Ajedrez con Maestros

Ajedrez y culturaHistoria

Sobre los orígenes del ajedrez (Parte 1)

origenes del ajedrez

“En busca del tiempo perdido”

Por Sergio Ernesto Negri

“…Dios por su naturaleza es el objeto más digno de nuestro anhelo; pero que el hombre, como dije antes, no es más que un juguete que ha salido de las manos de Dios, y que esta es, en efecto, la más excelente de sus cualidades; que es preciso, por consiguiente, que todos, hombres y mujeres, se conformen con este destino, y consagren su vida á los más preciosos juegos” (Platón, Las Leyes, Libro VIII, 803). “Sólo somos marionetas del destino” me dijo alguna vez la adorable Teresa en el crepúsculo de su existencia”.

PRESENTACIÓN

Todo lo pretendemos saber: qué hay más allá de lo infinitamente microscópico o qué nos puede deparar las profundidades estelares; si hay un plan divino y el misterio de la vida; las razones de la historia y las perspectivas de la evolución; si el ser humano es bueno y hasta la posibilidad de que existan universos multidimensionales.

Todo entra en el radar de una Humanidad siempre ávida en la búsqueda de conocimiento. Siendo así, no hay modo de no plantearnos: ¿en qué momento, en qué espacio geográfico, bajo qué autoría, adscripto a qué cultura, el ajedrez, el más influyente, metafórico y enigmático de los pasatiempos creados alguna vez hizo su aparición en la Tierra? En el terreno de determinar el origen del ajedrez, parafraseando a Marcel Proust, y tal cual titulamos el presente trabajo, estamos “En busca del tiempo perdido”, en la búsqueda del exacto hito inicial cuando, como lo dijera el argentino y universal Jorge Luis Borges: “En el Oriente se encendió esta guerra/cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra”.

El poeta, en su insuperable trabajo, de inmediato agrega: “Como el otro, este juego es infinito”. Como el otro, claro, como el juego del amor (en definitiva, el de la 2 vida). De ahí la importancia en desentrañar la fuente primera del ajedrez ya que se trata de un auténtico Big Bang que encarna un misterio fundacional que resulta necesario intentar de atrapar. Desde antaño mucho se ha investigado sobre esta cuestión.

El ajedrez, en tanto juego de tablero, es a la vez símbolo, mito y rito, motivos más que suficientes, por su conexión con valores tan profundos de la Humanidad, para pretender conocer su génesis. En los últimos tiempos, a la vez de haberse obtenido nuevas evidencias a viejas hipótesis, se plantearon otras posibles explicaciones que podrían ser consideradas incluso como novedosas. En este documento se procurará hacer una revisión integral de todas ellas, con especial atención en las teorías más relevantes; y se mencionarán otras que, o han sido ya virtualmente abandonadas, o corresponden a especulaciones no basadas en la ciencia o la historia, sino que reportan al campo de los mitos, leyendas o relatos de índole literaria.

A manera de epílogo, tras listarse lo que sabemos, lo que suponemos y lo que ignoramos sobre esta cuestión, considerando el estado de arte de las investigaciones en la materia, apoyándonos en argumentos veraces y descartando los que resultan falsos, se instará a la construcción de una visión holística (¿una teoría del todo?) en aras de explicar el origen del ajedrez. Es que, si se profundiza en una línea en la que se abandonen los prejuicios y las visiones sesgadas, contemplándose sólo las constataciones basadas en evidencias científicas, se estará muy probablemente en condiciones de erigir una unívoca explicación que confluya en un tronco común.

Creemos que es posible alcanzar ese objetivo aunque, lo sabemos, hay un ancho espacio aún por recorrer. Quizás no estemos tan lejos. Cuando resolvamos este intríngulis podremos decir, como Proust bautizó al último de los volúmenes de su magna novela, que estaremos en presencia de “El tiempo recobrado”, momento en el que terminemos por descubrir cómo, cuándo y dónde el ajedrez apareció. Juego proverbial en el que, al menos así lo cree el hombre, la voluntad puede imponerse al destino.

Sin consenso sobre los orígenes del ajedrez

Se han trazado numerosas teorías respecto de la génesis del ajedrez. Varias de ellas tuvieron sólo la fuerza de la leyenda o del mito; o la belleza de la imaginación literaria, la que muchas veces estuvo asociada a la poesía.

En los mitos fundacionales generalmente el juego surge como representación modélica de batallas en las que los adversarios intentan dirimir supremacías. Así será por ejemplo en la leyenda que indica que fue inventado por la esposa del rey de los asuras, Rāvana, con la idea de distraer a su marido con una imagen bélica, menos comprometida que los combates sangrientos reales, en tiempos en los que su reino era asediado por el dios Rama.

En igual sentido existe otro relato originado en la India respecto de que el juego fue concebido representando un enfrentamiento armado entre las huestes de Talkhand y Gav, buscando a la vez el consuelo de Paritchea, la reina que era madre de ambos, quien estaba muy afectada no sólo por esa lucha entre hermanos sino aún más por la muerte de uno de ellos.

Esta especificidad en términos de confrontación fue destacada por el orientalista austriaco Fray Paulino de San Bartolomé quien, en el siglo XVIII, señaló que en la cultura india “Los brahmanes enseñan a la juventud la ciencia de la guerra por medio de juegos”. Por su parte, en la tradición china, concordantemente, se señala que el juego fue creado a imagen de una importante acción bélica que enfrentó a dos reinos, preámbulo de la constitución de un nuevo imperio a partir de la asunción de la dinastía Han en tiempos precristianos. A los relatos épicos, que sólo exigen belleza en su enunciado, se les contraponen los rigurosos análisis de índole científica con base histórica, a partir de los cuales se pueden construir hipótesis que resulten del más alto grado de verosimilitud posible. Por lo que sólo éstas requieren la fuerza de las evidencias y de la demostración. Las otras, quedarán en el campo de lo persuasivamente mágico.

Algunas teorías, como aquellas que sostienen una fuente original egipcia o griega, tuvieron momentáneamente cierto vigor, para luego perder fuerza explicativa por lo que, podría decirse, pasaron del plano de la historicidad al del mito. En cambio, la que pone el acento en la India, si bien en algunos casos se apoyó en epopeyas o leyendas, terminó por decantar como 4 históricamente muy real, permaneciendo con energía desde el momento de su propia enunciación, aunque ha perdido su aura de paradigma exclusivo.

Es que han surgido enfoques alternativos poderosos que apuntan a un origen chino o incluso a la posibilidad de que el juego hubiera sido producto de un proceso de sincretismo con aportes multiculturales. Al revisar las posturas de quienes sostienen cada una de ellas, es posible advertir una cuestión que resulta humanamente comprensible: la generación de lo que podríamos considerar problemas de sesgo.

Se aprecia en muchos casos que los respectivos investigadores, al adscribir explícita o implícitamente (tal vez a priori) a una postura dada, suelen magnificar acríticamente los factores que les resultan propicios, ignorando o minimizando la relevancia de aquellos otros que puedan resultar contradictorios o conflictivos a sus propias ideas. Además terminan por ignorar explicaciones alternativas que, en muchos casos, pueden aportar elementos que permitan, integrando las evidencias comprobadas de cada posición, la construcción de una hipótesis más amplia y unívoca. A lo largo de este trabajo se procurará especialmente recrear, con la mayor objetividad posible, cuáles son las principales tesis vigentes sobre el origen del ajedrez, señalando sus debilidades y fortalezas. Más que adscribir a una postura específica, sin preconceptos, se analizará cada una de ellas tomando los elementos que resulten factibles y desechando los improbables, con el propósito de establecer un inventario compartido.

Se parte de un supuesto implícito: aún no está dicha la última palabra sobre la cuestión, por lo que se reconoce que hay un vasto camino por explorar en esta búsqueda de la verdad. Tal vez se podría llegar a imaginar que es posible que nunca se logre saber a ciencia cierta (salvo que se habiliten en algún momento los viajes a través del tiempo) cuál fue ese mágico momento en el que el ajedrez apareció sobre la Tierra. En cualquier caso, en la riqueza de la diversidad de hipótesis planteadas, advertimos un hecho incontrastable: el ajedrez es un objeto de estudio del máximo interés; por lo que está muy lejos de resultarnos indiferente.

Punto inicial de acuerdo: Un proto-ajedrez(1) ingresa a Bagdad desde la India en el siglo VI de la era Cristiana

“El ajedrez en rigor ingresó a Persia por la ciudad de Ctesifonte, y no por Bagdad, como se asegura habitualmente en fuentes occidentales (las que sirvieron de fuente del texto de mi autoría) que se basaron a su vez principalmente en la traducción del colosal texto de Ferdousí  

En la evolución del conocimiento, el primer hito indudable se da con el ingreso a Bagdad en el siglo VI después de Cristo de un proto-ajedrez procedente de un reino indio.2 A partir de ese momento se ha determinado, con bastante precisión, cuál ha sido la progresiva secuencia de difusión del juego hasta su definitiva universalización tras un sucesivo proceso de metamorfosis que lo llevó a su actual identidad.

Cuando los musulmanes un poco más tarde, en el segundo cuarto del siglo VII, conquistan los territorios del imperio sasánida, toman para sí el juego y, con ligeras modificaciones, en particular procurando que el diseño de los trebejos no tuvieran imágenes para no contradecir la prohibición del Corán, serán quienes principalmente (pero no los únicos) habrán de introducirlo en Europa siempre en el transcurso de ese largo periodo que fue la Edad Media. Será en ese continente en donde, tras un proceso de incorporación, transformación y sistematización, irá mutando hasta adquirir su moderna y definitiva forma, particularmente a partir de la contribución de la escuela valenciana que introduce los movimientos ampliados del alfil y de la dama, pieza ésta que es un aporte occidental en reemplazo del exótico visir, con lo que se dará la especial circunstancia de que una figura femenina, por vez primera, hace su aparición en el juego, revolucionándolo, tanto en su formato cuanto en su contenido.

El vector de transmisión ulterior del ajedrez, desde el momento en el que se verificó su ingreso a Bagdad a manos de una comitiva india, se puede rastrear con absoluta claridad. Lo propio sucede aún si nos situamos en la otra teoría predominante, la que pone como fuente primordial a un modelo originado en China. Lo que sucede es que, bajo este último

1 El ajedrez tal como hoy lo conocemos es un producto evolutivo. Cuando se hace referencia a tiempos pioneros, lo más correcto es hablar de que en cada caso se está en presencia de un prototipo de ajedrez o proto-ajedrez. Tales son los casos del chaturanga o del xiang-qi, entre otros, de los que se hablará puntualmente en el curso de este documento.

2 Sobre este punto los relatos coinciden casi absolutamente. Salvo la duda planteada por los italianos Gianfelice Ferlito y Alessandro Sanvito quienes, tal vez por problemas de homonimia, en vez de reconocer que ese episodio se dio durante el reinado de Cosroes I (531-579), como es ampliamente aceptado, dan como alternativa que ello hubiera acontecido en vigencia del mandato de su nieto, Cosroes II (591-628). Fuente: Origins of Chess – Protochess, 400 B.C. to 400 A.D., Ferlito & Sanvito, en The Pergamon Chess Monthly September 1990 Volume 55 No. 6, en http://history.chess.free.fr/papers/FerlitoSanvito%201990.pdf.

supuesto, se entiende que en todo caso ese juego se expandió hacia el este y el oeste, incluida la India, por lo que su canal de propagación termina convergiendo con el que tuvo como eje la secuencia conocida, esa que va desde este último territorio hasta Persia.

En ambos casos geográficamente estamos en el curso de la ruta de la seda en la cual no sólo mercancías se trasportaban; también lo hacían, desde luego, personas y, con ellas, elementos de la cultura de los viajeros, entre los que se incluían sus principales pasatiempos.

Los juegos de tablero, en ese contexto, eran útiles como elementos de distracción y tenían una característica que favorecía su inclusión en las caravanas: por su tamaño eran fácilmente manipulables.

Establecido con precisión este entorno temporal (siglo sexto de la era cristiana) y espacial (el ingreso desde la India a Bagdad), queda aún por discernir qué aconteció antes con el magno juego. Accedemos, pues, en el ámbito de las conjeturas; las certezas quedan de lado; las controversias aparecen, y coexisten diversas miradas.

Por lo que tendremos que dirigir los esfuerzos de investigación remontándonos en la cronología, ampliando el campo de análisis hacia todos los confines, de forma de aproximarnos a la determinación del mítico momento fundacional en el que surgió el ajedrez.

Origen Persa del ajedrez: Hipótesis descartada conforme a elementos de su propia cultura

Resulta del todo comprensible que las teorías sobre una paternidad específica del ajedrez provengan de fuentes directas de cada cultura, más allá del origen de los autores que eventualmente la sostengan.3 En ese proceso de determinación se apela, fundamentalmente, a las crónicas contenidas en relatos muchas veces épicos y, cuando es posible, a la datación de los hallazgos físicos producto de excavaciones arqueológicas.

En el caso de la primacía indiana es notable que las crónicas más conclusivas no correspondan a su propia literatura, sino que provienen de fuentes persas. En una ruptura de los consabidos nacionalismos, expresiones de este último origen son primordiales para reconocer que el juego les era exótico. Al decir que el juego ingresó desde la India, los

3 Será por caso un autor español (catalán) quien sostendrá con mayor fortaleza la idea sobre un origen egipcio del juego. A estudiosos ingleses, por su parte, se les deberá primordialmente el desarrollo de la tesis sobre una génesis indiana

persas admiten implícitamente que no eran sus inventores.

Por lo que las miradas en principio se deben dirigir a la vecina nación. Ello se sustenta en concordantes relatos escritos que han sido admitidos por el conjunto de los historiadores en el asunto por lo que, si bien por razones epistemológicas no nos atrevemos a considerar que estamos en presencia de una verdad absoluta, al menos se le acerca lo suficiente.4 Por manuscritos tempranos5 en idioma pahlavi (persa medio), 6 y otras obras muy influyentes de la literatura de Medio Oriente 7 de fines del primer milenio, tales los casos de Las praderas de oro y las minas de gemas del árabe Al Masudi (896-956) y Shāhnāma (El Libro de los reyes) del persa Ferdousí (935-1020), sabemos que un proto-ajedrez, se cree que el chaturanga (catur-aṅga, चतुरङ्ग en sánscrito), ingresa a Bagdad en el siglo VI después de Cristo desde una comarca del nordeste, como parte de los preciosos regalos que le envía un rajá indio que deseaba congraciarse con Cosroes I, el poderoso Rey de reyes, quien era debidamente asistido por el sabio Bozorgmehr (Wuzurgmihr). Si los persas, entonces, no pueden ser considerados los padres del ajedrez, conforme lo que se revela en su propia historiografía, en cambio habrán de tener un decisivo rol como agente de difusión. Al comienzo se

4 Cuando se procede a consultar el trabajo de los diversos especialistas que se ocupan del origen del ajedrez, es habitual notar que una cuestión, incluso una que parece más evidente, puede ser objeto de una mirada alternativa. Por esta razón, trataremos, a lo largo de este trabajo, de no hablar de verdades absolutas o unánimes, adscribiendo a la línea del epistemólogo alemán Karl Popper, para quien toda teoría puede ser considerada sólo como corroborada momentáneamente, pero no reputada de absolutamente verdadera debido a que siempre puede ser refutada a partir de la aparición de un contraejemplo.

5 Varios autores trataron el asunto, entre ellos el iraní Touraj Daryaee. Se considera como el más antiguo manuscrito persa en donde se habla del juego, a Vizārišn ī catrang ud nihišn ī nēvardašēr (La explicación del ajedrez y la invención del backgammon); su datación no ha sido determinada con precisión, aunque no sería posterior al S. IX. En http://www.rahamasha.net/uploads/2/3/2/8/2328777/vc.pdf. También de la cultura persa, y siempre con cierta indeterminación en cuanto al momento de su respectiva escritura, hay otras referencias en Xusrō ud Rēdag (La página de Cosroes), Kārnāmag ī Ardaxšīr ī Pābagān (El libro de las andanzas de Ardashir el hijo de Babag) y Ēvēnnāmag (Libro de Modales). En todos ellos se reconoce la paternidad indiana del juego. En http://www.sasanika.org/wp-content/uploads/Backgammon-2.pdf.

6 Era la lengua oficial durante la dinastía sasánida (siglos III a VII d.C.) y en la liturgia del zoroastrismo que extendió su influencia a siglos posteriores, por lo que los manuscritos en ese idioma deben corresponder a ese aproximado periodo temporal.

7 En este caso, y a lo largo de este documento, cuando hablamos del Oriente, no debemos dejar de enfatizar que esta caracterización depende de un punto de vista geográfico específico desde el que se realiza la mirada (la de un mundo que se asume a sí mismo como occidental). Esto, que es válido en principio para enfatizar una localización espacial (que sin duda no tiene en cuenta la redondez del planeta), tiene implicancias aún más relevantes en otros sentidos, ya que comportan una perspectiva intelectual, filosófica e incluso metafísica que, por definición, está alejada de una cultura que, entonces, debería ser definida como oriental.

apropiarán del juego bajo el nombre de čatrang (چترنگ en persa medio), a partir del cual emergió el árabe šatranj (شطرنج en árabe),8 modalidad con la que más tarde sería divulgado hasta que, después de su experiencia de respectiva metamorfosis, arribe a su formato que será definitivo bajo la forma del ajedrez (europeo) occidental.

Pese a estas claras evidencias de los persas considerando que el juego era de procedencia india,9 el investigador Nathaniel Bland10 en el siglo XIX sostiene que la paternidad le pudo haber correspondido a la nación a la cual pertenecía. Al analizar un manuscrito anónimo, que no está datado (tendría al menos cinco siglos de antigüedad y consta de… ¡sesenta y cuatro folios!), afirma que el ajedrez se inventó en Persia, pasando a la India para luego regresar en una abreviada y “moderna” forma.

Se hace referencia a dos clases de juego, el convencional y el denominado shatranj Kamil o ajedrez perfecto (conocido más tarde como de Tamerlán o Timur), una versión ampliada que se disputa en un tablero de 112 casillas y con la presencia de 56 piezas. El primero sería el persa, al que Bland considera original; el segundo es el que devolverían luego los indios (supuestamente cuando el reinado de Cosroes I).

Imagen de una partida del ajedrez en la cultura persa correspondiente a un manuscrito del siglo XIV
Imagen de una partida del ajedrez en la cultura persa correspondiente a un manuscrito del siglo XIV

8 Esas sucesivas denominaciones (también chatrang y shatranj, respectivamente), conforme análisis filológicos y lexicográficos, aparecieron a partir de adaptaciones fonéticas en los mundos persa y árabe, del nombre del juego que recibieron de la India: chaturanga.

9 Incluso Brunet y Bellet se ha permitido especular que el juego pudo haber ingresado a Persia desde el Imperio Bizantino y no desde la India. Lo más lógico sería lo contrario, como apunta el inglés Duncan Forbes al comentar que Cosroes II, nieto del rey de igual nombre, cuando fue depuesto del trono, se refugió en la corte del emperador Mauricio con sede en Constantinopla. Lo cierto es que ambas culturas estaban muy imbricadas.

10 Se puede acceder al trabajo de Bland en https://archive.org/details/jstor-25228633http:// https://archive.org/details/jstor-25228633.

Se le atribuye la invención de ese ajedrez completo a un sabio llamado Hakim, 11 planteándose historias diferentes de cómo el juego es reducido en la India, lo que hará otro consejero, el famoso Sissa (o Sassa, hijo de Dáhir) quien, en una tradición que ha llegado con fuerza hasta nuestros días, pedirá como recompensa por su invención granos de cereal.

El concepto que se tenía del juego era muy elevado, al considerárselo: “…alimento de la mente, consuelo del espíritu, pulidor de la inteligencia, brillo solar del entendimiento, el que ha sido preferido por su filósofo inventor, por encima de todos las otros medios con los que se puede acceder a la sabiduría”. Un punto interesante es la connotación religiosa que se le asigna, ya que: “…el tablero representa a los Cielos, en cuyos escaques están las Casas Celestiales y las Piezas Estrellas…”. Bland, en apoyo de su tesis, señaló un hecho muy interesante: los nombres de las piezas asignadas por los persas permanecen, con ligeras corrupciones lingüísticas, en otras culturas, después de las etapas sucesivas que tuvieron en su evolución. Por el contrario, los que originalmente tuvieron en la India, han sido definitivamente olvidados y ni siquiera subsisten en el propio subcontinente. 12 Otro elemento que se ha utilizado de forma independiente para enfatizar una supuesta primacía persa es de naturaleza geográfica.

Se ha argumentado que, cuando sus escribas en la antigüedad hablaron de un reino hindú, en el contexto de las fronteras que han sido tan móviles, tal vez las caravanas que trajeron el juego desde el este podrían provenir de un territorio que no era la India, que correspondía a una provincia del propio imperio persa (en Juzestán). El investigador español Ricardo Calvo, 13 por su parte, insiste en la posibilidad de un eventual origen iranio, para lo que se apoya en varios argumentos, fundamentalmente en que las primeras menciones escritas son persas, y no indias, y en el hecho de que no hay hallazgos arqueológicos de piezas de esta última procedencia aunque sí existen correspondiendo a Persia.

Pese a lo expuesto, terminará admitiendo que el chaturanga es un proto-ajedrez que, por ende, es previo al čatrang. Y de eso precisamente se trata:

11 Debe hacerse notar que, en la religión musulmana, uno de los nombres de Alá es precisamente Al-Ḥakīm (الحكيم ,( o sea “El Más Sabio, El Más Juicioso”.

12 Se exceptúa el caso de la denominación de la torre: rat´h/rot´h en sánscrito, expresión algo emparentada con el rook del inglés que seguramente deriva del rochus del latín.

13 Fuente: On the origin of chess – Some facts to think about, Ricardo Calvo, Madrid, 1996, en http://www.cais-soas.com/CAIS/Sport/chess_calvo.htm.

de ubicar el juego que, siendo parte del ciclo de difusión cultural, sea uno que hubiera aparecido en época previa.

Este planteo, así como en general la problemática que abordamos, connota una importante cuestión: ¿qué se puede considerar ajedrez o en todo caso proto-ajedrez y qué no? Al respecto se han diseñado a lo largo del tiempo algunas posibles interpretaciones.

Sin ser exhaustivos, podríamos asumir que deben verificarse al menos las siguientes situaciones para considerar a un juego determinado dentro de esta taxonomía: 1) Que se dispute sobre un tablero de 64 escaques; 2) Que existan 32 piezas a disposición de los jugadores (sin importar el número de estos, pueden ser 2 o 4, lo que permite considerar al chaturanga de cuatro jugadores y al chaturaji; 3) Que las piezas tengan formas de movimiento diferenciadas (con lo que tienen diversas jerarquías), y 4) Que una de ellas (sin especificarse su denominación, puede ser el rey o el general) se procure dominar, atacándola sin escapatoria posible (y, con ello, dar por finalizada la partida). En estas condiciones no sería un protoajedrez el ajedrez de Kamil o Tamerlán ya que no cubre las dos primeras condiciones

Imagen de un ajedrez de origen persa evolucionado a su forma árabe (shatranj) correspondiente al siglo XII exhibido en el New York Metropolitan Museum of Art
Imagen de un ajedrez de origen persa evolucionado a su forma árabe (shatranj) correspondiente al siglo XII exhibido en el New York Metropolitan Museum of Art

Volviendo a la línea argumentativa que intenta colocar la cultura persa en el comienzo del segmento de tiempo en el que se ha desarrollado el ajedrez, se puede asegurar que es muy limitada ya que, además de no tener suficiente fuerza explicativa, tampoco llega a afectar a las otras teorías poderosas que se han sostenido, con base en India o China o en el contexto de un sincretismo cultural, todas con evidencias empíricas 11 mucho más sólidas y de datación muy anterior respecto de las ofrecidas en el caso de los iranios.

Ello no obsta a que la comarca persa constituyera un punto central para el ajedrez en su proceso de difusión y evolución: es un hito en el camino, uno intermedio, muy importante por cierto,14 pero no el fundacional.

De lo que los iranios pueden en cambio sentirse especialmente orgullosos, es del hecho de que desde sus antiguos dominios surgió el nard, 15 un juego que es antecedente directo del backgammon el cual, por su diseño, tiene componentes que resultan mucho más representativos de su cultura. Es que refleja con gran precisión el concepto cosmogónico dualista del zoroastrismo, religión que había surgido hacia el siglo VI antes de Cristo y que era la predominante en el país. Zoroastro estableció un principio divino del bien, Ormuz o Ahura Mazda, y otro del mal, encarnado por Ahrimán.

El espacio en que se lo practica, simboliza la Tierra sagrada, las piezas blancas y negras del nard representan los días y las noches, los dados remiten a la revolución de los planetas (son siete, es decir la suma de los lados opuestos de los cubos), los doce campos del tablero aluden a los signos zodiacales, los movimientos de las fichas remiten al nacimiento y, en su evolución, responden a las etapas de crecimiento en la vida hasta la muerte (dada en el momento de su captura); y su reintroducción denota la posibilidad de resurrección.

Por otra parte, desde un punto de vista político e histórico, este antiguo juego persa está asociado, desde su propia denominación, nardshir, a Ardashir, al fundador de la dinastía sasánida, lo que ocurrió en el siglo III de la era cristiana. Se ha especulado que, de haber ingresado desde India el chaturanga en la modalidad de juego de a cuatro jugadores, en todo caso los persas inmediatamente lo hubieran simplificado a dos, para reflejar adecuadamente una férrea lucha dilemática.

14 Se entiende que fue por influencia persa que el juego habrá de ingresar en los territorios de la actual Rusia y, desde allí, se difundirá hacia el norte y oeste de ese gran país. Ya también dijimos que fue desde Bagdad que el juego habría partido rumbo a Bizancio por lo que, en este caso desde el este, ingresará a Europa. Con todo lo más relevante es que los árabes lo recibirán directamente de los persas y lo llevarán junto a ellos por los territorios que ocuparán en su proceso de expansión por tres continentes.

15 Es muy probable que este juego persa sea una derivación más o menos directa del Juego Real de Ur que habría aparecido hacia el año 3.000 antes de Cristo.

El ajedrez que venía de la India, entonces, en su carácter de imagen de guerra que remite consecuentemente a planos terrenales, no hubiera sido el mejor exponente de los valores metafísicos que imperaron en la sociedad persa durante tantos siglos de esplendor, esos que el nard representaba más cabalmente.

RESEÑA CURRICULAR

Sergio Ernesto Negri nació en la ciudad de Buenos Aires el 19 de noviembre (Día del Ajedrez) de 1959, ciudad en donde reside.

En su carácter de ajedrecista, fue semifinalista del campeonato nacional absoluto en 1978 y subcampeón juvenil argentino en 1976, antes de retirarse de la competencia formal lo que hizo en forma temprana.

Es maestro FIDE, habiendo sido su ELO máximo los 2.349 puntos.

Registra triunfos ante destacados jugadores del medio local, varios de ellos con títulos de GM, habiendo vencido en sesión de simultáneas al ex campeón mundial Vasili Smyslov.

Sus maestros del juego fueron Julio Bolbochán y Julio Mazzoleni.

En su etapa de adultez, se ha especializado en investigar el vínculo del ajedrez con la historia y la cultura.

Ha publicado sendos libros, en carácter de coautor con Enrique Arguiñariz,  titulados La generación pionera, 1924-1939, y La generación plateada, 1950-1976, primer y segundo tomo de Historia del Ajedrez Olímpico Argentino, Senado de la Nación, 2012 y 2017.

Sergio Ernesto Negri
Sergio Ernesto Negri

Dentro de la misma colección se hallan en estado de preparación otros dos volúmenes denominados La era del estaño, 1978-2008 y La era de la mujer –  Ajedrecistas, olímpicas y argentinas.

Por su parte, en la actualidad está finalizando la escritura de un texto de su autoría sobre la relación de Borges con el ajedrez.

Varios de sus trabajos de investigación fueron publicados en diversos medios del país y del exterior, como ser en el diario argentino Página 12, en la revista electrónica Nuestro Círculo de la ciudad de Buenos Aires; en los sitios de ChessBase (en castellano e inglés), Ajedrez 12, Ajedrez con Maestros y el del ICIMISS (Instituto de Investigaciones de Políticas y Proyectos Públicos del Círculo de Ministros, Secretarios y Subsecretarios del Poder Ejecutivo nacional), y por la agencia de noticias Europa Press. 

Fue expositor en el marco de la actividad organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en homenaje al escritor Borges en el 2016, la que se realizó en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. 

También participó del video producido en 2016 por Ajedrecear, denominado El flanco dama, en el que se planteó el caso del ajedrez femenino.

En su carácter de investigador, fue asesor de la Muestra sobre Ajedrez, Historia y Cultura denominada Movimientos en blanco y negro que se desarrolló en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno entre los años 2017 y 2018, habiendo producido sendos trabajos escritos (uno compartido con Juan Sebastián Morgado) los que fueron incluidos en el respectivo Catálogo.

De su producción  se destaca el estudio practicado sobre los orígenes del ajedrez, denominado En busca del tiempo perdido; otro en el que se hace referencia a la casuística de los jugadores de ajedrez que sufrieron las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, denominado Inventario del horror, y un tercero que se titula Reyes sin corona, en el que se establece una taxonomía de todos los jugadores que, a lo largo de la historia, podían ser considerados como campeones mundiales no reconocidos.

Siempre desde una perspectiva histórica, es coautor junto a Morgado de un artículo sobre la designación de Buenos Aires como sede provisoria de la FIDE, que tiene por título El Congreso de la FIDE de 1939, borrado de la historia oficial.

De su producción relacionada a la relación del ajedrez con la cultura, tiene desarrollos con referencia a los siguientes escritores:

a) Los argentinos Borges; Capdevila; Cortázar; Eloy Martínez; Fernández Moreno; Laiseca; Lugones; Magnus (una reseña sobre uno de sus libros producida en conjunto con Morgado); Martínez Estrada; Payró; Piglia; Puig y Rivera

b) Los latinoamericanos Arreola; Carpentier; Fuentes y Skármeta

c) Los norteamericanos Franklin y Poe, y

d) Los europeos Apollinaire; Beckett; Bocaccio; Canetti; Carroll; Clarke; Cervantes; Diderot; Dostoyevsky; Leibniz; Lope de Vega; Nabókov; Saint-Exupéry; Stoker; Tzara; Unamuno; Yourcenar y Zweig

Actualmente está preparando un trabajo sobre el vínculo de Leonardo da Vinci y el ajedrez.

Incursionó asimismo en la temática vinculada a los momentos en los que el ajedrez, en la realidad y en la ficción, hizo su estado de presencia en el espacio exterior, el que lleva por título Ajedrez fuera de órbita.

Desde el punto de vista profesional es Contador Público egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1983; egresado del Primer Programa de Formación de Administradores Gubernamentales en 1987; del Curso de Alta Dirección Pública organizado por el INAP de España y la COPRE de Venezuela en 1988 (realizado en Caracas, Buenos Aires y Madrid) y del Programa de Formación para Responsables de Áreas Educativas organizado por la UNESCO y la Fundación Columbus en 1996 (realizado en París, Lisboa y Ginebra).

Es  integrante del Cuerpo de Administradores Gubernamentales de la Secretaría de Gobierno de Modernización de la Jefatura de Gabinete de Ministros, desde el año 1988, con desempeño principal a lo largo de su trayectoria en áreas vinculadas a las problemáticas sociales, educativas y culturales.

Ejerció responsabilidades ejecutivas como Subsecretario de Coordinación Técnica y Administrativa de los Ministerios de Educación de la provincia de Santa Fe y del Gobierno Nacional; Subsecretario de Logística del Ministerio de Salud de Santa Fe y Director General de Capacitación del Instituto Nacional de la Administración Pública.

Fue Presidente de la Asociación de Administradores Gubernamentales; editor responsable de varios números de la Revista Aportes; docente universitario; integrante del Comité de Notables de la carrera de Administradores Provinciales de Santa Fe; Jurado de diversos concursos para cargos superiores de la administración pública nacional y de la provincia de Santa Fe; miembro fundador del Consejo Nacional de Capacitación: miembro de la delegación argentina de Mensa Internacional y consultor del BID en un proyecto sobre la educación superior en la República Oriental del Uruguay.

Actualmente se desempeña como asesor en el Senado de la Nación. 

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