Ajedrez con Maestros

Ajedrez y cultura

Un poeta (Baldomero Fernandez Moreno), un niño, un equívoco y el ajedrez

Baldomero Fernandez Moreno y el ajedrez
Sergio Ernesto Negri
Articulo del Maestro Fide e Historiador Sergio Ernesto Negri

Siendo niño fui a una escuela pública en la, a pesar de todo, hermosa ciudad de Buenos Aires, a la que siempre creí había sido bautizada bajo la advocación del poeta argentino Baldomero Fernández Moreno (1886-1950), donde transcurrieron mis años de escolaridad primaria desde el tercer al séptimo grado. Antes, había concurrido a un establecimiento que tenía el nombre de otro inmenso poeta: Olegario Víctor Andrade (1839-1882).

En el Moreno, en cierto momento asumió como director una persona que se llamaba Alejandro Alfonso Storni (1912-2009). Sí, el hijo de la mayor poeta argentina, Alfonsina Storni (1892-1938).

Tiempos idos. Tiempos añorados. Tiempos en los que los poetas eran reconocidos socialmente a punto de que sus nombres quedaran en algunos casos asociados a los centros en los que se educaban a las futuras generaciones de argentinos.

Quizás por cierto espíritu soñador, siempre creí que esos años de escolaridad temprana habían transcurrido en un ámbito que recordaba al escritor al que se le debían unos versos que llevaban el hermoso título de Setenta balcones y ninguna flor, esos que dicen:

Setenta balcones hay en esta casa,/

setenta balcones y ninguna flor./

¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?/

¿Odian el perfume, odian el color? (…)”.

Esas palabras, aún vistas a la distancia, surgen como una muy exacta pintura, antes y ahora, del lugar en el que nació, vivió y murió el poeta. Y donde ese niño devenido en adulto transcurrió y transcurre la mayor parte de su vida.

De padres españoles, Fernández Moreno vio la luz en 1886 en la ciudad de Buenos Aires. Sus progenitores, en cierto momento regresaron transitoriamente a su país natal por lo que, el futuro poeta, crecerá del otro lado del Atlántico, para regresar con 13 años de edad a la capital argentina donde cursará sus estudios secundarios en el Colegio Nacional. Más tarde se recibirá de médico.

Imagen de Baldomero Fernández Moreno. Foto Revista Primera Plana, 6 de junio de 1965, en http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/argentina/poeta-baldomero-fernandez-moreno.htm
Imagen de Baldomero Fernández Moreno. Foto Revista Primera Plana, 6 de junio de 1965, en http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/argentina/poeta-baldomero-fernandez-moreno.htm

Baldomero Fernández Moreno ejercerá su profesión, abriendo primero un consultorio particular en la ciudad de Chascomús, para luego trasladarse a Catriló, una localidad de la provincia de La Pampa en donde oficiará de médico rural en el pueblo bonaerense de Huanguelén. Habrá de regresar a Chascomús, un lugar muy importante en su vida ya que, en esa ciudad, en la que actualmente se proyecta erigir un museo en su memoria, conocerá a la compañera de vida y escribirá sus primeros versos.

Ulteriormente, terminará por regresar a Buenos Aires donde, además de profundizar su producción literaria, llegará a ser director del Hospital Español de Buenos Aires y ejercerá como profesor titular en la Facultad de Medicina de la UBA.

Baldomero Fernández Moreno será, asimismo, profesor de literatura y de historia en escuelas de nivel de enseñanza medio, e integrante de la primera directiva de la Sociedad Argentina de Escritores, dando cuenta de una veta de escritor que comenzó a desarrollar desde muy joven. Su primer trabajo, Las iniciales del misal, había sido publicado en 1915.

Al cabo de los años, su obra integral recogerá la admiración de muchos de sus colegas, entre ellos Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Ezequiel Martínez Estrada y el uruguayo Mario Benedetti, siendo reconocido tanto por la originalidad y calidad de sus versos cuanto por su profunda sencillez.

Obtendrá los Premios Nacional y Municipal en Poesía y, un año antes de su muerte, en su querida ciudad natal, en un hecho que se cree ocurrió en el momento en el que iba al teatro a ver La muerte de un viajante (¡toda una premonición!), obra del norteamericano Arthur Miller (1915-2005), recibió en 1949 el Gran Premio de Honor de la SADE.

A fines de 1955 se propuso instalar, en el barrio de Chacarita, la Biblioteca Baldomero Fernández Moreno, que está ubicada en la calle Concepción Arenal 4206.

En otra muestra de inmortalidad, en la cara sur del emblemático Obelisco porteño, se puede apreciar la inclusión del texto de uno de sus sonetos dedicado al portento, ese que comienza diciendo:

“¿Donde tenía la ciudad guardada/

esta espada de plata refulgente/

desenvainada repentinamente/

y a los cielos azules asestada? (…)”.

Imagen del poema El Obelisco de Baldomero Fernández Moreno. Fuente: Blog El Mirador Nocturno, en http://elmiradornocturno.blogspot.com.ar/2013/11/baldomero-fernandez-moreno.html
Imagen del poema El Obelisco de Baldomero Fernández Moreno. Fuente: Blog El Mirador Nocturno, en http://elmiradornocturno.blogspot.com.ar/2013/11/baldomero-fernandez-moreno.html

Al trazarse una mirada retrospectiva, puede verificarse que Baldomero Fernández Moreno, como tantos de sus colegas escritores, supo incluir al ajedrez en algunos de sus versos.

En efecto, en Las azoteas se imagina a sí mismo volando sobre la ciudad a través de esos espacios y, al describirlos, advierte que:

 “Un frontispicio blanco y un techo de pizarra/

juegan ante mi vista descompuesto ajedrez,/

la fronda de una plaza asciende y se desgarra,/

y un campanario eleva su campana y su prez.”.

“Ajedrez y prez”, una vez más esa rima de palabras que otro poeta argentino, Enrique Branchs (1888-1968), había ya empleado en 1909 al concebir versos con aires medievales, incluidos en su libro El cascabel del halcón:

“…el rey que sólo sabe jugar al ajedrez./

En media luna puestos sobre la mar calmada/

caminan los bajeles llevando hombres de prez/

Al rey, que tiene tedio, la farsa más granada/

le juegan los histriones manchados de la hez…”.

Se trata de la poesía Sobre la mar azul en la cual, dramáticamente, se agrega poco después:

“¡Ay!, traspasó el acero su carne sonrosada,/

y el rey, el rey estaba jugando al ajedrez…/

Esto fue en los bajeles, los bajeles del rey,/

los bajeles del rey, los bajeles del rey.”.

Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964), ese otro gran poeta y pensador argentino, seguirá este modelo recorrido en la obra de Branchs y de Fernández Moreno cuando, en 1924, en su libro  Motivos del cielo, en el marco de sus poesías dedicadas a los signos zodiacales, al referirse al de Libra dirá:

“Pero, por suerte, la tierra/

reserva su mejor prez/

a quien frustra en ajedrez/

su propensión a la guerra”.

Volviendo a Baldomero Fernández Moreno se advierte que, en Club Social Cosmopolita, asegura que en la entidad se jugaba al billar y al póquer y, también, otro pasatiempo que se practica sobre una superficie escaqueada, al precisarse que:

Pasan los pantalones rojos de un capitán/

y después de un saludo doblemente cortés/

juegan la complicada partida de ajedrez/

con la sotana negra del padre capellán.”.

Finalmente en Último Piso se ocupa de un nuevo hogar, ubicado en la zona de Congreso, desde cuya terraza se permite el poeta viajar con su imaginación. Al apreciar la gran ciudad desde la altura, puede en ese contexto divisar:

Al frente la ciudad ábrese a  mis miradas,/

y veo un ajedrez de calles aceitadas,/

por donde van los autos de grandes focos yertos/

a palacios que están con los ojos abiertos.”.

Imagen en la fachada de la casa en la que  vivió  Baldomero Fernández Moreno ubicada en Francisco Bilbao 2384 en el barrio porteño de Flores. Fuente: blog El Mirador Nocturno, en http://elmiradornocturno.blogspot.com.ar/2013/11/baldomero-fernandez-moreno.html
Imagen en la fachada de la casa en la que vivió Baldomero Fernández Moreno ubicada en Francisco Bilbao 2384 en el barrio porteño de Flores. Fuente: blog El Mirador Nocturno, en http://elmiradornocturno.blogspot.com.ar/2013/11/baldomero-fernandez-moreno.html

Recuerdos de niño, recuerdos muy personales, recuerdos que nos conducen  a Baldomero Fernández Moreno y su relación con el ajedrez.

Recuerdos de niño, recuerdos muy  personales, recuerdos que nos hacen reparar en la obra de un inmenso poeta que no fue indiferente, como tantos escritores argentinos y universales, al milenario juego.

Recuerdos que, sin embargo, comportan todo un equívoco, del que se pudo por gracia salir a partir del ajedrez.

Es que, ese niño, al rever su historia y dotarla de contenido vinculado a su pasión ajedrecística, terminó por descubrir que, en realidad, la escuela Moreno a la que había concurrido, estaba dedicada a otra personalidad, a José Federico Moreno (1840-1905), un homónimo, sólo en lo que respecta al apellido, del recordado poeta.

Este otro Moreno, fue un empresario mendocino de quien se recuerda que donó buena parte de su fortuna para fundar escuelas en Morteros, en la provincia de Tucumán y fortalecer centros sanitarios en varios puntos del país, incluido el prestigioso Hospital de Clínicas de la capital argentina.

Imagen del autor de la nota de sus tiempos de escolar. Gentileza de mi hermana Marcela
Imagen del autor de la nota de sus tiempos de escolar. Gentileza de mi hermana Marcela

Pues bien, ese niño, que descubrió devenido en adulto que no era Baldomero Fernández Moreno sino José Federico Moreno el nombre de la escuela primaria en la que concluyó esa hermosa etapa de su vida, tuvo el honor de representarla en el primer torneo escolar de ajedrez que se disputó en la ciudad de Buenos Aires en el año 1971, en el que alcanzó el subcampeonato. Pero esa es otra historia…

Tiernas épocas, las de la escolaridad primaria, esas que aportaron su cuota de conocimientos, de experiencias, de formación humana y, aún, de algún que otro equívoco.

Equívoco que, al menos en lo que respecta al nombre del establecimiento escolar, se pudo con el tiempo desanudar gracias a las investigaciones centradas en el ajedrez y a su relación con la cultura (general) y la historia (en este caso personal).

Ese es otro mérito del noble juego, uno que surgió en esta caso de forma  impensada: el de permitir recrear las imágenes del pasado, y enmendar algún que otro equívoco, esas que regresan a la hora de convocar al presente a los recuerdos de antaño…

Artículo del Maestro FIDE. Sergio Ernesto Negri, investigador en la relación del ajedrez con la cultura e historia.

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