Ajedrez con Maestros

Ajedrez y culturaHistoria

Francesco Colonna concibió en el siglo XV en Venecia la primera referencia literaria sobre un ajedrez viviente

Ajedrez viviente en Maróstica

Ajedrez y Cultura

Por MF Sergio Ernesto Negri (1)
El investigador argentino y M. F Sergio Ernesto Negri en la relación del ajedrez con la cultura y la historia.

Hypnerotomachia Poliphili (del griego hypnos, ‘sueño’, eros, ‘amor’ y mache, ‘lucha’), o el Sueño de Polífilo, es un libro de prosa hermética, escrito en tiempos del Renacimiento italiano, utilizando un lenguaje en el que se  mezcla el latín, el griego y también el italiano.

La obra es particularmente hermosa, desde el punto de vista visual, ya que cuenta con 172 grabados en madera realizados con una gran maestría.

Sus páginas, no exentas de aires esotéricos y de un marcado erotismo, relatan centralmente una historia de amor, en cuyo transcurso se aportan conocimientos arqueológicos, astronómicos, arquitectónicos, litúrgicos, botánicos, gemológicos y hasta culinarios.

Este trabajo se mantuvo relativamente oculto hasta que, en tiempos modernos,  será revalorizado al ser republicado en idioma italiano lo que ocurrió en 1959.

Si bien en principio se podría suponer que es de autor anónimo, en definitiva se le debe atribuir al hermano Francesco Colonna, un monje de la orden de los Dominicos, quien se desempeñó en el monasterio de San Giovanni e Paolo de Venecia, nacido en 1433 y fallecido en 1527, quien asimismo predicó en la Basílica de San Marcos en su ciudad natal.

Es evidencia de esa adjudicación el hecho de que las iniciales decoradas de cada uno de sus treinta y ocho capítulos forman un acróstico: “POLIAM FRATER FRANCISCUS COLONNA PERAMAVIT”, es decir “Franciscus Colonna quien ama desesperadamente a Polia”.

Los veinticuatro primeros libros corresponden al relato de Polífilo mientras que, en los restantes, quien aparece como enunciadora de las historias es su amada, la mentada Polia.

Se ha asegurado que el manuscrito pudo haber sido redactado en 1467, habiendo aparecido originalmente en la propia Venecia en 1499, lo que sucedió en la imprenta Aldina de Aldo Manucio (1449-1515).

 Imagen del libro Hypnerotomachia Poliphil, en https://images.app.goo.gl/joVcqpWWXdeeKrAb7
Imagen del libro Hypnerotomachia Poliphil, en https://images.app.goo.gl/joVcqpWWXdeeKrAb7

El texto fue objeto de algunas reediciones ulteriores, varias en tiempos próximos, lo que sucedió en distintos puntos geográficos de la península y del exterior, particularmente en Francia donde, en una publicación de 1546, recibirá el nombre Le Songe de Poliphile.

Hypnerotomachia Poliphil se centra en la historia del sueño de Polifilo, por lo que se adscribe a un tratamiento argumental muy sugerente, ese que ha sido tan recorrido en la literatura y en la filosofía comparada, que presenta la idea de que todas las cosas humanas son sólo parte de un sueño.

De hecho el psiquiatra Carl Jung (1875-1961), muy influido por este libro, lo consideró un modelo a tener en cuenta en el contexto de su teoría de arquetipos y de la interpretación de los sueños.

El atormentado personaje central del relato cae primero en el insomnio, como le aconteciera a su equivalente de El libro de la duquesa del inglés Geoffrey Chaucer (1343-1400), debido al amor no correspondido que siente por Polia. Pero logrará dormirse y, en el marco de sus devaneos oníricos, vivirá historias paralelas y sucesivas en las que podrá en definitiva concretar su pasión.

Es así que en cierto momento Polifilo visita secretamente a Polia quien, en principio, lo había rechazado. Estando en el templo de Diana, el amante se desvanece muriendo a los pies del objeto de sus deseos. Entonces, ella arrastra su cuerpo fuera y lo esconde mas, aparece Cupido, quien la obliga a volver y besar al caballero, trayéndole de nuevo a la vida, al cabo de lo cual permanecerán juntos hasta el fin de sus días.

En esta obra, convirtiéndose en un hecho que nos interesa especialmente desde nuestra perspectiva del vínculo del ajedrez con la cultura, se plantea la realización de tres coreografías en forma de baile, que están asociadas al juego, por lo que estamos en presencia de la primera imagen escenográfica de partidas vivientes, al menos en lo que respecta a la literatura occidental.

El pasaje en cuestión, en traducción al castellano debida a Pilar Pedraza,  la que obra en el texto publicado por la Editorial Acantilado, Barcelona, 1999, expresa:

Además de todo lo que hasta aquí he dicho, quiso la reina, para mayor ostentación, mostrar la grandeza y la abundancia del universo en toda clase de excelentes y rarísimas magnificencias, así que, estando todos sentados en nuestros sitios, después de la maravilla del suntuoso banquete, ordenó sin tardanza un juego admirable, digno no solo de verse sino de recordarse eternamente, que además fue un hermoso baile, con el siguiente modo y procedimiento: por la puerta de las cortinas entraron treinta y dos muchachitas, de las que dieciséis estaban vestidas de tejido de oro —ocho de ellas iguales—; a una de las vestidas de oro le fue puesto un manto real y a otra un vestido de reina y estaban acompañadas de dos capitanes de fortaleza, dos muditos o secretarios y dos caballeros. Las otras estaban vestidas de plata y llevaban la misma jefatura. Todas se dispusieron según su oficio, colocándose sobre los cuadrados del pavimento; es decir las dieciséis vestidas de oro en una parte y las dieciséis de plata en la opuesta. Las muchachas músicas empezaron a tocar con consonancia suavísima y entonada melodía tres instrumentos de osada invención y que armonizaban perfectamente. Al tiempo medido por el sonido y según ordenaba el rey, se movían en sus cuadrados las ágiles y saltarinas bailarinas. Haciendo reverencia al rey y a la reina, saltaban con graciosísimas vueltas sobre el otro cuadrado, realizando una agradable inclinación. Cuando la música comenzó de nuevo, el rey de plata mandó a la que estaba delante de la reina que se pusiera enfrente de aquella. Esta, avanzando con los mismos gestos de respeto, hizo el movimiento y se detuvo. Por este orden, según la medida del tiempo musical, se cambiaban así de lugar o bien, permaneciendo en su cuadrado continuamente, bailaban hasta que, tomadas o arrojadas, salían, siempre por mandato del rey. Las ocho que estaban vestidas igual, invertían cada tiempo del sonido en trasladarse a otro cuadrado; no podían retroceder sino por haber saltado inmunes sobre la línea de los cuadrados donde residía el rey, ni avanzar más que diagonalmente.

Un secretario y un caballero atravesaban en cada tiempo tres cuadrados, el secretario diagonalmente, el caballero dos en línea recta y uno transversal, y podían trasladarse por todos los lados. Los custodios de la fortaleza podían traspasar muchos cuadrados en línea recta y libremente, es decir, en un tiempo podían desplazarse tres, cuatro o cinco cuadrados, guardando la medida y apretando el paso. El rey podía situarse sobre cualquier cuadrado no ocupado o indefenso y le estaban vedados los cuadros a los que otros pudieran saltar y, si lo hacía, debía ceder, precediendo una advertencia. La reina, por el contrario, podía moverse por cualquier cuadrado del color donde primero se asentó, aunque lo mejor es que permaneciera siempre al lado de su marido.

Cada vez que los oficiales de uno u otro rey encontraban a uno del contrario sin custodia ni protección le hacían prisionero y, besándose ambas muchachas, el vencido salía fuera. Siguiendo estas reglas, hicieron al mismo tiempo un notabilísimo juego y un elegante baile, danzando y jugando festivamente según la medida del sonido con alegría, solaz y aplauso, quedando vencedora la plata. Esta solemne fiesta duró, entre los encuentros huidas y defensas, una hora, y fueron tan armoniosas las evoluciones, reverencias, pausas y modestas inclinaciones, que me invadió tal deleite que pensé, no sin motivos, que había sido llevado a las supremas delicias e inaudita felicidad del Olimpo.

Terminado el primer juego en forma de baile, todas volvieron a su correspondiente cuadrado; y, vueltas a sus lugares ordenadamente, hicieron lo mismo que la primera vez, pero las que tocaban los instrumentos aceleraban el ritmo, de modo que los movimientos y gestos de los bailarines-jugadores eran más rápidos, aunque observaban el tiempo del sonido de un modo tan hábil y con tan apropiada gesticulación y arte, que no cabía pedir más.

 Muy expertas, las damiselas saltaban, la cabeza coronada de olorosas violetas y las abundantes trenzas acompañando el movimiento, bien sobre los delicados hombros, ya a las espaldas. Cuando alguna era aprisionada, levantaban los brazos y entrechocaban las palmas de las manos. Así, jugando y bailando, volvió a ganar por segunda vez el primer color.

Cuando todos estuvieron distribuidos de nuevo en sus lugares correspondientes para el tercer baile, los músicos apresuraron aún más la medida del tiempo, con un tono y modo frigio tan excitante como nunca supo inventar el propio Marsias de Frigia. En el primer movimiento, el rey vestido de oro hizo correrse a la jovencita que estaba delante de la reina sobre el tercer cuadrado. Por esta causa, comenzó inmediatamente una gran lucha, un torneo delicioso, a una velocidad cada vez mayor. Se inclinaban hasta el suelo, dando luego un salto repentino y dos revoluciones en el aire, una al contrario de la otra, y luego sin interrupción, puesto el pie derecho en el suelo, daban tres vueltas y después cambiaban de pie. Todo esto lo realizaban en un tiempo, tan hábilmente y con tanta agilidad y con profundas inclinaciones, compuestas vueltas, fáciles saltos y hermosos gestos, que nunca se pudo ver ni fue inventada cosa mejor. No se obstaculizaban entre sí, pero quien era apresado, tras haberle dado el raptor al instante un beso dulce como el mosto, salía del juego. Y cuanto menor número quedaba, tanto más graciosa habilidad había en el mutuo engaño. Este orden y modo tan dignos fueron observados por cada uno sin falta, tanto más cuanto mayor era la rapidez de la medida de las sabias y excelentes muchachas y músicas, e incitaba incluso a tales movimientos a todos los que estaban presentes, a causa de la armonía del sonido con el alma, sobre todo porque había aquí sumo y concordante consenso de la buena disposición de los cuerpos. Por esta razón, pensé cálidamente en el poder de Timoteo, habilísimo músico que con su canto había obligado al ejército del gran macedónico  a tomar de nuevo las armas; y luego, bajando la voz y el tono, les había incitado a que, abandonándolas, desistieran todos. En este tercer juego triunfó gloriosamente la muchacha vestida de rey de oro…”.

Como se aprecia de este pasaje, desde el punto de vista ajedrecístico, surgen los siguientes elementos principales:

  1. No se menciona al ajedrez específicamente, aunque está claro que se alude a ese juego que era de amplia popularidad en la época
  2. Los protagonistas se ubican a cada lado en una superficie cuadriculada, en un tablero de dimensiones gigantes
  3. Se habla de una situación que comporta a la vez juego y baile, por lo que queda claro que estamos en presencia de una representación escenográfica de cada partida
  4. La cantidad de participantes es de exactamente 32, es decir, correspondiendo a 16 piezas por jugador, tratándose de muchachas adolescentes vestidas unas de oro y otras de plata (con lo que los colores no responden a la taxonomía blanco/negro que, con el tiempo, se habrá de convertir en la convencional)
  5. De cada conjunto, 8 participantes estaban vestidas en forma igual, por lo que corresponde claramente a la imagen de peones, los que no podían retroceder aunque, curiosamente, se les permite avanzar diagonalmente (y no se alude a que ello acontezca en situación de captura) 
  6. De quienes estaban vestidas en forma diversa, a una se le adjudicó el manto real (el rey en el juego), a otra un vestido de reina (la reina, propiamente dicha, ahora considerada en tanto trebejo y no meramente por su atuendo)
  7. De las restantes piezas diferenciadas, dos eran capitanes o custodios de la fortaleza, dos personas taciturnas o secretarios y dos caballeros, los que responden, respectivamente, a las imágenes de la torre, del alfil y del caballo
  8. Los capitanes o custodios de la fortaleza (Custodi della Rocha, en el original), pueden traspasar muchos cuadrados en línea recta y libremente, es decir, en un tiempo podían desplazarse tres, cuatro o cinco cuadrados. Es desde luego la figura de la torre por lo que hay que suponer que también  puede recorrer un máximo de 8 casillas incluida la de origen. Es de hacer notar que en latín a la pieza en cuestión se la denomina rochus, como lo hizo Marcus Hieronymus Vida (1490-1566) en su poema Scacchia Ludus de 1513
  9. Las personas taciturnas o secretarios (Taciturnuli o Secretarii, en el original), mueven en forma diagonal. Y lo hacen a tres cuadrados, lo que comporta el movimiento del alfil (el anterior elefante) según la vieja usanza (en la que se saltaba la casilla intermedia). El carácter reservado al que alude su nombre habla tal vez de la confianza que debía adquirir el personaje en su calidad de asistente del monarca
  10. Los caballeros (Equiti,en el original), atravesaban también tres cuadrados, pero en su caso dos en línea recta y uno transversal, pudiéndose trasladar por todos los lados, en el clásico movimiento asociado al que asume el caballo de ajedrez
  11.  El rey (Re, en el original)  podía situarse sobre cualquier cuadrado no ocupado o indefenso, siéndole vedados aquellos a los que otros pudieran saltar. Si lo hacía, debía ser advertido, lo que claramente remite a la concepción de “jaque”
  12. .La reina (Regina, en el original) podía moverse por cualquier cuadrado del color donde primero se asentó, sugiriéndole no obstante que “lo mejor es que permaneciera siempre al lado de su marido”. Si bien no se aclara, por esta recomendación se entiende que su movimiento era limitado, siendo seguramente el heredado del visir oriental en el que la pieza en cuestión sólo podía desplazarse en diagonal una casilla respecto de la de origen. Pero es del todo relevante que ya se contemple su existencia
  13. Está del todo claro que se estaba bajo los parámetros de la modalidad antigua del ajedrez, esa que procedía del mundo oriental, la que aún no había evolucionado definitivamente en Europa, con lo que aún no estaba vigente el sistema que en la península italiana será bautizado, tiempo después, como ajedrez “alla rabiosa
  14. Como el libro es de 1467, y los textos didácticos especializados que en España y en Italia introducen el ajedrez en su versión modernizada, como por ejemplo el De Ludo scacchorum de Luca Pacioli (1447-1517), ese que contiene hermosas imágenes adjudicadas al genio de Leonardo da Vinci (1452-1519), son de fines de siglo, es del todo comprensible que en esta obra se siguiera el modelo medieval y no el moderno lo que, bajo otro de punto de vista es revelador: la transición entre uno y otro sistema se fue verificando precisamente en el curso del siglo XV 

El ajedrez fue muy relevante en la cultura musulmana y, ya sabemos, esa ha sido la fuente principal de la que provino el ajedrez que ingresó oportunamente a Europa.

En el contexto de esa fe, se solía cuestionar la posibilidad de que las piezas del juego respondan a una imaginería que apelara a personas o animales, por lo que respondían a un diseño abstracto.

Por ello, es algo particular y muy extraño que se haya asegurado que en Granada, España, a comienzos del siglo XV, cuando aún dominaban el territorio, los sultanes pudieran haber ofrecido espectáculos de ajedrez viviente en un hecho que, de haberse producido, evidentemente contradecía sus propias íntimas convicciones religiosas.

En una situación para nada festiva, y por ello del todo contrastante, se ha también consignado que, sobre fines de esa misma centuria, se podía exhibir a prisioneros, siempre en la península ibérica, en lo que se denominaban “representaciones inquisitoriales”, sobre tableros escaqueados de porte real, haciendo los detenidos las veces de piezas de una ominosa partida de ajedrez.

Se ha asegurado en múltiples fuentes, por ejemplo en la extensa cronología del historiador inglés Bill Wall, que la primera vez en que esta clase de eventos de ajedrez viviente tuvo lugar, fue en tiempos de Carlos Martel (686-741) en Francia, más precisamente en el año 735, expresándose que el fundador de la dinastía carolingia jugaba sus partidas valiéndose de personas de carne y hueso, quienes debían seguir los movimientos de cada encuentro en un tablero diseñado a escala humana.

Sin embargo, hay motivos suficientes para considerar a esta historia más como parte de una leyenda que en sus ribetes de realidad. Es que de hecho el ajedrez habría ingresado a territorio galo en fecha muy ulterior a la referida. A lo sumo, podría considerarse que Martel pudiera haber disputado alguna otra clase de juego, uno que no era precisamente el ajedrez.

Lo que resulta del todo más probable es que el ajedrez viviente naciera, mucho después, al menos en lo que respecta a su vínculo con la esencialidad de la cultura europea, en Marostica, una ciudad italiana que, con el tiempo, viene ofreciendo esa clase de representaciones como atracción turística. Actualmente se las hace cada dos años, previéndose que la próxima se realizará en el mes de septiembre de 2020.

La primera vez que tuvo lugar esta clase de encuentro, fue el 12 de septiembre de 1454, cuando se realizó una partida de ajedrez viviente que remite, como la de Polífilo, a otra historia amorosa.

En este caso se trataba de dos nobles, Rinaldo d´Angarano y Vieri da Vallonara, quienes se enamoraron de la hermosa Lionora, hija de Taddeo Parisio, el señor del castillo de Maróstica.

Los  pretendientes, que se habían desafiado a duelo, fueron obligados a cambiar sus planes originales ya que fueron instados a dirimir su disputa amorosa mediante el más pacífico ajedrez.

Por razones de proximidad geográfica (la distancia entre Marostica y Venecia es de menos de 100 km) y temporal (el episodio de origen que motivó el ajedrez viviente en aquella ciudad y el libro de Colonna corresponden al mismo siglo), es posible suponer que el autor de Hypnerotomachia Poliphli pudo haber conocidola historia real, la que bien le pudo servir de argumento a su relato ficcional. Por lo que decidiera inmortalizarla en su trabajo.

Partida de ajedrez viviente Maróstica 2016
Partida de ajedrez viviente Maróstica 2016

La de Colonna en todo caso es una obra que fue claramente influyente en tiempos posteriores, particularmente cuando una historia de índole similar es incorporada en Gargantúa y Pantagruel, el clásico texto del escritor francés François Rabelais (1494-1553).

En el capítulo XXV del quinto de los libros de la respectiva serie, el que se le atribuye aunque se han llegado a expresar dudas sobre si realmente corresponde a su autoría (de hecho fue publicado luego de la muerte de Rabelais), se presenta otro ballet, siempre constituido de 32 figuras, la mitad ataviadas en oro y la otra mitad en plata, quienes danzan a lo largo de tres juegos, muy en sintonía con el antecedente de Hypnerotomachia Poliphli.

En este contexto, el autor denomina ninfas a los peones, arqueros a los alfiles, guardianes a las torres, suma a los clásicos caballos, mientras que ubica a la reina a la izquierda del rey, lo que resulta hoy habitual, aunque en su tiempo no siempre se respetaba.

A esta se la hace mover en cierta instancia dos casillas en avance, evidenciando un tímido empoderamiento en su movimiento. También se prevé la posibilidad de coronación en reina por parte de cualquier peón, a la sazón ninfa, con lo que no se generan los clásicos problemas éticos que se planteaban en la era en razón del fenómeno de transexualización que comportaba esa posibilidad.

Concluyendo, puede decirse que Francesco Colonna con Hypnerotomachia Poliphli ofrece una sugerente iconografía, al concebirse por primera vez en el mundo de la literatura partidas de ajedrez vivientes, en las que las piezas siguen el ritmo de la música al ejecutar bellas coreografías danzantes.

Con ello el autor da una muestra más de la popularidad y del prestigio cultural que el juego venía adquiriendo en Europa en la Edad Media, por lo que era susceptible de ser incluido y celebrado en un libro tan enigmático como influyente, y en algún sentido pionero, el que habrá de trascender las fronteras del tiempo y del espacio.

Trascender las fronteras del tiempo y del espacio… Un recorrido que, como bien sabemos, viene también, y desde siempre, vale decir desde sus propios orígenes, cumpliendo rigurosa y exitosamente el milenario ajedrez.

Sergio Ernesto Negri

Fuentes:

El ajedrez viviente, en el blog El ajedrez en la escuela, en http://www.elajedrezenlaescuela.com/index.php/el-blog/entry/el-ajedrez-viviente.

El genio de Da Vinci se reflejó (también) en el espejo del ajedrez, de Sergio Negri, en el blog Ajedrez con Maestros: parte I, en https://ajedrezconmaestros.com/2019/05/16/el-genio-de-da-vinci-se-reflejo-tambien-en-el-espejo-del-ajedrez-parte-1/; y parte II, en  https://ajedrezconmaestros.com/2019/05/17/el-genio-de-da-vinci-se-reflejo-tambien-en-el-espejo-del-ajedrez-parte-2/.

Hypnerotomachia Poliphili, Francesco Colonna, en  https://archive.org/details/A336080/page/n3.

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