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El ajedrez en el cine mudo (segunda parte)

El cine mudo y el ajedrez
Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

De mucho antes tenemos un film inspirado en otro trabajo del propio Carroll, el célebre Alicia en el País de las Maravillas. Se trata de Alice in Wonderland, que tuvo la dirección de W. W. Young (sin datos de filiación), estrenado el 19 de enero de 1915 en los EEUU, en producción de The American Film Manufacturing Company, del cual hubo varias versiones.

En una de ellas, la que podría ser más amplia, se cree que se tomaron elementos de los dos textos, por lo que se habrían incorporado escenas ajedrecísticas, como aquella en la que se registra el hecho de que Alicia se reúne en un banquete con las soberanas blanca y negra en una situación que, en el libro original, es definida como «enroque de reinas».

Aquí se puede apreciar el Film “Alice Through the look glass” de 1927

Sin embargo se especula, en una visión alternativa, que las imágenes correspondientes a Alicia a través del espejo: y lo que encontró allí, Young pudo haberlas incluido en otro film, uno que se hubiera perdido.

Como se aprecia, estamos bien dentro de la década del 20, la que fue muy importante ya que, en ella, se dio la variación, primero incipiente, luego rápidamente efectiva, entre el cine mudo y el cine sonoro.

El punto de inflexión estuvo dado en este 1927 cuando se estrena en los EEUU El cantor de jazz, la primera película comercial en la que se registra un sonido sincronizado.

En este devenir el ajedrez seguirá apareciendo, una y otra vez, en las producciones cinematográficas, ahora bajo ambas modalidades. De esos márgenes temporales de transición, ya sobre el filo del periodo, tenemos un film checoslovaco, Erotikon, que fue estrenado el 27 de febrero de 1929, con la dirección de Gustav Machatý (1901-1963), rodado en la hermosa ciudad de Karlovy Vary (Carlsbad, conforme la llamaban los alemanes en los tiempos en que estuvo bajo sus dominios).

Se trata del mismo lugar en donde se disputaron numerosos torneos de ajedrez de prestigio como, por ejemplo, el que en 1907 ganó el polaco Akiba Rubinstein (1880-1961); el de 1923, con triunfo del para entonces francés (nacido en Rusia), y aún no campeón del mundo, Alexander Alekhine (1892-1946), o el de 1929, en el que Capablanca, de quien ya hablaremos específicamente más adelante, fue superado por el danés (nacido en Letonia) Aron Nimzowitsch (1886-1935).

Erotikon (en el mercado anglosajón Seduction y, concordantemente, en el francés Séduction) es una de las primeras películas que se consideran eróticas, como bien sugiere el título, en la que se observa una larga escena, a partir del momento cronometrado en el cuarto minuto tras la primera hora del film,  en la que dos caballeros se enfrentan al ajedrez, uno de los cuales es acompañado por una dama quien, en cierto momento, parece querer ayudar al rival.

En esa imagen se advierte, primero, una tensión erótica entre estos dos y, lo que es de lamentar para quienes amamos el juego, también se observa que el tablero está mal colocado (la casilla extrema a la derecha de la primera línea de cada jugador es de color negro y no blanco) y que la posición de la reina y del rey de cada contendiente está invertida. Un pecado ajedrecístico que, huelga decir, no fue ni será exclusivo de este film.

Aquí se puede apreciar el film “Erotikon” de 1929

De una década, la del 20, en la que aún había estado primando el cine mudo, hay dos películas que resultan del todo emblemáticas desde la perspectiva del ajedrez: una se produjo en Francia; la otra, en la URSS.

La primera de ellas es Entr’acte, una joya en el género de los cortometrajes, que fue dirigida en 1924 por René Clair (1898-1987), que tiene una duración de 17 minutos y fracción.

En el film se cuenta con la participación de una constelación de importantes artistas de los movimientos dadaísta y surrealista, como ser: Erik Satie (1866-1925), quien es responsable de su música; Francis Picabia (1879-1953), a la sazón coguionista, y, en roles estelares como actores, además de ellos dos, aparecen nada menos que Man Ray (1890-1976) y Marcel Duchamp (1887-1968).

Duchamp fue uno de los principales referentes y fundadores del surrealismo pero, en cierto momento, dejó de lado su carrera de artista por su pasión por el ajedrez, el que jugó con fruición, por ejemplo en su estadía de nueve meses en Buenos Aires, Argentina, entre los años 1918 y 1919.

A este artista, al que se considera como uno de los más influyentes del siglo XX, quien supo representar a Francia en torneos olímpicos de ajedrez, se le debe esa reconocida frase por la que se asegura que, así como todos los ajedrecistas son artistas, todos los artistas no necesariamente son ajedrecistas, dando prueba cabal de cuál era su verdadero orden de prioridades en la vida.

Pues bien, en el film de René Clair, en el carrousel de imágenes que se suceden, las que tienen como escenario a la bella París, se verá a Duchamp (ubicado a la izquierda de la pantalla) disputar una partida con Man Ray, sentados en la azotea de un edificio citadino, muy concentrados en el juego.

En el respectivo tablero, se sobreimprime la imagen de una rotonda de una ciudad, en la que se representan numerosos automóviles girando en torno a un gran monumento que corona la plaza central en forma de obelisco.

Primero, Duchamp y Man Ray ofician meramente como sorprendidos testigos de lo que sucede en la superficie de ese tablero, el que se halla intervenido por esa otra realidad; luego, sobreviene una caída de agua furiosa, desapareciendo súbitamente de la imagen los protagonistas tras ese temporal.

Quienes vean este film, de insuperable nivel de calidad, seguramente quedarán conmovidos por su originalidad, su particular vértigo inicial y la interesante y larga escena de cierre, en la cual se presenta un cortejo fúnebre con un carro tirado por un camello en vez de un caballo (¡surrealismo puro!).

Se culmina la trama de una forma que resulta tan sorprendente cuan inolvidable, con un virtual doble final, destacándose el ingenio del creador quien, al exhibir a un mago resucitado, lo presenta a continuación con su varita mágica en acción, haciéndolo todo desaparecer, incluso a sí mismo como persona, y al propio film, en el marco de un inquietante simbolismo (¿nos podría hacer desaparecer también a nosotros en tanto espectadores?).

Después de ver Entr’acte, en particular ese magnífico y sorprendente cierre, nos queda claro que siempre las fronteras entre la realidad y la ficción resultan efímeras.  Es más, podríamos llegar a creer que todos, cada uno a su manera, sólo somos parte de un gigantesco acto de prestidigitación de algún desconocido, demiúrgico y tal vez bromista ilusionista. O de un Dios que mueve al jugador como este a las piezas del ajedrez (y sucesivos Dioses en una cadena iterativa sin fin), como concibió el poeta argentino Jorge Luis Borges (1899-1986).


Aquí se puede apreciar el film “Entr´acte” de 1924

El vínculo de Duchamp con el ajedrez y el cine no se agotará con Ent´racte. Es que al artista francés se lo podrá ver, ya en el cine sonoro, en un trabajo del todo experimental, titulado 8X8 – A Chess Sonata, que fue codirigido en 1957 por el propio Duchamp, junto a su compatriota Jean Cocteau (1889-1963) y el teutón Hans Richter (1888-1976), el que fue definido como «un cuento de hadas para el subconsciente basado en el juego de ajedrez».

El segundo film del periodo del cine mudo en el que el ajedrez tuvo un tratamiento particularmente impactante, es Shakhmatnaya Goryachka (más exactamente Шахматная горячка o, en español, Fiebre por el ajedrez), una obra que en 1925 viera la luz en la URSS, gracias a la dirección conjunta de los soviéticos Vsévolod Pudovkin (1893-1953) y Nikolai Shpikovsky (1897-1977).   

La trama de un film que tiene una duración de casi 20 minutos, pone el acento en el torneo de ajedrez que en ese año de 1925 disputaron en Moscú, entre los meses de noviembre y diciembre, 21 jugadores de la élite mundial, el que fue ganado por el local (más tarde emigrará a Alemania) Efim Bogoljubow (1889-1952), delante de numerosas figuras, siendo secundado en la porfía por el alemán (quien por su parte terminará sus días en los EEUU) Emanuel Lasker (1868-1941), el anterior campeón mundial.

En las imágenes proyectadas se incluyen numerosas tomas reales de la competencia, asumiendo en el film, a pesar de ser una ficción, un rol muy protagónico (de hecho es la primera persona en ser mostrada), el vigente titular del orbe, el cubano José Raúl Capablanca (1888-1942), quien saldrá tercero en la referida competencia ajedrecística.

Además, se los verá en pantalla, asumiendo papeles menores, a varios notables jugadores: el norteamericano Frank Marshall (1877-1944); el chescoslovaco Richard Réti (1889-1929); el mexicano Carlos Torre Repetto (1904-1978); el inglés Frederick Yates (1884-1932), y el austriaco Ernst Grünfeld (1893-1962), entre otros.

La trama transcurre en la capital soviética centrándose el relato en una pareja de novios cuyos integrantes están a punto de contraer matrimonio. Pero el futuro marido, atrapado en la fiebre que despertó en la sociedad moscovita la magna competencia (¡hasta se lo ve vestir prendas ajedrezadas, incluidas sus medias!), parece olvidarse de sus compromisos.

Para peor, cuando le pide a su amada perdón por esos descuidos, comete una nueva torpeza ya que, en ese mismo instante del remordimiento, al arrodillarse ante ella, vuelve a distraerse al concentrarse en una partida de ajedrez y no en el acto de contrición frente a su amada.

Ya una amiga de la novia previamente le había advertido a esta: «Recuerda que el ajedrez es peligroso para la vida familiar». La evolución de los acontecimientos le estaban dándole la razón a la consejera. La joven, furiosa, viendo que el ajedrez se había convertido en el objeto más odioso del mundo, termina por repudiar a su amado.

Cuando va a buscar consuelo en su abuelo, este le sugiere a la frustrada novia calma y, para garantizarla, no tiene mejor idea que regalarle….un libro de ajedrez conteniendo viejos problemas!!! Desesperada, acude a una farmacia, para conseguir un veneno para acabar con su vida, observándose en ese instante a los farmaceuticos muy ocupados…. analizando partidas de ajedrez.

Mientras tanto, el caballero va a  un puente donde, en muestra de arrepentimiento, arroja algunas pertenencias ajedrecísticas (¡incluidas sus preciadas medias!), evalúa tirarse él mismo a las aguas, pero reacciona a tiempo, decidiendo volver con su prometida, contexto en el cual llega a la conclusión de que «el amor es más fuerte que el ajedrez».

La dama, que se aprestaba a envenenarse, al tomar el frasco, comprueba que el vendedor, incurso en la «fiebre por el ajedrez», le había dado a ella, debidamente envuelta, en vez del recipiente pedido una pieza del juego por lo que, al menos en este episodio, el ajedrez surge providencial.

En ese contexto aparece el galante Capablanca quien le dice a la angustiada protagonista que, en compañía de una mujer hermosa, él también podría llegar a odiar el ajedrez. Ella, sin saber de cuál era la profesión del caballero, se complace de haber encontrado a alguien que, así lo supuso… también odiaba al ajedrez!!!

Los dos se hacen amigos aunque, tratándose del seductor de Capablanca, podría pensarse que, si la situación se hubiera dado en el plano de la realidad, y no meramente en el cinematográfico, tal vez no necesariamente todo hubiera quedado reducido a ese plano amical. Es sabido que el cubano, así se lo aseguraba, no dejaba en pie ninguna dama, ni dentro ni fuera del tablero.

Al cabo de la situación, la joven decanta por asistir al torneo, sitio en el que la verá, bastante sorprendido, su novio, quien corre fervoroso en busca de su prometida. Se abrazan, unidos por su amor, ahora fortalecido, inesperadamente, por el ajedrez. En esas condiciones se verá al joven que, sobre un diminuto tablero, apoyará el anillo con el que le pide matrimonio a su amada.

El ajedrez como fiebre. El ajedrez como motivo de disgusto y separación. El ajedrez como redención…


Se puede apreciar el film “Shakhmatnaya Goryachka “(Fiebre por el ajedrez), de 1925

Esta película tiene una relevancia cultural adicional ya que influyó marcadamente en el escritor soviético Vladimir Nabókov (1899-1977) a la hora de concebir la novela La Defensa Luzhin, publicada en 1930, trabajo que tiene como eje la vida de un ajedrecista.

Esta otra historia, por su parte, como prueba de que el ajedrez está siempre presente como poderosa fuerza cultural inspiridadora, será asimismo llevada a la pantalla grande, en el 2000, bajo la dirección de la neerlandesa Marleen Gorris (nacida en 1948).

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En este trabajo hemos hecho una recorrida analizando el íntimo vínculo que tuvo el ajedrez con el cine mudo.

Estamos en presencia de un nuevo lenguaje cultural, que tomó impulso a inicios del siglo XX el cual, en lo que respecta específicamente a los primeros estadíos del cine mudo, se caracterizó por la exhibición de imágenes en blanco y negro y la falta de sonido en la producción de origen.

Películas en blanco y negro, como los escaques del tablero y las piezas del juego.

Películas con imágenes mudas que, al volver a verlas, recuperan su intensa magia original dejándonos, a los actuales espectadores, literalmente sin palabras.

Películas pioneras, en las que el ajedrez tuvo presencia, desde el mismo momento en que se observara que la incipiente industria y la nueva expresión de arte comenzaran a dar sus primeros pasos.

Esta relación establecida entre cine y ajedrez habrá de proseguir, progresiva y permanentemente, con el transcurrir del tiempo, dando cuenta de un fenómeno que, bien lo sabemos, ha venido sucediendo desde siempre: el ajedrez se relaciona estrechamente con la cultura y es, en sí mismo, una expresión de orden cultural.

En estas condiciones, el vínculo del ajedrez con el cine, y el hecho de que su presencia en los filmes sea de tan vieja data y extendida expresión, y su continuidad en el tiempo, es una situación que podía considerarse previsible y, en cualquier caso, idiosincrásica.

El ajedrez, en ese sentido, nunca nos terminará de sorprender, en su virtual omnipresencia, en todo momento y lugar.

Como siempre lo ha sido. Como siempre lo será.

Fuentes bibliográficas:

American Chess Bulletin, Vol 12. Nº 4, mayo/junio de 1915 (página 91), Hartwig Cassel & Hermann Helms, New York,  en https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=hvd.hn8x17&view=1up&seq=74.

British Film Institute National Archive, en https://www.bfi.org.uk/films-tv-people/52953660afda9.

Catalogue des films projetés à Saint-Étienne avant la première guerre, Frédéric Zarch, Université de Saint-Etienne, Saint-Etienne, 2000.

Chess and Hollywood, por Edward Winter, en http://www.chesshistory.com/winter/extra/hollywood.html. Chess in the cinema, en http://www.chess-in-the-cinema.de/kino0039.php. Internet Movie Database, en https://www.imdb.com/.

Movies with chess scenes, por Bill Wall, en http://www.oocities.org/siliconvalley/lab/7378/movies.htm.

Moving Picture World, The Film Index, Chalmers Publishing Co., New York, en https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=hvd.hb0sep&view=1up&seq=6.

The British Film Catalogue: The Fiction Film, por Denis Gifford, Routledge, New York, 2018.


Sergio Ernesto Negri. Investigador en la relación del ajedrez con la cultura y la historia. El autor fue asesor, en los comienzos de la década del 90, de la Dirección Nacional del por entonces denominado Instituto Nacional del Cine (actual INCAA) de la República Argentina, habiendo sido miembro de la Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas.

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