión es disputada por dos caballeros Franci de Castellvi y Narcis Vinyoles (el otro, Mossen Fenollar, oficia en calidad de árbitro), al proclamarse la existencia de una suerte de “ajedrez del amor”, al menos desde la perspectiva de ojos más actuales, podría estar indicando una suerte de homoerotismo que no era para nada recomendable en tiempos de la Inquisición.

Habría que relativizar ese concepto y pensar, quizás, que el nombre del poema estaba más bien dirigido a la idea de que el ajedrez, en tanto juego, despierta pasiones de todos quienes lo practican, con independencia del sexo de sus protagonistas. O, tal vez mejor, que los ajedrecistas eran meros actores que, al representar a los dioses Marte y Venus, en este caso (bajo la supervisión de Mercurio), el conflicto amoroso podía ser factible ya que el primero es el dios de la guerra, la sexualidad y la virilidad masculina, cuando su rival era la diosa de la fertilidad, el amor y la belleza.

Otra cuestión especial está vinculada al hecho de que los contendientes queden identificados con los colores rojo y verde, lo que se corresponde perfectamente con los adjudicados a esos cuerpos celestes (Marte y Venus, respectivamente) desde un punto de vista astrológico.

Por otra parte, al estar presente también Mercurio, se observa que en la partida están participando todos los planetas más próximos al Sol. Se incluye en esa enumeración a la Tierra que es el lugar en el que se disputa el juego. De hecho la partida se la presenta en oportunidad en que Marte (a quien se identifica con el Amor) se encuentra con Venus (a la que se sindica de la Gloria) en un templo, el que es asociado al firmamento celeste, registrándose la presencia de Mercurio.

Uno de los motivos principales por el que se considera que este poema fue concebido en 1475, reside en el hecho de que el 30 de mayo de ese año se dio una conjunción astral a partir de la cual se pudo divisar desde la Tierra a los tres planetas: Mercurio; Marte y Venus.

Ese año, adicionalmente, se dieron varios episodios astronómicos que pudieron haber influido en los autores: el 5 de abril se registró un eclipse total por el que el sol quedó oculto durante 2 minutos y 8 segundos; y el 30 de septiembre hubo un eclipse parcial de sol. Por lo visto, como bien se encarga de reflejar Scachs d’amor, era un tiempo para prestarle mucha atención a los cielos…

Es interpretable que los roles asumidos por las personas en la partida se correspondían aproximadamente a los que ostentaban en la vida real: Castellví era un ajedrecista reconocido, por lo que era el indicado para vencer en la porfía; Vinyoles era un influyente jurista y poeta, quien probablemente haya sido el mayor responsable de escribir los versos, y Fenollar al ser un abad y maestro de capilla del rey Fernando, reunía las  condiciones para ser considerado el mejor árbitro posible de la contienda por su presunta rigurosidad e imparcialidad.

El poema exhibe varios puntos muy precisos que lo conectan plenamente con el universo ajedrecístico:

  1. Consta de sesenta y cuatro coplas encadenadas (que siguen la rima métrica ABAB/BAB/CC), la misma cantidad de los escaques del tablero
  2. El relato comienza diciendo (y allí surge el título del poema): “Trobant se Març ab Venus en un temple, / ensemps tenint Marcuri (en) sa presencia, / ordi hun joch de scachs, ab nou exemple: (…)”  (“Habiendo encontrado Marte en un templo á Venus, / y teniendo entrambos en su presencia á Mercurio, / urdió Marte una partida de ajedrez, por manera aún no vista”). La expresión “por manera aún no vista” es clave ya que da claros indicios de que estamos en presencia  de la forma moderna del juego y, en ese sentido, y por las precisiones que vendrán, el poema debe considerarse un virtual reglamento ajedrecístico
  3. Es interesante que la intención de dotar de colores a las casillas se plantea como una novedad (¡y de hecho así lo era!: en las versiones orientales los escaques eran monocolores, generalmente blancos), lo que se expresa de este modo: “Rápido en sus recursos y maneras, / pintó Mercurio el tablero de colores claros y obscuros: / y así fue como el tiempo, que se divide en noches y días, / formando un cuadrado sin límites primeros.”  
  4. Esa idea, la de que los escaques queden asociados al tiempo (“pintà•l’ taulell de sorts clares y escures” y “partis per nits y diez”, en el original), está en línea con las célebres cuartetas del persa Omar Jayám (1048-1131) quien en el Rubaiyat  dijo: “Porque si bien se mira, la vida no es más que un inmenso tablero de ajedrez, / cuyos cuadros blancos son los días, y los negros las noches, en traducción del argentino Carlos Muzio Sáenz-Peña (1885-1954), versos que invoca Jorge Luis Borges (1899-1986) en sus sonetos Ajedrez, cuando dice: “También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero / de negras noches y de blancos días
  5. Se establecen cualidades para cada pieza, siendo las siguientes: en el caso de las rojas, el rey equivale a la Razón (aunque se aclara ”sin preeminencia”, habilitando la existencia de dos reinos que son los que entran en disputa), la reina a la Voluntad (y, como sabemos, se aclara que ella tiene un “gran poder”), los roques (las futuras torres) a los Deseos (pero no cualquiera, sólo aquellos “que inflaman la memoria”), los caballos a los  Loores de dulce elocuencia (las Alabanzas), los alfiles a los Pensamientos (y ese trebejo generalmente estaba asociado a un obispo, sabio y anciano quienes, se suponen, dan adecuados consejos al monarca) y los peones a los Servicios (son los que siempre “pugnan por la victoria”)
  6. En lo que respecta a las verdes, las equivalencias respectivas son las del Honor (y, por ende, se está “siempre en peligro”), la Belleza,  la (“cautelosa”) Vergüenza, los Desdenes (“en pago merecido”), las Miradas de dulce contemplación, y las Cortesías (“armándolas y guarneciéndolas de toda clase de fingimientos”)
  7. En el caso de la reina, tal como se vio en el desarrollo de la partida presentada previamente, se contempla la movilidad ampliada “ab gran potencia”.
  8. Como se comprenderá, se siguen ideas bastante clásicas de los valores medievales, al adjudicársele al rey las condiciones de la razón y el honor; a la reina, las más femeninas virtudes  de la voluntad y la belleza; en el caso de los roques, se pasa del don de los deseos a una contrastante situación de vergüenza; una suerte de contradicción que se da, en el caso del caballo, entre las alabanzas y los desdenes; a los alfiles se les atribuyen, tanto para las piezas rojas cuanto para las verdes, cualidades positivas: pensamientos y dulces miradas; mas, para los humildes peones, se los relega en la consideración social,, como era del todo esperable y usual en el marco de las rígidas cortes, al considerárselos meros siervos pero, también, parece que son reivindicados al ser asociados a las cortesías (las que debían brindarse, por supuesto, a sus patrones) y al admitirse la posibilidad de coronación
  9. Un punto digno de mención se da por la ambigüedad de la denominación de la pieza del caballo que, en otras geografías (fundamentalmente en los países de habla anglosajona) se define como caballero. Aquí, si bien predomina la imagen del corcel, también se emplea la otra, por ejemplo cuando se dice:  “el Caballero, sobre todo de noble linaje, debe abstenerse de manchar el crédito de la honestidad.”   
  10. Además de aclararse la forma en que se mueven las piezas, se indican algunas cuestiones reglamentarias que siguen hasta nuestros días, como la idea de “pieza tocada, pieza movida” (“Diu que lo tocat se hagia de jugar”). Ello guarda paralelismo en la vida ya que: “…una vez ha elegido, el pensamiento enamorado no debe ya quedar ni libre ni indeciso, sino sometido por completo (…) En toda acción , precisa ardimiento y locura; y lo hecho, hecho está.” 
  11. Se empieza el juego, avanzando el peón rey dos casillas, es relatado así: (el rey) “Mandó al campo de la hermosa / al más valiente Peón de su mesnada, / el cual dio dos pasos adelantando hacia aquella / Al mover el Rey este Peón, puso á la Razón n descubierto / y abrió paso a la Voluntad.”; es decir que, mientras que el monarca puede llegar a desprotegerse, se permite que la reina comience a evidenciar su poder de fuego, con lo que la lucha se inicia…
  12. La mención anterior denota claramente que el juego comienza, conforme la notación ajedrecística predominante en la actualidad, con e4 (P4R, en el lenguaje descriptivo que se sigue en el mundo de habla hispana). Y así será de ahí en más: cada estrofa es fácilmente asimilable a una jugada determinada, pudiéndose arribar a la secuencia de la partida completa en la que terminarán por imponerse claramente las piezas rojas por sobre las verdes     
  13. Otra precisión está vinculada a la forma de vencer.  Algunas no están vigentes, como son los casos del “mat offegat” (el reconocible ahogado) que, en tiempos venideros, implicará no la derrota sino el establecimiento de tablas (empate), y del “mat robat”, es decir cuando al rey no le queda ya ninguna pieza (que más modernamente no significa de por sí la derrota), y el trascendente “mat comú”, que se verifica cuando el rey no tiene casilla que ocupar y ninguna de sus figuras puede socorrerlo (se supone que, al estar a la vez amenazado, implica el clásico jaque mate)
  14. Otra regla que es muy extraña para nosotros, y que en cierto momento señala Fenollar en su carácter de árbitro, es la de que la empoderada reina no puede capturar a su colega y de que, si es atrapada por su rival, ello implica la pérdida del juego. Se prescribe que la reina debe estar al servicio del rey ya que: “si el Querer no quiere complacer á la Razón, muy del caso es que le veamos caer prisionero.”
  15. En cuanto al rey, pareciera que se condena el denominado “salto de la alegría”, lo que se desprende del siguiente pasaje: “Otro decreto, que afina mucho el juego, es que los Reyes, sin cometer desafuero, puedan, en su primera jugada, saltar libremente y de cualquier modo á la tercera casa (…)” . Esta clase de salto en el šatranj  se permitía para la pieza del firzán, que tenía la posibilidad de hacerlo, moviéndose tres casillas hacia atrás, cuando era producto de la coronación de un peón
  16. En algunas versiones medievales del ajedrez, en el proceso de evolución, y ello a pesar de que al exponerse a campo traviesa el rey quedaba en una posición muy peligrosa, se llegó a contemplar que tuviera la posibilidad de saltar, tal como lo menciona Ruy López de Segura (c.1530-1590) en su Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez, publicado en Alcalá de Henares en 1561, donde se dice: “…la primera vez puede saltar tres casas por el modo que quisiere hallando el camino desembarazado; y esto ora sea por encima de pieza, ó de peón, suyos, ó agenos (Sic), con tal que no sea para tomar cosa del contrario: porque de salto el Rey no puede prender…
  17. Este “Salto del Rey”, en todo caso, se lo puede considerar un antecedente del profiláctico enroque, el que aún no estaba consagrado. En ese sentido, el salto del rey fue un antecedente que sirvió de modelo ya que aquí se prescribe que eso sólo puede ocurrir bajo tres condiciones: a) que el rey no puede capturar pieza alguna en el salto; b) que el rey no puede saltar por encima de otras piezas; y c) que el salto no puede realizarse cuando el rey esté en situación de jaque
  18. Las peripecias del juego, siempre le permiten a los poetas dar lecciones o consejos morales, como ser:
    1. El audaz, si ha de salirse con la suya, no debe detenerse por pliegue ó arruga más o menos
    2. Aquel que emprenda, debe reflexionar antes, para que el resultado no venga en menoscabo propio.”
    3. Evite el enamorado á quien la pasión enardece, el causar daño en las pertenencias del honor; y, si insiste en hacerlo, huyendo de él es como se evita su intención.”
    4. El fuego, por su naturaleza, siempre quema; empero el agua le hace comportarse dentro de ciertos límites
    5. “En el castigar y en el corregir deben moderar su ira con la benignidad, y no llegar al límite permitido á su poder, porque si son grandes en alas de su fuerza, más lo serán usando de su mayor clemencia.”
    6. La condescendencia es el medio más eficaz de concertar los afectos de los amantes
    7. Más vale una fuga discreta que caer prisionero por correr con prisa inoportuna.”
    8. “…nunca le ocurre desastre al que sabe prever sus causas
    9. Todos iguales somos, puesto que nacemos y morimos; asimismo deben ser iguales nuestros temores.”
    10. Mire el vencedor en qué forma hiere, porque á menudo gana el vencido, en cuanto consigue rehacerse.”
    11. “…aquel que se empeña en ganar por la violencia, nunca gana.”

Y prescripciones y sentencias por el estilo.  

La existencia de este poema, y su probable datación, la de 1475, es tomada como una prueba de que la consagración del movimiento ampliado de la reina está en consonancia con la figura de Isabel la Católica (1451-1504) quien, precisamente desde el año 1474 fue ungida como soberana de Castilla la cual, al unirse a Fernando de Aragón  años más tarde, se habría de convertir en una poderosa figura de su tiempo con amplísima trascendencia mundial.

Esta tesis es ciertamente muy persuasiva en su fuerza explicativa en lo que respecta a un aún en ciernes Reino de España. Y debe ser también admitida la influencia que pudo haber tenido esa soberana en la aceptación social y cultural del movimiento ampliado de la reina de ajedrez en todo el continente aunque, en este caso, no como una figura en solitario, sino teniendo a la vista otros antecedentes similares de la experiencia comparada.

Lo dicho guarda mayor predicamento a poco de recordar que, en otros territorios que son extraños a la península ibérica, existen menciones literarias que contemplan una pieza con rostro femenino con anterioridad a lo sucedido en las letras españolas.

Por su parte, la existencia en lo que será Italia del ya citado texto de Pacioli, que es contemporáneo a los trabajos de Vicent y Lucena (aunque sería posterior a Scachs d’amor), nos invita a pensar que las reglas modernas pudieron haber sido el producto de un proceso que se dio en relativa simultaneidad en diversos territorios. Y, al decir esto, no se le resta mérito a la escuela valenciana la cual, sin dudas, fue la más potente a la hora de registrar en textos escritos las innovaciones con las que debería jugarse a partir de ahora al ajedrez.

Lo que sí hay que de plano descartar es que la aparición de la reina se le deba a Isabel la Católica, como alguna vez se ha sostenido con más entusiasmo que fundamentación, en la evidencia de tantas referencias previas a ese trebejo en la literatura medieval, comenzando por Versus de scachis, poema que es de fines del siglo X, donde se presenta a la Regina, en un texto concebido en un monasterio de lo que por entonces era el Sacro Imperio Romano Germánico en territorios que hoy pertenecen a Suiza.

Igual clase de mención más temprana acontece en varios trabajos producidos en Inglaterra, como De scaccis de Alexander Neckam (1157-1217) o el Poema de Winchester que son del siglo XII; Francia, con Gautier de Coincy (1178-1236) y su Les Miracles de Notre Dame y el poema De vetula, que alguna vez se le atribuyó a Ovidio, más sería de Richard de Fournival (1201-1260), y Alemania, con Hugo von Trimberg (c. 1230-1313) quien, en Der Renner, dirá: “Este mundo es como una imagen engañosa, / ya que tiene, como el juego de ajedrez / reyes y una reina, / torres, caballeros, obispos y peones: / De este modo Dios juega un juego tonto / con nosotros, si es que fuiste capaz de darte cuenta.”.

En igual sentido, hay que consignar muy especialmente el aporte del lombardo afincado en Génova Jacobo de Cessolis (c. 1250-1322), y su Líber de móribus hóminum et de officiis nobílium súper lúdum scacchórum, el libro de divulgación de ajedrez más relevante de todo el Medioevo, en donde un amplio apartado de la obra está íntegramente dedicado a la pieza de la reina.

Regresando a Scachs d’amor, que de eso se trata, hay que decir que ese trabajo exhibe varios méritos.  Primeramente, el poema valenciano es de una conmovedora belleza, tanto en su concepción cuanto en su ejecución. En segunda medida, estamos en presencia de un virtual reglamento sobre la forma moderna con la que se debía jugar al ajedrez. Y, finalmente, es del todo indiscutible, al menos en el actual estado de investigación, que la partida que allí se evoca representa la primera transcripción completa de un encuentro que es disputado siguiendo los criterios con los que se comenzó a jugar al ajedrez desde el siglo XV de la era cristiana.

Dada la localización geográfica de este poema, y la del texto de Vicent que surgió en la misma comarca (aunque en un tiempo algo ulterior), es del todo plausible decir que, así como el ajedrez nació en algún punto de Oriente (en un lugar y tiempo indeterminados, con el aporte indudable de la India y, casi con seguridad también, de pasatiempos originados en China y, tal vez, en la cultura helénica), así como el ajedrez experimentó un proceso de difusión en el que contribuyeron centralmente las culturas persa y árabe (además de la bizantina), en la Europa medieval, en ambas penínsulas, la itálica y la ibérica, aunque con mayor protagonismo en esta,  se daría su definitiva modernización, para lo cual resultaron claves los aportes de la denominada “escuela valenciana”.

En ese orden Scachs d’amor es una prueba palmaria, irrefutable y quizás pionera, de la contribución hispana a la definitiva modelización y universalización del ajedrez.

Fuentes bibliográficas:

El ajedrez y la literatura (20). Scachs d’amor, por Fernando Gómez Redondo, 10 de febrero de 2014, Centro Virtual Cervantes, en https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/febrero_14/10022014_01.htm.

El ajedrez y la literatura (21). Lances de amor y de ventura, por Fernando Gómez Redondo, 10 de febrero de 2014, Centro Virtual Cervantes, en https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/marzo_14/03032014_01.htm.

El genio de Da Vinci se reflejó (también) en el espejo del ajedrez, publicado en dos partes en Ajedrez con Maestros, mayo de 2019, en https://ajedrezconmaestros.com/2019/05/16/el-genio-de-da-vinci-se-reflejo-tambien-en-el-espejo-del-ajedrez-parte-1/ y https://ajedrezconmaestros.com/2019/05/17/el-genio-de-da-vinci-se-reflejo-tambien-en-el-espejo-del-ajedrez-parte-2/.

El poema «Scachs D’Amor», por Antonio Gude, 22 de enero de 2017, en https://antoniogude.com/el-poema-scachs-damor/.

Francesco Colonna concibió en el siglo XV en Venecia la primera referencia literaria sobre un ajedrez viviente, por Sergio Ernesto Negri, 7 de julio de 2019, en  https://ajedrezconmaestros.com/2019/07/07/francesco-colonna-concibio-en-el-siglo-xv-en-venecia-la-primera-referencia-literaria-sobre-un-ajedrez-viviente/.

Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez, de Ruy López de Segura,  Casa de Andrés de Angulo, Alcalá de Henares (España), 1561, en https://archive.org/details/bub_gb_n3s8AAAAcAAJ/page/n5.

Narcís Vinyoles i la seua obra, València, Ed. Antoni Ferrando, Universitat de València, 1978: incluye el poema Scachs d’amor, de Francesc de Castellví, Bernat Fenollar i Narcís de Vinyoles, en http://www.rialc.unina.it/35.3.htm.

Scachs d’amor, texto en idioma original en https://ca.wikisource.org/wiki/Scachs_d%27amor.

The Poem Scachs d’amor (1475). First Text of Modern Chess, de Govert Westerveld, Academia de Estudios Humanísticos de Blanca (Valle de Ricote), Murcia (España), 2015.

Sergio Ernesto Negri. Maestro FIDE e investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) y miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas. También se desempeñó en áreas  vinculadas a la educación y la cultura de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional de la República Argentina. 

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