Ajedrez con Maestros

Historia

Gioacchino Greco el personaje que iluminó el siglo XVII

Giocchino Greco

La grandeza del hombre sencillo

Al pasar a la siguiente centuria la personalidad mas descollante es sin duda alguna la de Giocchino Greco, apodado “El Calabrés”. Nacido alrededor del 1600, en Célico, Cosenza, Calabria, escasas son las noticias de su vida hasta el momento en que aparece en Roma en el año 1619, protegido por el cardenal Savelli y monseñor Francesco Buoncompagno, hijo del duque de Sora, Giacomo Buoncompagno.

Por esa época inicia un manuscrito reuniendo variantes originales y partidas brillantes que termina en 1619, copia unos extractos y los entrega a sus protectores. Dos años antes en 1617, Pietro Carrera, cura de Militello, cerca de Siracusa, Sicilia, da a la estampa su obra “Il giouco degli Scacchi”, que tiene más valor histórico que significado ajedrecístico, mientras Greco publicó, en 1619, en francés, el “Tratado sobre el juego de ajedrez”; Hubo tres ediciones del Tratado mientras estaba vivo y después de su muerte aparecieron, en París, Burdeos, La Haya, Ámsterdam, Lieja, Bruselas, Londres, Leipzig y otros lugares, habían más de 50. Incluso hoy en día, este libro está impreso en Italia, mientras que cientos de obras de otros autores duermen polvorientos en las bibliotecas.

El libro de Gioacchino Grego
El libro de Gioacchino Greco cuya primera edición fue en el año 1619

Pero Greco agrega a su condición de autor, como se verá el de caballero andante del ajedrez, siempre dispuesto a batirse en el tablero.

En 1621 aparece en la corte el duque de Lorena, en Nancy, a quién entrega y dedica una hermosa copia manuscrita y completa de su libro, con unas ciento cincuenta partidas brillantes, fechada el 5 de julio de ese año, ejemplar que ha llegado hasta nuestros días.

Todo esto demostrando su gran fama. Entre las tácticas aplicadas en el juego, uno de sus movimientos ganadores llamado “del Gambetto” aunque yo no se lo adjudicaría a el, ya que Ruy López en la partida del año 1560 contra Giovanni Leonardo da Cutro, emplea lo que hoy llamamos el Gambito de Rey.

Viaja a Paris donde realiza pingües ganancias, cuyas principales jugadores son el duque de Nemmours, M. Arnault le Carabín y el Chaumont de la Salle, y en breve tiempo se hace dueño de 5000 coronas (este es el comentario general, pero en Francia circulaba entre los años 781, impuesta por Carlomagno y 1795 año de la revolución francesa la libra francesa, así que la moneda que Greco debía tener son libras francesas), no pude hacer una estimación de cuanto sería esa cantidad, pero las grandes figuras eran normalmente muy bien pagados por los señores que los protegían y es su caso con sus propias apuestas, y las exhibiciones jugando contra mas de un rival seguramente había conseguido una cantidad importante para la época.

Cruza el canal hacia Londres, en 1622, y ya en tierra en la capital del Támesis se mide con los más renombrados, sir france Godolphin y Nicholas Mountstephen, unos meses después del aterrizaje, acosado por sus rivales, fue atacado y golpeado por una bandada de delincuentes, que le robaron todo lo que poseia, el fruto de todas. sus victorias y regresó, disgustado, a Francia, seguro de encontrar una sociedad más refinada y tranquila para disfrutar de su genio y estilo; por esto fue llamado “Superb y fascinante como el suelo de su tierra natal”. Su fama era conocida en las cortes y salones de las familias más grandes. Uno de los muchos adversarios famosos que venció fue tan caballeroso que se inclinó para saludarlo con un madrigal

 En 1624 regresó a París, donde se dedicó a seguir jugando partidas y sobre todo a escribir copias de su tratado de ajedrez. Hay que resaltar que este libro fue muy innovador en su época, ya que estaba compuesto de decenas de partidas comentadas jugadas por el propio autor, muchas de ellas bellas miniaturas donde despliega un espectacular ajedrez de ataque. Generalmente, Greco obsequiaba con una copia (transcrita por él mismo) a todos los monarcas que le acogían temporalmente en su reino. El libro fue traducido a varias idiomas y fue el manual de referencia en Europa hasta el siglo XVIII. Además también publicó varios manuscritos con finales, algunos compuestos por él mismo y otros tomados de distintos autores.

Si nos atenemos a las fechas de la primera edición en donde aparecen 150 partidas comentadas, y que empezó a diseñarse el mismo en 1617, Greco tenía sólo 19 años a la fecha de publicación en 1619, su lugar de origen es una zona pobre en que debía tener muy pocos habitantes, como desarrollarse ajedrecísticamente sin rivales, sin competencia, sin elementos, los libros que podía haber de ajedrez difícilmente pudieran llegar a sus manos

La siguiente etapa de su viaje le llevó hasta España, donde jugó en la corte de Felipe IV.

Allí se enfrentó con el cura siciliano Mariano Marano, que según cuenta Salvio logró derrotar a Greco con asiduidad. Pero un caballero errante no puede tener una residencia fija durante demasiado tiempo y aceptó acompañar a un noble español en un viaje a América, el cual decidió incluirle en su séquito ya que era un gran aficionado al ajedrez. En tierras americanas vivió durante unos años y allí fue donde falleció, se especula con que fue en un naufragio, pero este dato no se puede comprobar.

La noticia de su vida está tomada de unas pocas líneas escritas por Salvio en 1634 en las que habla del Greco como ya muerto. Otras noticias se obtienen de sus numerosos manuscritos con autógrafos dedicados a sus nobles protectores. Algunos escritos, casi seguramente autógrafos, están escritos en muy mal italiano con errores de ortografía que sugieren humildes condiciones familiares y un comienzo de carrera como sirviente.

Imagen de gente jugando ajedrez entre el siglo XVI y XVII
Imagen de gente jugando ajedrez entre el siglo XVI y XVII en Calabria

Según lo que cuenta Salvio, siguió a un gran señor español en las Antillas (probablemente las Antillas) visitando México, Perú y Chile. Desde ese viaje nunca regresó. Parece que murió alrededor de 1634, dejando todas sus posesiones a los jesuitas, alrededor de 1630, y aún se desconoce el lugar de su muerte, a pesar de que se ha investigado mucho al respecto.

Solo una cosa es segura: Gioacchino Greco estableció a los jesuitas como herederos de sus posesiones, tal vez debido a la gratitud de la asistencia recibida en tierras tan alejadas de su Celico. Es considerado uno de los mejores jugadores entre los siglos XVI y XVII.

Greco ha sido uno de los genios más grandes del tablero según autores de la talle de Von Bilguer, von der Lasa, Max Lange y Dufresne, sin rival en los breves años de su actuación. Gozó en vida de fama ecuménica, y su libro multiplicado por la imprenta en más de cuarenta ediciones se tradujo a varios idiomas. Es el primer gran táctico. Temperamental, vigoroso, pródigo, turbulento.

Antepone el fasto ajedrecístico que sorprende y deslumbra, contemplándose divertido y glorioso. Ninguno antes que el condujo el ataque con tan ágil concentración de piezas sobre el rey, menospreciando los peones y las ganancias de material.

Sin embargo críticos posteriores adoptando un superficial punto de vista le tacharon de inconsistente, y mas ameno que instructivo, podrán ver las partidas para entender lo equivocado de estos comentarios, el ajedrez toma en sus partidas y análisis una dimensión diferente de todo lo hecho o escrito hasta ese momento, si miramos por ejemplo las partidas de Morphy mas de dos siglos después veremos sin duda rasgos de su juego, en la dinámica de los ataques, en el aprovechamientos de los tiempos.

Sin embargo, la crítica más rigurosa ha terminado por aceptar también, que mostró como ninguno el peligro que entrañaba perder una jugada o un “tiempo”. Bastaría el descubrimiento de ese concepto fundamental para darle el merecido sitio entre los grandes, sin contar lo que se le debe por toda la actuación entre los mejores de su tiempo y la precocidad de su obra original, sus ideas y su forma de juego, que salvo por Philidor se verán mas de dos siglos después.

Es el primero de una casta de grandes tácticos que aparecen periódicamente en el mundo del ajedrez alumbrando con su genio. Elevándose desde la simple celada de sus antecesores, hasta el ataque concentrado sobre el rey antagonista. Fue la conquista más valiosa –dice el doctor Lasker- desde el año 1500 hasta mediados del siglo XVIII.

Debera pasar otra centuria antes de que vuelva a oír alguna noticia sobre un maestro de nota, y no es que en Italia haya desaparecido el interés por el ajedrez, todo lo contrario y esto sin duda y en gran medida se le debe a Gioacchino Greco, que con su espíritu andante llevo el ajedrez desde su Calabria natal al mundo entero, por sus viajes o su obra, mientras el ajedrez extiende sus dominios por todas las clases sociales, cada vez más numerosas.

A la poesía dedicada al juego sin par, se agrega en ese lapso de tiempo una obra que invade campos superiores del saber, titulada “La Filosofía degli Scacchi”, publicada en 1690, por Aurelio Severino.

No era menos popular en Inglaterra y Francia el ajedrez, pero el común de los practicantes dependía exclusivamente de su experiencia la mayoría de las veces ignoraba la existencia de libros y aún sabiéndolo la valla del idioma con anotación totalmente descriptiva, “Il pedone di Re quando va”, resultaba un obstáculo insalvable.

M.I Fernando Alberto Braga

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